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domingo, 4 de marzo de 2018

Viajes.

Nos ofrecen recoger multitud de maletas que, abandonadas en la consigna del aeropuerto, llevan más de tres años ahí depositadas y nadie reclama. Algunas de ellas muy pesadas. Otras, contrariamente, livianas, casi sin peso. algunas claramente cuidadas. Otras desvencijadas, no sé si del trato recibido o del tiempo en la consigna. Algunas parecen avisar de grandes hallazgos. Otras, sin embargo, no apunta que al ser abiertas contengan nada importante...

Pero según las vamos cargando en la furgoneta, se me aparecen multitud de historias que encargan dichas maletas. Qué sería del dueño que no volvió a por ella. Qué le ocurriría a aquella muchacha que no recobró su equipaje.
Las maletas no están muertas, inertes... Son la paradoja de un tránsito, de un viaje... de multitud de historias -al menos una por bulto- que van configurando la propia historia de nuestra sociedad. Una maleta, un viaje lleno de ilusiones, deseos, desesperanzas, anhelos... Todo un canto a la relación, a ponerse en marcha y no adocenarse ni aburguesarse...

A las pocas horas, la paradoja contraria. Un viaje truncado. Una lucha, de la migración, que sucumbe por una maldita enfermedad. Una mujer, camerunesa, que fallece en el hospital alejada tantos kilómetros de su familia... Separada de su pareja, a escasos metros, porque el supuesto plan de ayuda humanitaria español, y quienes les trabajan, no posibilitaron que los amores encontrados en el camino pudieran abrazarse en esa recta final.El funeral, expresión de rabia contenida, que celebramos en memoria de Rosmery. Esa es la Resurrección que la muerte injustamente propiciada no tenga la última palabra en nuestro conjunto caminar. Ese es nuestro grito!!
Viajes, maletas, abandonos, ilusiones... todo cabe en nuestra vida... y en un mismo día.

jueves, 22 de enero de 2015

Chinydere

playa del Tarajal
Ha comenzado el año hace ya varios días. Sin embargo hay realidades, de las que estoy muy cerca, que no han sufrido grandes transformaciones. Pareciera que el reloj que marca los segundos de diferencia entre un año y otro, se han quedado petrificados, inmovilizados.
Acaba de llamarme ese ángel de la solidaridad que habita los arrabales de este mundo en Tánger: Helena Maleno.
Está en la celebración del funeral de la muchacha cuyo nombre da título a este desahogo. Esa mujer, desconocida para todos, es una víctima más del tinglado montado en nombre de la democracia por gobiernos títeres del capitalismo inhumano y depredador en que vivimos. Las fronteras han cobrado tal notoriedad que las vallas y el estrecho, y lo que ocurre en ellas, cada vez son más habituales, aunque pudieran volvernos indoloros.
No entiendo de política internacional, poco de la cercana. Lo que sí tengo claro, cada vez más evidente en mi trasiego vital, es que no podemos seguir desafiando la vida de los empobrecidos obstaculizándoles, de mil modos y maneras, la existencia.
Chinydere, como tantos otros asesinados por la voluntad del depredador primer mundo, no puede seguir siendo un "muerto más" en la memoria de quienes pretendemos, desde lo pequeño y doméstico, que ellos: los ninguneados sin nombre y sin historia ocupen nuestro corazón.


En recuerdo de Chinydere y con cariño a Helena

lunes, 9 de junio de 2014

hola, hola... comunicando...

Estuve, este fin de semana pasado, en la preciosa ciudad de Cádiz. Que luz, madre mía...!! y la compañía inmejorable. Vamos que ha sido un fin de semana bueno por el lugar y por la compañía...
La invitación partió de la Union Progresista de Fiscales con el fin de exponer la colección de fotografías "vida en los bordes" y contarles quién habitan dicho poblado de rumanos rom en Madrid. Además tuve el privilegio de acompañar a Helena y Montse que recogieron el premio de dicha entidad al colectivo de apoyo a las personas migrantes "ca-minando fronteras".

En medio de dichas jornadas me asaltó continuamente el sobresalto que produce compartir espacios y formas que no son los nuestros. Ni el lenguaje jurídico, ni los buenos restaurantes... ni si quiera en muchas ocasiones las finas formas o modales son lugares comunes entre ellos y nosotros. Ellos muchas veces embutidos en sus puñetas que son causa o efecto del desconocimiento que pueden tener de la exclusión social. Sólo visto esta como elementos delincuenciales o agresores del sistema sobre quienes tienen que hacer caer "todo el peso de la ley". Y nosotros, desde nuestros ritmos, urgencias y dramas... dificultados para acercarnos al diálogo e intento de hacerles comprender el porqué de muchas formas de funcionar y vivir en la exclusión.

Es evidente la necesidad de interlocutar con toda la sociedad. Sólo el encuentro con los otros, sin más prevención que el intento de ponernos en su lugar, hará posible que vayamos -cada uno desde su espacio y lenguaje- encontrando caminos de encuentro y de luchas comunes para ir alumbrando una sociedad más justa y donde los Derechos Humanos no sean una quimera.

domingo, 13 de febrero de 2011

Lucha y Esperanza, ambas con mayúscula.

Hace más de 20 días que no me acerco a esta ventana. Es verdad que son muchas las ocasiones que tenemos de hablar, comunicar y compartir. Oficio excelente este de la conversación.
Han ocurrido multitud de cosas que, la urgencia de unas y el drama de otras, hace difícil, incluso, muchas veces sacar un tiempo lo suficientemente sereno como para ponerse a dibujar unas pocas palabras de lo que vivimos.
Nos despierta la siesta de domingo la historia de una niñita brasileña de 10 añitos a quienes las autoridades policiales no dejan entrar en España, recogida por sus papas, porque no trae la cantidad suficiente de dinero para mantenerse. La visita del nuevo vicario, a quien agradecemos el gesto de venir a visitarnos recién nombrado. Ninguno, en estos más de treinta años de parroquia, lo había hecho. La película "cenizas al cielo" que nos acerca a una realidad rural maltratada por los intereses económicos de los poderosos y al tesón de alguno quijotes existentes en nuestro entorno que siguen apostando por la utopía y la naturaleza. Y entonces nos sorprende la lucha pacífica. Túnez, luego Egipto... y después sabe dios. La movilización del pueblo es capaz de romper con esas dinámicas conformistas que atemorizan, matan y exilian a quienes pretenden vivir en paz y libertad. Esa libertad que les falta a los 20 indios encerrados, desde hace más de 4 años en Ceuta, y a quienes el gobierno español prometió pasar a la península dándoles papeles para trabajar y vivir en paz y sobre quienes ahora se cierne la posibilidad de expulsión al Punjab, en la India, de donde salieron en una travesía que hace cómoda aquella de Marco Polo. Y esa cárcel es la que queremos evitar al joven Ruben, por quien hemos comenzado una campaña de recogida de firmas solicitando el indulto. Y Antonio que tras más de trece años privado de libertad salió ayer de Navalcatraz (prisión madrileña en Navalcarnero) y ha venido a vivir a casa.
La crisis nos sigue negando el derecho a la vida digna a millones de ciudadanos, los ricos siguen instalados en sus confortables sillones y parece que la ciudadanía estamos anestesiados: entre el miedo y la desconfianza, podría ser el titular.
Como se vera la vida que no para y, sobre todo, que nos ofrece continuamente razones para la lucha y la esperanza. Esa esperanza que esta mañana en nuestra celebración/ reunión/ asamblea festejaremos en el bautizo de una criatura nacida del amor y la ternura.

jueves, 16 de septiembre de 2010

!!!Libre¡¡¡

Más allá de la canción de aquel precoz cantante, es una expresión, la que da título a este escrito, muy habitual en nuestro vocabulario. Es una termino tan utilizado y manido que muchas veces acaba careciendo por competo de sentido.
Sin embargo cuando esta palabra se contextualiza -por ejemplo con la foto-, cuando la grita una persona que ha estado más de treinta años -si, si no me equivoqué- privado de libertad, dicha palabra resuena de una manera especial. Y seguro que habrá de todo. Algunos pensarán que "ha sido poco", otros más condescendientes que "algo habrá hecho", alguno "que barbaridad" y otros "vaya reto".
Y seguramente, esta última expresión es la que en muchos momentos hemos vivido al recibir en nuestra casa a una persona que ha pasado esos años entre rejas. Un verdadero reto ante un futuro complejo y amenazador. Un reto para rescatar todos esos años perdidos en el encierro. Un reto de complicidad y paciencia para desterrar, una vez en libertad, tantas secuelas como ese encierro prolongado ha creado en la persona.
Esas puertas numeradas que dejaran paso a la propia responsabilidad, la toma de decisiones que nos hace crecer, tropezar para aprender. Esas bolsas que atesoran todo lo que en treinta años una persona ha sido capaz de acumular en cualquier cárcel de nuestro estado.
Recobrar la libertad, haber pagado por los errores cometidos en una maltrecha y enganchada juventud, se torna muchas veces toda una heroicidad. Cómo organizarse responsablemente. Cómo asumir la frustración inevitable al comprobar que la sociedad que me encerró y que me dice: "sal", no me acoge, tiene prejuicios, me sigue tratando como a un presidiario. Saber que la juventud no es eterna y que me encuentro fuera de cobertura. Que los amigos que no marcharon tienen su vida construida. Que los hábitos durante años aprehendidos y conservados en la cárcel sólo son impedimentos para vivir el libertad...
Sin embargo esta, la amada libertad, no dejará de ser un sueño anhelado por todo ser racional, con cordura, con responsabilidad.
Haber pasado más de treinta años encerrado pone sobre la mesa del fatídico discurso social el fracaso mismo de la sociedad. Nos convoca a todos, presos, libres y liberados a seguir apostando para que ese sistema cruel, ineficaz y deshumanizado que son las prisiones dejen de tener sentido y apoyo en un futuro inmediato.
Como gritó este hombre de casa: !libre! para poder comenzar a ser persona.
Con él estamos y seguro que, entre todos, lo conseguiremos.

martes, 25 de agosto de 2009

El Rey

No quiero comentar nada acerca de ninguna monarquía, ni tampoco hacer algún trabalenguas sobre la terminología "real" en los escritos bíblicos.
Simplemente quisiera compartir la experiencia vivida ayer ayer lunes en la presentación del nuevo equipo del Real Madrid, en el Santiago Bernabeú, a la que asistí invitado.
Con el amigo que acudí nos hacíamos una reflexión muy concluyente: no hay nada que mueva más que el fútbol. Este, con su liturgia y sus sumos sacerdotes, atraen, convocan y concitan el aplauso de multitudes ingentes de distintas personas. Adultos y pequeños, sabios y legos, ricos y precarios, hombres y mujeres...
De ahí que, reconozcámoslo, se le llame "el rey". Más de ochenta mil voces gritando y jaleando a veinticinco personajes carrera arriba carrera abajo sobre el césped.
Sobre el terreno de juego veintidós jóvenes que entre algunos de ellos, sumados sus ingresos, poseen más recursos económicos que algunos de los países más pobres de la tierra. Jóvenes deportistas de élite que durante estos meses de verano han llenado las paginas de ciertos tabloides mostrándonos su conmiseración con los pobres de lugares remotos del planeta.
Servicios públicos al servicio privado de los mangantes (perdón magnates) de este mundo. Fuerzas de seguridad guardando el sitio donde los cochazos oficiales y otros pudieran aparcar junto al campo, miembros de cruz roja prestos para recoger algún heridillo sobre el césped y barrenderos dejando lustrosa la acerca circundante al templo real: el estadio.
Sensaciones contradictorias, muchas, entre la realidad oscurecida de tantas calles y muchas vidas a nuestro alrededor y la realidad iluminada de esta ceremonia. Vidas ajenas y vidas alejadas. Espacios deportivos, altruistas, culturales y de encuentro o lugares de negocio, explotación y adormecimiento.
En fin, esa fue mi tarde futbolera.

domingo, 12 de julio de 2009

Dolores...!¡

Asistimos, el pasado viernes en Burgos, al juicio contra un joven de 18 años recién cumplidos, acusado de homicidio.
En una noche de copas -alcoholes y hachís declararon- por una mala "mirada", dos grupos de jovenzuelos comienzan una trifulca que acaba con la muerte de uno de ellos que al recibir un puñetazo del encausado cae al suelo con la desgracia de golpear la cabeza contra el empedrado y abrirse -como bien explicó el forense- la caja craneal.
A la vista acudimos amigos de ambos jóvenes: el encausado y el finado.
Los de este último, junto a familiares, con la lógica indignación ante terrible suceso y con un dolor contenido que, ciertamente, se fue escapando en lágrimas incontenibles por la pérdida. Llevaron una pancarta donde ponía "POR EL DERECHO A LA VIDA; IVAN NO TE OLVIDAREMOS". Pancarta que todos sujetaríamos.
También estábamos los que acudimos a acompañar al joven encausado y a sus no menos jóvenes acogedores. Pareja, esta última, verdadera maestra de la solidaridad, la acogida y el cariño.
La escena era realmente dolorosa. De ambas partes. Unos por el amigo y familiar perdido, y otros por el amigo y familiar preso. Una noche que comenzó al alba de la tarde y que acabó bien entrada con una vida.
Evidentemente los papeles podían perfectamente ser los contrarios. El finado siendo encausado y el preso velado. La vida, en ocasiones, proporciona dichas escenas tan atronadoras y tormentosas.
Lo cierto es, una vez más, que el drama -como decía de vuelta una de las madres: el dramón- se ha llevado una vida joven y ha socavado la historia de otro joven que, desgraciadamente, llevaba gran parte de su vida siendo blanco de desgracias e infortunios.
Y por delante el futuro: una familia a quien esperamos se la ayude a cicatrizar la profunda herida de la ausencia de su joven hijo y otro joven, cuya familia no biológica hemos de poner todo nuestro empeño y colaboración para que el final de esa trágica noche no se convierta en lastre perpetuo que imposibilite volver a revivir con dignidad.
En definitiva una conflicto de dolores de difícil conciliación.

miércoles, 8 de julio de 2009

LOS INVISIBLES DE KOLDA

El libro de Pepe Naranjo: "LOS INVISIBLES DE KOLDA. Historias olvidadas de la inmigración clandestina", de Editorial Peninsula, no es un memorial sobre los muertos y la muerte. Si bien es verdad y terca la realidad de la muerte en los actuales procesos migratorios de los pobres, no es menos cierto que este libro nos habla de la vida. Y todos necesitamos tener viva la imagen de quienes marcharon. El libro nos habla de ello: son elocuentes las fotografías de los muertos que sus familiares guardan como retazos inexcusables de una vida que finalizó abruptamente.

Esos gritos de tantas personas, mayoría de jóvenes, que siguen queriendo venir al “paraíso “Yo también me quiero ir” (pg. 28) ha de ser para todos nosotros un constante estar mirando hacia África. No querían ir a España pero se sentían forzados a ello (pg. 59)

Tenemos que volver a refrescar aquel lamento incriminador de Dietrich Bonhoeffer cuando, ante las atrocidades del nazismo en los campos de concentración, se preguntaba ¿porqué callamos? Dónde estábamos nosotros mientras miles de personas estaban muriendo a las puertas de nuestro paraíso soñado (pg. 15)

Este libro nos pone nuevamente sobre la mesa la realidad de la inmigración. En un mundo tan loco como este en que existimos, José Naranjo, nos reta a preguntarnos en qué tipo de civilización vivimos que trata de esta manera a aquellos que llegan hasta la puerta de nuestra casa con el único afán de mejorar su vida, por qué la hospitalidad que nosotros mismos estábamos recibiendo durante aquellos días en Senegal había desaparecido por completo de los valores y de la manera de actuar de los que habitaban nuestro mundo, allá en la lejana Europa, que vista desde África es como una inmensa fortaleza. (Pg. 73)

No podemos obviar que el trato dispensado al otro es la antesala de la dignidad que uno mismo ha de exigir hacia sí. Querían irse y prometían ayudar al pueblo a salir de la miseria, hablaban de un futuro de prosperidad frente a un presente miserable. (pg.63) Esas miserias, en las que coexistimos tranquilamente, no pueden ser obstáculo para que los otros -los otros empobrecidos que no pobres- sigan queriendo salir de sus hambrunas. Eso es, por tanto, no el efecto llamada que continuamente nuestros responsables políticos y empresariales nos arrojan como piedra de escándalo cuando procuramos “hospitalidad”, cuanto el “efecto huida” que se impone ante tanta precariedad en medio de una mundo superabundante y derrochador. Y cuando los pequeños crezcan, alguno tendrá que volver a intentar el viaje hacia Europa. Así ha sido siempre y hasta ahora no se ha descubierto ningún remedio que sacie el ansia de esta gente por salir de su miseria, incluso jugándose la vida una hermano tras otro. (pg.61)

Es Seguro que este trabajo de José y Magec puede colaborar en la reorientación de las actuales políticas europeas en materia de inmigración. Curiosamente, en la diversidad ideológica que todavía conforma la mayoría de la Europa común, los temas relativos a la inmigración y sus flujos migratorios concitan bastante similitud. Estas políticas basadas en la Vigilancia y expulsiones, se está convirtiendo en la única fórmula para combatir la inmigración irregular (pg. 86). Llegando a implementar políticas de “prevención” más que de “derechos” que conculcan años y años de luchas de nuestros antepasados. Como les ocurre a los familiares de estos 160 muertos de Kolda: Estamos muy tristes. (pg. 58).

La existencia de esos Guantánamo europeos: los CIE, con su continuo bloqueo informativo (pg. 74) y las regulaciones legislativas tan represivas con los Derechos Ciudadanos como la directiva de la vergüenza, no podrán conseguir que nuestro estado frontera quebrada en el sur de Europa, deje de ser una puerta entreabierta para el sueño de toda una generación de jóvenes africanos y un lugar de promisión cuyos ecos resuenan en el interior del continente más pobre y desesperado del planeta. (pg. 155).

Cuenta el autor del libro, en su viaje en coche hacia kolda que a partir de ahí, empecé a creer en los milagros (pg. 40). Nosotros no sólo creemos en ellos. Es que los hemos experimentado. Y lo experimentamos al hacer memoria de estos 160 jóvenes ninguneados por la historia, al creer que más allá del titular en algún recóndito medio de comunicación, estas muertes serán fermento de solidaridad y visibilización de este crimen que se está –continuamente- cometiendo con los pobres de la tierra.

Este libro, y así nos lo asegura el autor en la dedicatoria, también alentara a quienes odian y quisieran ver callados a aquellos que ponen voz y rostro a estos clandestinos. Sin embargo, el empeño de José y Magec y tantos que, desde distintos logares y oficios, estamos empeñados en reclamar que cuando los pequeños crezcan, alguno tendrá que volver a intentar el viaje hacia Europa. Así ha sido siempre y hasta ahora no se ha descubierto ningún remedio que sacie el ansia de esta gente por salir de su miseria, incluso jugándose la vida un hermano tras otro. (pg.61)

Por eso, decía al inicio y ya acabo, que este libro no habla de muerte, sino de la vida que se refleja en esas ansias de vivir, porque necesitamos aprender esa cultura africana, porque Donde un europeo diría que ahí no cabe más gente, los africanos se miran con una sonrisa y abren un hueco en el mínimo espacio imaginable. (pg. 68).

Pues lo dicho, amigas y amigos, como canta Silvio Rodríguez al comienzo del libro:

“sé que hay muertos que alumbran los caminos”

lunes, 8 de junio de 2009

Como un campeón ¡!

Hace poco más de 24h. enterramos, en Zamora, a Antero. Casi dos años de convivencia han supuesto unas huellas en nuestra vida considerables.
Como tantos otros, una personas marcada por su larga vida en prisión, que ha sido capaz de reconciliarse con lo mejor de sí mismo. Lógicamente -como quiero suponer nos ocurriría a cualquiera de nosotros con esa historia personal- una historia cargada de dolor, añoranzas y un profundo sentimiento de culpabilidad. Todo esto con una mezcla importante de carácter fuerte e intransigente; que hacía de él -de vez en cuando- un ser realmente difícil. Sin embargo, seguro, no es esto lo que dejará huella en nuestro caminar.
Junto a este fuerte temperamento, anidaba por igual un ser cariñoso, con muchas ganas de agradar, querer y satisfacer.
Y esto, sin lugar a dudas, será la huella que nos quedará.
Cuando convivimos desde lo cotidiano y somos capaces de ir recolocando nuestra propia vida con sus accidentes como si fueran incidentes menores, surge la añoranza. El echar de menos a los seres queridos. Y la memoria, en estos momentos, me lleva irremediablemente a este hombre.
Vino para catorce días -así nos lo pidió la trabajadora social de la cárcel- porque después de tantos años presos, nos decía ella, al menos que muera en una casa. Suerte que esta profesional del trabajo social no acertase: vivió más de 530 días. son cosas curiosas que ocurren en las personas que están presas: cuando son liberadas su vida y su salud, siempre van a mejor ¿?.
Su vida entre nosotros ha estado marcada por un afecto profundo dispensado a quienes hemos ido estando ( y entrando) en su vida. De él hemos recibido cariño, ánimo y fuerzas.
Hay que ver la de momentos de flaqueza que tuvo: cuando volvía de su sesión de diálisis, cuando le fallaban las piernas, cuando iba de cumpleaños sin haber comprado nada, cuando no podía venir a la parroquia por estar muy débil... Pero todas estas contrariedades ha sido capaz de sortearlas con su fina ironía y la valentía de querer seguir viviendo para estar un "tiempo con mis hijos" con quienes no había convivido, nos contaba. Esa fuerza, en ocasiones sostenida por la cachaba y las más fraguada en el reconocimiento de todo lo que se hacía calladamente por él, es la señal inequívoca de que era un buen hombre.
Ya lo decía, esta mañana, el bueno de Tomás: hay gente entre nosotros que mueren como han vivido: ¡¡ como campeones!!
Y así es la vida que vivimos. Fugaz, como el tiempo que dura el arco iris en el firmamento, y profunda, como los colores que se pintan en el cielo cuando la lluvia es atravesada por el tornasol.
Si algo he aprendido con Antero ha sido la necesidad de creer unos en otros. Y esta inmensa Fe es la respuesta a la pregunta del poema de Rilke:
Oh, porque desembocamos en estos lugares,
se apresuran hacia la pequeña superficie
todas las ondas de nuestro corazón,
voluptuosidad y desfallecimiento,
y al fin, ¿a quién ofrecemos todo esto?

lunes, 13 de abril de 2009

Desde Barajas

Me llega carta de un chaval que está en un centro de rehabilitación.
Su vida tiene más parecido a una carretera terciaria llena de curvas y baches que a una linda autopista. Casi todo han sido tropiezo tras tropiezo. Sin medida. Cada caída un golpe más duro. Eso sí, también ha mostrado una capacidad de supervivencia admirable.
Sorprende, en la misiva recibida, la valoración tan estupenda que hace de todos nosotros. Es alentador tanta fogosidad. Y además una responsabilidad que evita encumbramientos.
Sin embargo me estremece pensar en eso que señalaba antes: la cantidad de caídas que estos chavales son capaces de tener por la maldita droga. O más que maldita droga, gran vacío existencial. Eso que estudiábamos en filosofía -y que entonces era inexplicable y aburrido- hoy, en muchas historias de chavales, se evidencia como su gran pobreza. Ante la dificultad, que por otro lado la hay y mucha, la puerta de escape sigue siendo el consumo. Y este, en extremo.
Me asalta la duda de cuándo las personas "tocamos fondo". Hay existencias tan infernales, que pareciera precisamente el fondo el lugar de vida por excelencia.
Pero también es verdad que en ocasiones, como esta que comentamos, la persona es capaz de parar, mirar hacia atrás, ver lo perdido y pretender volver a tomar su vida en sus manos. Y entonces viene el recuerdo de "aquellas cenas", "sois mi familia", "cuando fuimos de excursión...". Momentos que jalonan también una existencia tan descalabrada.
Y llega la sorpresa: cuando parecía que todo estaba perdido, hecho añicos, sin remedio... se impone esa fuerza interior -personal y comunitaria- que posibilita ser capaces de sacar lo mejor de nosotros mismos y ponernos a luchar. Luchar, en primer lugar, contra nosotros mismos para poder luchar contra esas circunstancias que colaboran en el ocaso de dicha vida.
Si en su memoria quedan la "cantidad de besos" que nos ofreciamos, aunque se transiten infiernos inexpugnables, siempre queda la esperanza de asistir a verdaderos milagros en estas vidas tan tortuosas.

miércoles, 1 de abril de 2009

Blanco y Negro

Se queda uno estupefacto a donde ha llegado la "estupidez" humana. O la perversión del sistema, si mirando a la escala de valores actual, emitimos un opinión.
Mi perplejidad mañanera se fija en la noticia que aparece en la foto.
Cuál será la escala de valores existente en muchas de nuestras sociedades para que las mujeres africanas piensen que el color negro no es "atractivo". Porqué lo blanco se ha vinculado generalmente con lo puro y honesto? Hay que ver la de "blanqueo" de dinero existente en manos de ricos que, sin escrúpulos, roban a quienes menos tienen. Mi madre cuando se refería a alguien frívolo, superficial, sin contenido decía: mira la "blanca" flor. Los almendros en flor, blanca y bonita, han de oscurecerse y volverse tosco para que podamos degustar el fruto de la almendra.
En fin, que no acabo de entender las "bondades" absolutas del color blanco.
Pero claro la conquista del capital llega a extremos insospechados. Conquistar, enaltecer y sobreponer el color de una piel sobre otras, seguramente supone muchos ingresos multimillonarios de las empresas de cosméticos y parafarmacias en aras de su propio beneficio.
Cómo entender que la piel blanca predomine sobre la negra, cuando hemos visto y seguimos comprobando la riqueza de colores, sabores y humores que provoca la mezcla e interrelación.
En un mundo tan caótico como este, en el que millones de personas mueren de hambre -500 en cayucos intentando llegar a la cada vez más cerrada Europa- y la expectativas de vida digna cada vez son horizontes más excepcionales, que haya el más mínimo esfuerzo por provocar noticias como esta me parece, como poco, un ridículo espectáculo.
En fin espero que negrazas como Naomi Campbell, Tyra Banks, Arlenis Sosa salgan a la calle a mostrarnos su preciosa piel negra.

viernes, 27 de marzo de 2009

Esa gente noble que anda por ahí...

Acabo de terminar de leer un libro que me ha tenido cautivo estos días. Se trata de “Memorias de un beduino en el Congreso de los Diputados” de José Antonio Labordeta. En él el autor, cantautor de vocación y beduino unos años en el congreso, muestra entresijos de lo que fue, y quizás siga siendo, la vida del lugar donde se organiza mucho de lo que afecta a lo cotidiano de la ciudadanía. Ciertamente me ha reconciliado en algo con los que se autodenominan ¿“los representantes”? del pueblo. Es evidente que desde todos los lugares se puede tener una actitud de colaboración o entorpecimiento en la búsqueda del bien común. Interesante ciertamente el libro.

Y esta posibilidad de preocuparse por los otros, donde estemos, me recuerda el encuentro tenido ayer en la mañana con un grupo de estudiantes –eran todo muchachas jóvenes- del modulo superior de “integración social” en un instituto de Logroño. Nos llamó Luis el profesor, también presente. Hombre inquieto y preocupado por no impartir sólo teoría, cuanto por acercar a ésta y sus alumnas a experiencias vivas. En dicha tertulia aparecía continuamente la preocupación de estas futuras profesionales de lo social acerca de la coincidencia entre lo estudiado y la realidad. Formulaban alguna pregunta sobre el “perfil” de las personas que atendemos y con quienes trabajamos. A quienes ahí estábamos nos resulta siempre difícil responder a la típica pregunta ¿y a qué os dedicáis? No por abundancia de tiempos muertos u ociosos.

Cuando se invierte mucha energía, principalmente, a vivir con los desheredados, la dedicación de la vida se transforma en un “estilo de vida” (como lúcidamente apuntaron las madres). Dedicar tu existencia a hacer posible que otros tengan vida, en abundancia y con dignidad, desborda todo planteamiento teórico sobre los “perfiles”, “expedientes” e “intervenciones”. Creo –bueno más bien espero- que esto fuésemos capaces de transmitírselo con claridad a estas jóvenes estudiantes.

Desde cualquier lugar cabe la solidaridad con los últimos. Otra cosa son las consecuencias de esto. El conocimiento de la realidad nos ha llevado a implicar nuestra vida y, por tanto, a complicarla. Y a pesar de lo duro de algunos momentos, hay que ver la felicidad y el sentido que nos proporciona dicha complicación.

Y también me viene esta mañana al pensamiento Vicente Ferrer. Anciano de una larga existencia complicada en dar vida a los más pobres de la gran India. Su vida, trabajo y testimonio es un acicate serio y esperanzador en este mundo frío y deshumanizado en ocasiones.

Y este otro amigo etíope de adopción. Angel Olaran, que sigue por esas tierras de sequía inundando de esperanza a sus habitantes y mojando con su afecto y ternura a los más pequeños de Wukro (http://www.angelolaran.com/)

Y en estas andamos al comienzo de la primavera. Esperando encontrar a esa gente noble con quienes nos hemos citado en la puerta del congreso para presentar un escrito a su presidente reclamando que se nos “permita ser hospitalarios”, porque “Está en juego la dignidad de quienes decimos vivir en un Estado de Derecho”.

Quería también aprovechar para comentar una cosilla. Al ser este un blogg personal, no voy a publicar comentarios que llegan donde se falta al respeto y se hacen juicios de tono racista.

martes, 24 de marzo de 2009

¿Vivir?


Vivo estos días pendiente del estado de salud de un chaval de casa.

Hay circunstancias que hacen que “lo mejor” pueda no ser lo mejorable, sino su finalización. Cuando la vida se convierte en una losa, la existencia se vuelve pesada. Es más, surge inevitablemente el deseo de morir, de acabar. Curiosamente vivir es morir.

Si la vida ha sido un tortuoso camino de espinos, más allá de cualesquiera responsabilidades personales o estructurales, la felicidad de esta se impone como finalización, como término.

Defender la vida tiene que pasar necesariamente por defender la “vida digna”. Tengo claro que no toda vida es digna. No porque esta no lo merezca –siempre lo puede anhelar-, cuanto porque hay existencias tan cargadas de culpa, dolor y contradicción que empeñarnos en atisbar sentimientos dulces y felices se torna un empeño ciertamente trabajoso.

Siento que la solución no es tampoco sencilla. Cómo procurar ese descanso deseado y necesario. Cómo satisfacer las ganas de poner fin a este “valle de lágrimas”, que cantábamos por estas fechas hace años…

Hay cargas pesadas que dificultan la misma vida. Y no sólo en personas con problemas de salud. Pienso en muchos presos a quienes la ansiada libertad, tras años pasados en cárceles deshumanizadas y por tanto deshumanizante, es más un problema difícil de gestionar que un horizonte atrayente y posibilitador.

Hace tiempo, ante decisiones fundamentales, junto a compañeros y compañeras de camino, descubrí que había situaciones vitales en las que nuestra presencia se limitaba –que no es poco- a “estar”. Hemos aprendido que lo insignemente humano es la calidad de vida, más que la cantidad de esta.

Acompañar la decisión tomada por el otro, más allá de nuestra propia estructura ideológica. Escoltar aquél camino decidido donde la libertad, el descanso y la felicidad fuesen las guías para vivir dignamente.

domingo, 22 de marzo de 2009

Vida y Amor ¿preservado?


… “que tengan vida eterna”… nos dice el evangelio de hoy (Jn 3, 14-21).
Pienso en todos aquellos compañeros y compañeras de viaje a quienes ya hemos despedido/enterrado víctimas del Sida. Esas criaturas que, con muy pocos años, perdieron al papà o a la mamá. Incluso a los dos. Esas vidas que comenzaban su caminar y el virus les pasó una mala jugada. También murieron.
Vaya polvareda han levantado las palabra del Papa. Sin entender de grandes y teóricas elucubraciones morales, me parecen una barbaridad. Sinceramente creo que el Papa ha errado.
Cuantos llantos, cuántos procesos truncados nos hubiéramos ahorrado si el preservativo, o las jeringuillas o… yo que sé, hubieran estado a disposición de las personas que posteriormente se infectaron.
Que tengamos vida eterna es comenzar por evitar el sufrimiento. En África, Asía, Europa y en nuestra propia casa en necesario utilizar preservativos para que la vida no se trunque, para que la primavera no torne en invierno.
Creo en la vida eterna. En esa vida que vamos construyendo aquí en la tierra y que seguramente está plagada de contradicciones, fracasos y tropiezos. Pero
VIDA, sin duda y con mayúscula, que nos remite a lo mejor del ser humano. A esas capacidades que tenemos de sonreír cuando todo parece tiniebla. Que nos permite esperar, cuando todo parece perdido. Que nos asegura disfrutar, y amar, y crear y gozar teniendo la posibilidad de utilizar un simple condón, una jeringuilla o cualquier otro invento que evite dolor, destrucción y lágrimas.