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miércoles, 30 de diciembre de 2020

nuevo año en libertad...

Acabamos el año visitando a distintas personas en diversas cárceles de Madrid. Cuando contemplas, de cerca, lo que a otros les falta, no queda más remedio -por honestidad y con agradecimiento- valorar más, si cabe, lo que uno tiene. Esa de la que tanto hablamos, a quien traemos acá o allá, de quien nos sentimos tutores, aseguradores, posibilitadores…: la LIBERTAD.

Cuando ves de cerca jóvenes que -por distintas razones- están privados de ella, no puedo menos que pararme y pensar si la libertad que les falta no será consecuencia de la libertad que no tuvieron.

Ese joven sirio, primerizo en su entrada en la cárcel, que no asume estar privado de ella. Que no entiende mucho castellano y mal lo habla y no acaba de saber porqué está ahí. Desde los 11 añitos bregando en este mundo por, precisamente, conseguir la libertad -para él y los suyos- y acaba viendo como ésta le es privada. Huyendo de una guerra que se alarga en el tiempo y enfrentado a otra guerra, farmacológica, que le tiene ausente y colabora también en las causas de su privación. Sólo espero que este año que inauguraremos le sea más propicio. Su impotencia, espero equivocarme, le puede llevar a acabar con esta limitación de manera abrupta y sin solución.

Sin embargo, a quien visitamos esta mañana es otra vida rota, pero con una larga experiencia en estas privaciones de libertad. Qué medida del tiempo tendrá alguien que es capaz de decirte “esto ya es pan comido” cuando aún tiene por delante más de 30 meses de privación de libertad, y no pocos años encerrado en distintas cárceles. La pobreza sumada a su adicción le arruinaron la vida. ¿La pasada solamente? ¿qué futuro soñar con un pasado tan mísero y un presente tan fuera de la realidad?. Qué experiencia de encuentro, de límites, de humanización puede tener quien, durante tantos años, lleva conviviendo con autoridades impositivas que no son capaces de acompañar, de corregir, de animar… más allá de poner “partes” de conducta que provocan, vez sobre vez, la cárcel dentro de la cárcel: el aislamiento.

Llegas con la ilusión de visitar a la persona estimada y sales con tal desolación, que el frío de estas mañanas parecía mecerte frente a la sinrazón de estas instituciones totales y cerradas. Lugares donde la norma, las más de las veces, está atravesada por la arbitrariedad del funcionario que la aplica. El cuaderno de notas que ayer se me prohibió introducir “por razones de seguridad”, hoy me acompañó casi hasta la cocina en otra cárcel.
Acabamos el año lleno de temores, sufrimientos y despedidas. No sólo por el maldito Covid. Este se está convirtiendo muchas veces en la excusa institucional para la desidia o el recorte de Derechos. Los hombres y mujeres que sufren no aparecieron el 15 de marzo de 2020. Espero que este 2021, entre todas, seamos capaces de revertir tanto dolor: acogiendo, acompañando, empatizando… y el mundo que habitamos sea un pelín más habitable.
Feliz Año Nuevo!!

lunes, 26 de diciembre de 2016

llegamos tarde

Como los magos de Oriente, llegué tarde. Según el relato de los Evangelios, estos también llegaron tarde.
Perdemos muchas veces la oportunidad de estar en los acontecimientos que dan vida, aunque estos vengan cargados de dolor -como los de la mujer cuando está pariendo- o aunque estos vengan traspasados de desolación, como lo que presencié esta mañana en el poblado del gallinero.
Esa joven pareja que, seguramente, podemos pensar que no tiene ningún sentido que estén ya casados, pero así lo están. Esta joven pareja ayer, noche de navidad, no alumbraron vida pero el fuego sí que les deslumbró su precaria existencia. El fuego acabó con todas sus pertenencias. Estas eran pocas. La vida de los muy pobres es una vida que se tiene que vivir al día. Sin grandes acumulaciones. Ni siquiera en el pequeño chamizo que formaba su chabola, su casa, su posada.
Un fuego devoró todo lo que tenían.
Sin embargo algunos, a esas mismas horas –y no nos lamentamos por ello, sólo lo cuento de manera descriptiva- estábamos con una mesa repleta de vida, de gentes -casi seis nacionalidades-, pero también seguramente de “espacios” que podríamos haber abierto a otros. A unos que quizá no conociéramos, a otros porque no sabíamos sus penurias…
Creo que esta Navidad tiene que ser un empujón para ensanchar nuestras mesas, para disponer un nuevo sitio, como aquella canción que hace años ya cantábamos en las fiestas y celebraciones.
Me contaba esta  joven pareja, en medio de la desolación de haber perdido lo poco que tenían, que “no fue nadie”, excepto los vecinos que comparten su misma miseria.  Eso sí, aparecieron los admirados bomberos. Y señalo esto porque es evidente –de lo contrario tendremos que luchar por ello- que los funcionarios, trabajadores de empresas privadas, oeneges… esa gente de lo social,  no tenía porqué estar ayer. Sin embargo lo que nos duele, lo que azuza más el fuego del desconsuelo es que esos que, lógicamente, estaban con sus familias o donde quisieran poder estar, pero que no estaban anoche en el poblado, tampoco esta mañana y no se les espera mañana porque es fiesta… Esos, luego, con tantísima facilidad criminalizan la vida de los pobres y también –si por algo nos podemos sentir junto a estos- critican la acción solidaria de la ciudadanía.

Hay un artículo muy bueno, hoy mismo, de Luis García Montero: "La caridad es una estafa" . Es una reflexión en voz alta sobre la forma de entender la justicia, la caridad, la solidaridad, lo publico, lo privado… Es verdad que este sistema zozobra, más allá de las personas trabajadoras que tienen todo el derecho –y por él también hemos de luchar- de librar, poder estar con su familia, poder conciliar… Sin embargo anoche, y esta mañana, si nosotros hemos llegado tarde , ellos -¿me recuerdan a aquel Herodes del relato del nacimiento de Jesús?- no aparecieron, no deben saber que la vida ya ha acontecido.
Cuando arribamos hoy, aunque tarde, con el colchón, las sábanas, las mantas, la poca leche que nos quedaba en la parroquia y alguna comida que hemos ido pillando aquí o allá, fruto de esa sociedad solidaria, quien sí estaba junto a esa nueva casa, en esa nueva vida que esta joven pareja debe emprender eran los “pastores”. Esos convecinos -también como aquellos, de mala fama, de quien con tanta facilidad se habla mal, a quien con demasiada frecuencia se pretende expurgar su propia vida- sí que estaban. Los pastores del Evangelio llegaron a tiempo, estuvieron presentes en el intento de hacer renacer de esas cenizas una nueva casa, una nueva chabola, una nueva posada.

Aunque tarde, como los Magos, tenemos muchos cofres que compartir…

sábado, 5 de noviembre de 2016

lo obvio...

Acabamos de salir del cine.
Hemos estado viendo la última película de Ken Loach "YO, DANIEL BLAKE" y, realmente, la sensación es -como apuntaba la señora mayor que tenía junto a mi butaca- de "desolación". Pero una aflicción estremecedora porque será una de esas películas que en la advertencia final dirá: "cualquier parecido con la realidad es pura analogía". Y así ha sido.

Los protagonistas en la ficción eran como un calco de muchos rostros por conocidos, cercanos, concretos..., hombres, mujeres, niños y niñas cuyas vidas tan bien refleja el film. Historias traspasadas de dolor, rabia, creatividad y rebeldía.
La obviedad fundamental estriba en esa última frase que, leída por su amiga, condensa la tragedia de las personas excluidas y empobrecidas: "Yo Daniel Blake soy una persona y reclamo mis derechos". Por eso esta película (existe una realidad) nos requiere, y con urgencia, a toda la ciudadanía: son malos tiempos estos en los que hay que recordar lo evidente: que somos personas, ni clientes, ni pacientes, ni usuarios, ni beneficiarios...

lunes, 9 de junio de 2014

hola, hola... comunicando...

Estuve, este fin de semana pasado, en la preciosa ciudad de Cádiz. Que luz, madre mía...!! y la compañía inmejorable. Vamos que ha sido un fin de semana bueno por el lugar y por la compañía...
La invitación partió de la Union Progresista de Fiscales con el fin de exponer la colección de fotografías "vida en los bordes" y contarles quién habitan dicho poblado de rumanos rom en Madrid. Además tuve el privilegio de acompañar a Helena y Montse que recogieron el premio de dicha entidad al colectivo de apoyo a las personas migrantes "ca-minando fronteras".

En medio de dichas jornadas me asaltó continuamente el sobresalto que produce compartir espacios y formas que no son los nuestros. Ni el lenguaje jurídico, ni los buenos restaurantes... ni si quiera en muchas ocasiones las finas formas o modales son lugares comunes entre ellos y nosotros. Ellos muchas veces embutidos en sus puñetas que son causa o efecto del desconocimiento que pueden tener de la exclusión social. Sólo visto esta como elementos delincuenciales o agresores del sistema sobre quienes tienen que hacer caer "todo el peso de la ley". Y nosotros, desde nuestros ritmos, urgencias y dramas... dificultados para acercarnos al diálogo e intento de hacerles comprender el porqué de muchas formas de funcionar y vivir en la exclusión.

Es evidente la necesidad de interlocutar con toda la sociedad. Sólo el encuentro con los otros, sin más prevención que el intento de ponernos en su lugar, hará posible que vayamos -cada uno desde su espacio y lenguaje- encontrando caminos de encuentro y de luchas comunes para ir alumbrando una sociedad más justa y donde los Derechos Humanos no sean una quimera.

martes, 15 de abril de 2014

brotando...

Hay acciones en las que uno invierte esfuerzo que, con el tiempo, pueden llegar a dar sus frutos. Me refiero al encuentro del pasado viernes, en San Carlos, entre víctimas de ETA y los GAL (Aquí tenéis el video de dicho encuentro).
Peine del Viento
Esta mañana apareció por la parroquia un hombre queriendo hablar de dolor y reconciliación. Es hermano de uno de los trabajadores del despacho laboralista de Atocha asesinados la fría -como este hombre ha reiterado- noche del 24 de enero de 1977 por extremistas de extrema derecha.
Como afirmaba el pasado viernes Asun Lasa, hermana del asesinado Jose Antonio Lasa, y torturada durante una semana por la Guardia civil, ella en este momento "no tiene deseo de venganza y odio".
Este hermano dolorido, pero en estos momentos "con necesidad de reconciliación" como él mismo me decía, busca el encuentro. Siguiendo un símil que escucho hace muchos años a Iñaki Gabilondo, él quiere ser puente más que trinchera. Su experiencia en estos años, incluso con gentes de izquierda, progres y abiertos es que necesitan seguir atrincherados. No son capaces de tender puentes de diálogo que lleve a la reconciliación. Para él -y me siento muy identificado- o buscamos el perdón y la reconciliación o su vida solo supurará odio, violencia y autodestrucción.
Me he quedado impresionado. Cuando escuchamos profecías y llamadas a atrincherarse en posicionamientos ideológicos que pueden verter en conflicto civil, escuchar y sentir el dolor restaurado de este hermano, víctima también, de asesinado es todo un canto a lo que estos días, en la santa semana que nos encontramos, vamos a celebrar.
La memoria de los ajusticiados sólo será vida derramada si quienes venimos detrás somos capaces de sembrar reconciliación, justicia y restauración.