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miércoles, 28 de febrero de 2024

acuerpando a Defensores y Defensoras de Derechos Humanos


Algo que señalaban ayer en el acto, en el teatro del Barrio, “Huella colonial. La Colombia desterrada por las multinacionales españolas” era la necesidad, aquí y allá de hacer cuerpo, de defendernos de todos aquellos ataques y victimarios que, grandes o pequeños, atentan contra la dignidad de las personas y los pueblos.

Se presentó un adelanto sobre la vida de Adil Meléndez, abogado y Defensor de Derechos Humanos. Derechos humanos enraizados en la idiosincrasia y peculiaridades de distintas zonas de Colombia. Vida la de este gran -física y espiritualmente hablando- abogado colombiano.

Su trabajo está traspasado por la violencia que sigue, de manera más callada, viviendo la gente sencilla de las zonas más alejadas del poder y la centralidad de Colombia. Y entre quien detenta esas violencias: la empresa española Aguas de Barcelona. La lucha de Adil y sus vecinas ha hecho que, además de tener que vivir con escolta, sea un referente contra las políticas extractivistas que desolan poblaciones y empobrecen, más aún, a quien esas regiones colombianas habitan.

No sólo escucharle fue un privilegio. Conocer esa realidad que difícilmente se deja asomar en los medios de comunicación españoles, fue una ocasión para que la solidaridad entre pueblos y ciudadanos crezca acuerpándose.


jueves, 28 de julio de 2022

afortunados... verano!!

 

El calor sofocante que estamos padeciendo este último mes (y tenemos acceso a agua, electricidad, ventilador, recursos para consumir en fresquito...) hace que los cansancios parezcan aún mayores. Es como un chaparrón de fatiga que te deja totalmente “pluf”.
Pues en medio de ese panorama “atorrador”, en medio de las sombras del día a día -como el sol por las rendijas de las persianas-, se cuela la alegría, la fiesta, el encuentro, la mesa compartida y la música…. Que afortunados somos…

Estos dos jóvenes han tenido -y no ha finalizado- un proyecto vital aterrador, de esos que queman y cuyo futuro ha quedado dibujado de formas complejas. Sin embargo, en medio de las dificultades -como aquél ave fénix- estos muchachos no pierden la sonrisa, se vuelven a levantar.... Lo poco que tienen son capaces de transformarlo en servicio y simpatía. Entonces todo se multiplica, hasta valores infinitos. 

Acaba el curso, los cansancios hacen mella pero la alegría de que nos dejen compartir nuestras pequeñas vidas con sus vuelos titánicos, hacen que aquellos se difuminen y no acaben con nosotros. 

Muchas gracias a todos y todas.
Muy Feliz Verano.

miércoles, 22 de junio de 2022

lágrimas

 

“nunca olvidarás con quien has llorado”… cantaba hace años Luis Pastor.

Esta mañana, ante un grande, migrante, colombiano y lleno de lágrimas me volvió esta frase del poema “Mar de lágrimas” (que por cierto recomiendo).

Hace poco más de 24 horas celebramos el día por los refugiados. Tengo la sensación -como en tantas otras de estas celebraciones- que un día celebramos mientras nos pasamos los restantes 364 persiguiendo, criminalizando, violentando e ignorando a las personas migrantes y refugiadas.

Al ver a Daniel derrumbado sobre la mesa del despacho, llorando desconsoladamente, angustiado porque no tiene dinero y le echan de la habitación alquilada, cargando en sus espaldas la angustia de saber que su hijo y su madre siguen en Calí amenazados por quienes le forzaban a participar del dinero ganado y fueron la razón de su exilio…
Y a este drama se suma la imposibilidad de solicitar asilo. Cansado de esperar al teléfono de citas que no contesta, sabedor de memoria de la dirección electrónica de citas que no existen….

Tenemos un gobierno de una Europa que funciona como los sátrapas mercenarios económicos de su ciudad natal. Todo prefabricado para que no vengan, que no vivan, que no lleguen… eso sí, el día señalado nos vestimos todos de humanitarios y acogedores y celebramos… pero cuánto nos cuesta preguntarnos por las razones del malestar y denunciar sus causas….

Quizás la mejor celebración sea escuchar, empatizar y llorar con quien llora… lo mismo nos humanizamos…

martes, 11 de enero de 2022

Cuidarnos...

 

Dice Antonio Muñoz Molina, en su libro “Volver a dónde”, que “El mundo de después es una mala copia del mundo de antes”. Comienzo este año con situaciones parecidas al año anterior, y al anterior de ese otro…  La incertidumbre, el empobrecimiento y desconcierto ante lo que ocurre vuelve difícil subir la ventana cada mañana.

Se ha puesto de moda nuevamente el termino “cuidado”. Esta mañana mismo insistía a una persona muy querida que cuide el cuidar. Atrás quedan ya los autocuidados. No por innecesarios, cuanto porque muchas veces fueron una llamada al espejo autocomplaciente o a la dispersión en la preocupación por el otro...

Sin embargo, y deseo que pasen pronto esta olas pandémicas, los cuidados no deben ser sólo un incremento de publicaciones al respecto. Tenemos necesidad -y obligación- de cuidarnos.

Por eso esa foto con la que quiero dar por inaugurado este año. En medio de situaciones terribles, dolorosas o excepcionales que no dejemos de cuidarnos. Que dediquemos tiempo y energías a cuidarnos. A sentarnos con otros y tomar ese té de calor y comunión que tanta falta nos hace.
Si personas que llevan más de una año torturadas por quienes nos gobiernan al haberlas cortado la energía eléctrica en cañada Real, son capaces de ofrecer este cuidado, que menos podemos hacer quien no sufrimos esa ignominia, por problemas gordos que nos aquejen …

Con respeto al escritor, espero que esa afirmación de D. Antonio -este año- la
tronemos
en copia mejorada.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

nuevo año en libertad...

Acabamos el año visitando a distintas personas en diversas cárceles de Madrid. Cuando contemplas, de cerca, lo que a otros les falta, no queda más remedio -por honestidad y con agradecimiento- valorar más, si cabe, lo que uno tiene. Esa de la que tanto hablamos, a quien traemos acá o allá, de quien nos sentimos tutores, aseguradores, posibilitadores…: la LIBERTAD.

Cuando ves de cerca jóvenes que -por distintas razones- están privados de ella, no puedo menos que pararme y pensar si la libertad que les falta no será consecuencia de la libertad que no tuvieron.

Ese joven sirio, primerizo en su entrada en la cárcel, que no asume estar privado de ella. Que no entiende mucho castellano y mal lo habla y no acaba de saber porqué está ahí. Desde los 11 añitos bregando en este mundo por, precisamente, conseguir la libertad -para él y los suyos- y acaba viendo como ésta le es privada. Huyendo de una guerra que se alarga en el tiempo y enfrentado a otra guerra, farmacológica, que le tiene ausente y colabora también en las causas de su privación. Sólo espero que este año que inauguraremos le sea más propicio. Su impotencia, espero equivocarme, le puede llevar a acabar con esta limitación de manera abrupta y sin solución.

Sin embargo, a quien visitamos esta mañana es otra vida rota, pero con una larga experiencia en estas privaciones de libertad. Qué medida del tiempo tendrá alguien que es capaz de decirte “esto ya es pan comido” cuando aún tiene por delante más de 30 meses de privación de libertad, y no pocos años encerrado en distintas cárceles. La pobreza sumada a su adicción le arruinaron la vida. ¿La pasada solamente? ¿qué futuro soñar con un pasado tan mísero y un presente tan fuera de la realidad?. Qué experiencia de encuentro, de límites, de humanización puede tener quien, durante tantos años, lleva conviviendo con autoridades impositivas que no son capaces de acompañar, de corregir, de animar… más allá de poner “partes” de conducta que provocan, vez sobre vez, la cárcel dentro de la cárcel: el aislamiento.

Llegas con la ilusión de visitar a la persona estimada y sales con tal desolación, que el frío de estas mañanas parecía mecerte frente a la sinrazón de estas instituciones totales y cerradas. Lugares donde la norma, las más de las veces, está atravesada por la arbitrariedad del funcionario que la aplica. El cuaderno de notas que ayer se me prohibió introducir “por razones de seguridad”, hoy me acompañó casi hasta la cocina en otra cárcel.
Acabamos el año lleno de temores, sufrimientos y despedidas. No sólo por el maldito Covid. Este se está convirtiendo muchas veces en la excusa institucional para la desidia o el recorte de Derechos. Los hombres y mujeres que sufren no aparecieron el 15 de marzo de 2020. Espero que este 2021, entre todas, seamos capaces de revertir tanto dolor: acogiendo, acompañando, empatizando… y el mundo que habitamos sea un pelín más habitable.
Feliz Año Nuevo!!

miércoles, 1 de julio de 2020

hasta siempre "capitán"


Llevamos tres días a los pies de la cama hospitalaria del “capitán”. A sus 74 años y con una metástasis diagnosticada el pasado mes de diciembre, arrebata ya los últimos alientos de vida después de ser sedado hace tres días.

El Capitán es una persona peculiar, compleja. Con una desconfianza a todo lo que a su alrededor se mueve. Tanto es así que, incluso ya hospitalizado (casi ha cumplido 2 meses en un centro de paliativos), no cesaba de mover la cabeza cuando escuchaba algún ruido o alguna voz que él presumía no debía estar junto a nosotros.
Casi la mitad de su vida se la ha pasado privado de libertad. Aún hoy pende jurídicamente sobre su existencia un montón de años de condena que, la enfermedad y su propio proceso personal, han hecho no tener que pagar.
Es verdad que estos  20 años de relación no han sido siempre fáciles ni sencillos. Seguramente por mi prepotencia al pensar que tenía respuestas para todos los retos que su compleja vida planteaba. Quizás también por su dureza que transformó en una  inquebrantable fidelidad y en un empeño de que nadie me pudiera dañar. Esa dureza en la fidelidad le hacía a veces “atropellar” a las personas que nos rodeaban.
La última vez que vino a vivir con nosotros sólo le puse una condición: que ejerciese de “abuelo”. Que no pretendiese educar a los otros chicos -mucho más jóvenes que él- con quienes compartíamos la casa y la vida. Y es verdad, ha funcionado. Se lo ha currado. No hay más que ver el cariño con el que le visitan y, todos y todas juntos, estamos aquí acariciando sus hinchadas manos y no dejándole sólo ni un minuto. Cuando siembras cariño recoges cariño. Eso, al menos en esta última época de su vida, ha sido así.
Al capitán (en casa había otra persona de su edad a quien llamamos el abuelo, y era la manera de distinguirlos por que encima los dos tienen el mismo nombre) le conocimos estando preso y el Magistrado al que le correspondía resolver sobre sus permisos nos habló de una persona que debía salir de permiso, aunque fuese un día.
Lo organizamos todo, desde la Asociación APOYO, para pasar el día en las Lagunas del Campillo, en Rivas. Un grupo grande de amigos a los que él no conocía, un montón de peques, una  comida casera… un sábado precioso parecía… Lógicamente aquel plan no parecía el más deseable para una persona que llevaba casi 15 años seguidos en prisión, sin visitas ni permisos.  El buen hombre aguantó y, a partir de ese día agridulce, se fraguó una relación que nos ha traído hasta aquí.
En el silencio de esta magnifica habitación hospitalaria, escuchar ya sólo su débil respiración conmueve. Una persona tan engreída, con tantas acciones en su vida que le hicieron dilapidar su existencia, con un convencimiento “taleguero” de lo que es la fidelidad para con quienes le habíamos ofrecido una mano, le han convertido (y no es blanquear en absoluto una vida tormentosa) en una persona sujeto de conmiseración. No se arrepintió de lo hecho (seguro que el buen dios le da una achuchón lleno de misericordia) pero si ha habido algo que le torturaba, en esta última etapa de su vida: el bien que no hizo o las oportunidades desaprovechadas de haber podido vivir de otra manera.
Estar expectante ante un desenlace vital no es sencillo. A pesar de las muchas muertes que hemos acompañado, no curten estas experiencias.
Sin embargo, pensar cómo podemos querer vivir, qué necesaria es la confrontación personal, la capacidad de asumir errores… situaciones que ya él no podrá remendar, pero que nos deja como legado a quienes -a pesar de la tristeza y vicisitudes de nuestra vida- venimos detrás.
Me quedan las últimas palabras que nos dijo el sábado: SER FELICES.
Como memoria, como homenaje y como sabiduría vital, nos hemos de empeñar en ello.

domingo, 4 de marzo de 2018

Viajes.

Nos ofrecen recoger multitud de maletas que, abandonadas en la consigna del aeropuerto, llevan más de tres años ahí depositadas y nadie reclama. Algunas de ellas muy pesadas. Otras, contrariamente, livianas, casi sin peso. algunas claramente cuidadas. Otras desvencijadas, no sé si del trato recibido o del tiempo en la consigna. Algunas parecen avisar de grandes hallazgos. Otras, sin embargo, no apunta que al ser abiertas contengan nada importante...

Pero según las vamos cargando en la furgoneta, se me aparecen multitud de historias que encargan dichas maletas. Qué sería del dueño que no volvió a por ella. Qué le ocurriría a aquella muchacha que no recobró su equipaje.
Las maletas no están muertas, inertes... Son la paradoja de un tránsito, de un viaje... de multitud de historias -al menos una por bulto- que van configurando la propia historia de nuestra sociedad. Una maleta, un viaje lleno de ilusiones, deseos, desesperanzas, anhelos... Todo un canto a la relación, a ponerse en marcha y no adocenarse ni aburguesarse...

A las pocas horas, la paradoja contraria. Un viaje truncado. Una lucha, de la migración, que sucumbe por una maldita enfermedad. Una mujer, camerunesa, que fallece en el hospital alejada tantos kilómetros de su familia... Separada de su pareja, a escasos metros, porque el supuesto plan de ayuda humanitaria español, y quienes les trabajan, no posibilitaron que los amores encontrados en el camino pudieran abrazarse en esa recta final.El funeral, expresión de rabia contenida, que celebramos en memoria de Rosmery. Esa es la Resurrección que la muerte injustamente propiciada no tenga la última palabra en nuestro conjunto caminar. Ese es nuestro grito!!
Viajes, maletas, abandonos, ilusiones... todo cabe en nuestra vida... y en un mismo día.

lunes, 26 de diciembre de 2016

llegamos tarde

Como los magos de Oriente, llegué tarde. Según el relato de los Evangelios, estos también llegaron tarde.
Perdemos muchas veces la oportunidad de estar en los acontecimientos que dan vida, aunque estos vengan cargados de dolor -como los de la mujer cuando está pariendo- o aunque estos vengan traspasados de desolación, como lo que presencié esta mañana en el poblado del gallinero.
Esa joven pareja que, seguramente, podemos pensar que no tiene ningún sentido que estén ya casados, pero así lo están. Esta joven pareja ayer, noche de navidad, no alumbraron vida pero el fuego sí que les deslumbró su precaria existencia. El fuego acabó con todas sus pertenencias. Estas eran pocas. La vida de los muy pobres es una vida que se tiene que vivir al día. Sin grandes acumulaciones. Ni siquiera en el pequeño chamizo que formaba su chabola, su casa, su posada.
Un fuego devoró todo lo que tenían.
Sin embargo algunos, a esas mismas horas –y no nos lamentamos por ello, sólo lo cuento de manera descriptiva- estábamos con una mesa repleta de vida, de gentes -casi seis nacionalidades-, pero también seguramente de “espacios” que podríamos haber abierto a otros. A unos que quizá no conociéramos, a otros porque no sabíamos sus penurias…
Creo que esta Navidad tiene que ser un empujón para ensanchar nuestras mesas, para disponer un nuevo sitio, como aquella canción que hace años ya cantábamos en las fiestas y celebraciones.
Me contaba esta  joven pareja, en medio de la desolación de haber perdido lo poco que tenían, que “no fue nadie”, excepto los vecinos que comparten su misma miseria.  Eso sí, aparecieron los admirados bomberos. Y señalo esto porque es evidente –de lo contrario tendremos que luchar por ello- que los funcionarios, trabajadores de empresas privadas, oeneges… esa gente de lo social,  no tenía porqué estar ayer. Sin embargo lo que nos duele, lo que azuza más el fuego del desconsuelo es que esos que, lógicamente, estaban con sus familias o donde quisieran poder estar, pero que no estaban anoche en el poblado, tampoco esta mañana y no se les espera mañana porque es fiesta… Esos, luego, con tantísima facilidad criminalizan la vida de los pobres y también –si por algo nos podemos sentir junto a estos- critican la acción solidaria de la ciudadanía.

Hay un artículo muy bueno, hoy mismo, de Luis García Montero: "La caridad es una estafa" . Es una reflexión en voz alta sobre la forma de entender la justicia, la caridad, la solidaridad, lo publico, lo privado… Es verdad que este sistema zozobra, más allá de las personas trabajadoras que tienen todo el derecho –y por él también hemos de luchar- de librar, poder estar con su familia, poder conciliar… Sin embargo anoche, y esta mañana, si nosotros hemos llegado tarde , ellos -¿me recuerdan a aquel Herodes del relato del nacimiento de Jesús?- no aparecieron, no deben saber que la vida ya ha acontecido.
Cuando arribamos hoy, aunque tarde, con el colchón, las sábanas, las mantas, la poca leche que nos quedaba en la parroquia y alguna comida que hemos ido pillando aquí o allá, fruto de esa sociedad solidaria, quien sí estaba junto a esa nueva casa, en esa nueva vida que esta joven pareja debe emprender eran los “pastores”. Esos convecinos -también como aquellos, de mala fama, de quien con tanta facilidad se habla mal, a quien con demasiada frecuencia se pretende expurgar su propia vida- sí que estaban. Los pastores del Evangelio llegaron a tiempo, estuvieron presentes en el intento de hacer renacer de esas cenizas una nueva casa, una nueva chabola, una nueva posada.

Aunque tarde, como los Magos, tenemos muchos cofres que compartir…

lunes, 12 de septiembre de 2016

la mirada....

Hay imágenes que muestran la realidad, que sobrecogen de manera irrenunciable. Así como que te “atrapa la realidad”.
Creo que estoy en un punto –no sé muy bien de dónde nace- en el que ir cargando con una maquina de fotos se ha convertido en una especie de adicción. Cuando voy a salir de casa hay tres palpaciones sobre mi cuerpo que se repiten rutinariamente: la cartera, el móvil y la máquina de fotos… Lo apunto y si alguna amiga o algún enemigo logra desentrañar semejante cosa pues que me advierta si estoy en peligro… Gracias.
Pues en esas estaba esta mañana cuando veo aparecer, a lo lejos, al buen vecino del gallinero que se traslada en silla de ruedas. La calle –única- asfaltada del poblado es recorrida por este buen hombre, hacia la parada del autobús, de espaldas a la misma. Está tan impedido que avanzar de espaldas al lugar de llegada se torna más fácil al poder ir empujándose con los pies… Su posibilidad de subsistir depende de la limosna que consiga. Me acerco a él, lo saludo (siempre me incomoda su continuo agradecimiento …) y le pregunto dónde va y, sobre todo teniendo en cuenta que la parada de autobús es la penúltima de la línea donde se deben bajar todos los pasajeros, cómo va?:
-       “a pedir, si no, no como”.
Tengo sobre la mesa de mi escritorio un libro que estoy deseando poder leer: Misericordia, caridad y justicia social, de José Ignacio Calleja. A ver si saco ratos… pero esa es otra historia. Pues al releer el titulo sobre la mesa y observar las fotografías en la pantalla del ordenador, no puedo menos que aturullarme de preguntas sobre ambas visiones. Cómo conciliar lo que viven muchas personas a mi alrededor y toda esa literatura –oportuna y agradable- sobre la misericordia. No es cuestión sólo, como el mismo Papa Francisco nos advierte, de hacer de la misma un concepto dogmático, progre o teórico.
Además de la silla, que ya se la proveímos el pasado verano ¿podemos hacer algo más? ¿tengo capacidad de evitarle semejante oficio diario para poder comer?... montones, de verdad, montones de interrogaciones pululan mi cabezota esta tarde.
Miro la foto –refleja su dolor y dificultades- recuerdo su continua sonrisa y agradecimiento… y vuelve a martillearme la misericordia, la caridad y la justicia.


Si alguien se le encuentra por la calle, en el metro donde mendiga, salúdele. No pido que le den dinero, eso queda en su conciencia y posibilidades… simplemente díganle que somos amigos y advertirán esa luminosidad que surge de sus claros ojos y clara mirada. Quizás, en medio de tanta teoría, pronunciamientos y buenos propósitos, acercarnos al otro vulnerable y excluido sea el principio de esa gran revolución que –entre todas- tenemos que poner en marcha para que estas malogradas e injustas situaciones dejen de existir, y quien realmente sea titular el lunes de las portadas de los diarios sea ese abnegado trabajar que, con un respeto admirable, le empuja la silla para que pueda acceder a dicho medio de transporte.

jueves, 24 de marzo de 2016

El pueblo y Romero

Tumba en Catedral
Hace ya mese tuve la oportunidad de conocer “un poquito” el Salvador y sus gentes. Y, como consecuencia, las huellas de Romero en esas tierras. Me impresionó sobremanera la huella de este hombre en el pueblo. Un pueblo que lucha –ayer contra la guerra, hoy contra la violencia- y espera la vida con dignidad. Una gentes que, tras haber restañado heridas, no se conforma con el olvido. Tener presente a Oscar Romero es seguir recordando sus palabra, y sobre todo su estilo de vida. El papel lo aguanta todo, y cuando la palabra cae en manos del poder (económico, legislativo, religioso…) deriva inmediatamente en mitos y figuras exógenas a la realidad concreta y cotidiana que se vive.
Mural en la Chacra
Si algo tuvo la vida de Romero fue, precisamente, que su palabra y su comportamiento no eran teorizaciones extrañas a la vida de su pueblo. Al estilo del Evangelio de un tal Jesús, Romero hizo una lectura actualizada de la realidad iluminada por el Evangelio. Como al tal Jesús, le costó la vida. Los teóricos de la fe y la esperanza, a lo más, fueron ninguneados por el poder religioso pero agasajados en ocasiones por los poderes de este mundo.
Taller de Santa María de los Pobres

Sin embargo nos queda el pueblo. Ese que Romero reconoció le había “evangelizado”. En él -en el pueblo- sigue presente, con sus contradicciones y complejidades, todo aquello por lo que Romero murió, todos por los que Jesús entregó su vida y, como hoy recordamos, agachándose les lavó los pies.
Collage en la capilla del hospitalito