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domingo, 4 de marzo de 2018

Viajes.

Nos ofrecen recoger multitud de maletas que, abandonadas en la consigna del aeropuerto, llevan más de tres años ahí depositadas y nadie reclama. Algunas de ellas muy pesadas. Otras, contrariamente, livianas, casi sin peso. algunas claramente cuidadas. Otras desvencijadas, no sé si del trato recibido o del tiempo en la consigna. Algunas parecen avisar de grandes hallazgos. Otras, sin embargo, no apunta que al ser abiertas contengan nada importante...

Pero según las vamos cargando en la furgoneta, se me aparecen multitud de historias que encargan dichas maletas. Qué sería del dueño que no volvió a por ella. Qué le ocurriría a aquella muchacha que no recobró su equipaje.
Las maletas no están muertas, inertes... Son la paradoja de un tránsito, de un viaje... de multitud de historias -al menos una por bulto- que van configurando la propia historia de nuestra sociedad. Una maleta, un viaje lleno de ilusiones, deseos, desesperanzas, anhelos... Todo un canto a la relación, a ponerse en marcha y no adocenarse ni aburguesarse...

A las pocas horas, la paradoja contraria. Un viaje truncado. Una lucha, de la migración, que sucumbe por una maldita enfermedad. Una mujer, camerunesa, que fallece en el hospital alejada tantos kilómetros de su familia... Separada de su pareja, a escasos metros, porque el supuesto plan de ayuda humanitaria español, y quienes les trabajan, no posibilitaron que los amores encontrados en el camino pudieran abrazarse en esa recta final.El funeral, expresión de rabia contenida, que celebramos en memoria de Rosmery. Esa es la Resurrección que la muerte injustamente propiciada no tenga la última palabra en nuestro conjunto caminar. Ese es nuestro grito!!
Viajes, maletas, abandonos, ilusiones... todo cabe en nuestra vida... y en un mismo día.

martes, 11 de marzo de 2014

10 años... y la muerte a las puertas...

Llevo a la criatura al instituto y paso por la estación de tren de Santa Eugenia. El remolino de personas y medios hace notar que hoy recordamos algo importante.
Atravieso el Pozo, camino de la parroquia, y vuelvo a presenciar la misma escena. Remolinos de gentes, junto a periodistas, recordando aquella trágica mañana de 2004.

Más allá de verdades históricas, sentencias judiciales y responsabilidades políticas (estas siempre serán de "los otros"), lo cierto es que las tragedias a nuestro alrededor siguen minando y acompañando la vida diaria. Si los dolores no son comparables -cada uno siente legítimamente los suyos- sí que asistimos a una
diferencia en el trato a quienes son sujetos de los mismos. Trato que diferencia claramente entre aquellos víctimas de un terror desconocido y quienes sucumben ante la iniquidad victimaria de personajes con rostros e identidad concreta y conocida.
Durante el día de hoy, con razón más que sobrada, se hablará de memoria. Se escucharán discursos haciendo memoria de los trágicos sucesos. Se realizarán gestos, religiosos y civiles, por la memoria de las víctimas.
Pero en ella, en la memoria de quienes han muerto, se establecen excluyentes agravios entre las víctimas del terror y las víctimas vencidas. A las primeras se las recuerda, homenajea, enardece... A las segundas se las ningunea, se las entierra con prisa y ceguera y, siquiera, hay tiempo para hacer gestos de adiós por las autoridades políticas y religiosas.
No habrá un futuro posible sin memoria de quienes cayeron víctimas del terror y la injusticia. Esta mañana, las manos de los exterminados -en los trenes y en las fronteras- se juntarán en ese misterioso espacio donde todos, al final de los días, llegaremos.
La historia ha de construirse desde los últimos, desde las víctimas de quienes detentan poderes inhumanos que hacen que la vida del otro sea insignificante. Si la memoria no es subversiva para que los victimarios cesen en su empeño, los tributos hechos para con sus víctimas serán, simplemente, bálsamos temporales para la ignominia y la infamia. Y de esta sabe mucho la historia de la humanidad.

domingo, 13 de noviembre de 2011

... súbita

Son las siete y media de la madrugada, para ser domingo, cuando suena la voz temblorosa de Jorge. Minutos después estamos corriendo camino del gallinero. Un bebe, de seis meses, ha fallecido. Los vecinos rumanos llaman desesperadamente a los teléfonos de todos "veni, veni, bebe morto".
La furgoneta, achacosa y fría, enfila la carretera de valencia a tal velocidad que tengo la sensación de que las llantas no tocan el alquitrán. La carretera despejada se me hace eterna. Sin coches, Madrid amaneciendo y el sol de cara saliendo por el este.
Llegamos y nos encontramos el trágico cuadro. Montón de coches policiales, un furgón del samur y -como canta sabina y es habitual en el gallinero- "mucha, mucha policía". Secretas, uniformados, municipales, educados, maleducados... hay de todos los colores policiales.
cordón en la puerta de entrada chabola
Nos acercamos a la chabola y el corro de familias rodea el cordón policial que los agentes han impuesto alrededor de la puerta de la chabola. Los gritos del padre, dentro de la chabola con el cadáver de su bebe, parten el alama como una daga afilada. La madre, sin consuelo alguno, deja caer un alarido de dolor in-contenido. Los niños revolotean tras el cordón, los vecinos nos inquieren qué ocurre dentro de la chabola. El agente que parece estar al cargo de tanto policía -es el único que lleva el laurel del hombro rodeado de un marco- nos permite la entrada.
La fotografía, dentro de la chabola, es desoladora. Los jóvenes padres se acercan al cadáver de su criatura, en la cuna, como dormido, pretendiendo exhalar la esperanza posible para intentar devolver la vida a su pequeño retoño. Los médicos ya han certificado la muerte. Los psicólogos del samur proceden acertadamente saliendo de la chabola: nadie les reconoce, no les han llamado. Incluso en este momento tan delicadamente privado los servicios sociales les imponen "su ayuda". No se preocuparon de proveer vivienda, ni alimentos, ni trabajo, ni desayunos, ni ropa, ni... pero ahora envían a unos profesionales que imponen su atención.
Afuera la mañana va levantando y el grupo de arremolinados detrás del cordón policial va aumentando. Los vecinos lejanos van conociendo la luctuosa noticia y se acercan. La solidaridad y el dolor se apoderan del campamento, así como la sordidez de la pobreza y la miseria les tiene atrapados.
Llegan más policías. El morbo también les atrae. Van pasando, como escaparate de ofertas, a ver la pobreza muerta. El despojo de nuestra sociedad mostrado sin ningún pudor. Curiosamente, algunos agentes, se alteran y alarman cuando los móviles comienzan a hacer su aparición con el fin de fotografiar el cadáver de la criatura. Claro que nos llama la atención, pero es su cultura. Sus formas de mostrar respeto y condolencias no se parecen a las nuestras. Pero son  las suyas y, por tanto, absolutamente respetables.
Aparece el médico forense. Los vecinos, como títeres convidados ante "las autoridades", abren un pasillo silencioso para que este profesional certifique la muerte. Efectivamente: muerte súbita. El médico reconoce lo bien hidratado, cuidado y limpio que está el bebé, ya cadáver.
Sin dar siquiera el pésame a los papas -la gente importante llega, dictamina, decide y se marcha-. No entiende, esta gente importante, de historias humanas. Debió pensar que esa criatura muerta, a quien reconoció, había sido cuidada por un meteorito. Que no tenía padres o hermanos doloridos. Así es esta gente importante, tan fríos, tan distantes que su misma forma de actuar revela su indignidad.
La espera se hace cansina. Los gritos de dolor aparecen, entre los vecinos y familiares, cuando menos lo esperas. Las correrías de los niños se mezcla con el enfado de los agentes por traspasar el cordón. El furgón del mortuorio se hace esperar. El tiempo parece haberse detenido y los dolores prolongarse. La extenuación de la joven madre parece no finalizar.
Llega el furgón judicial. El silencio es atronador. Se hace un pasillo para que los trabajadores de la funeraria puedan subir el pequeño terraplén con su camilla. Los padres y abuelos están dentro. Los gritos de dolor no tiene resuello. La tensión dentro de la chabola se contagia a toda la vecindad. Los niños lloran, las mujeres de tiran del pelo y los hombres se sacuden fueres golpes en el pecho.
Sacan la camilla. Que catre tan grande para un pequeño cuerpo envuelto en una sábana. El joven padre no sabe qué hacer y se daña, grita y se golpea violentamente el pecho. La madre atendida por otras hermanas y familiares parece desvanecerse ¿cuánto dolor?
En silencio, en un pasillo amistoso abierto por la vecindad, resonando los gritos de dolor de los jóvenes padres, marcha el furgón. En un grito, que conforman una letanía, los vecinos y familiares han rodeado a los padres y abuelos. La pena se apodera del poblado. La vida, de este pequeño, apagada prematuramente sobrevuela a los otros jóvenes padres que tienen hijos de la misma edad. ¿Será el dios, se pregunta uno?
El primo, que no llega a cumplir 10 años, nos lanza una mirada desgarradora y afirma con tragedia inocente "tengo mucha pena". El hermano mayor del finado, que no alcanza los cuatro años, revolotea llorando sin saber muy bien de qué mano asirse.
Nos marchamos. Es difícil decir nada. Las víctima son un rayo en la primavera de la vida. La muerte de un niño es un nubarrón en la historia. El fallecimiento de un niño pobre es volver a reescribir la pregunta que que lanzaron los incrédulos ciegos a Jesús: ¿cuando te vimos?

domingo, 10 de julio de 2011

cárceles de niños, nuevamente

La foto que pretende ilustrar este blog, seguramente, desmerece el contenido del mismo. Es una nueva retórica de lo que ocurre en algunos centros de reforma -o sea cárceles de menores- y que no podemos dejar pasar inadvertidamente.
Esta tarde nos llaman para informarnos que un joven, Ramón de 17 años, apareció el pasado sábado muerto en el centro "Teresa de Calcuta", en el pueblo madrileño de Brea del Tajo.
Como otras semanas, el joven acude a dicho lugar con el fin de cumplir unas medidas ¿educativas? de arresto de fin de semana. En la mañana de ayer sábado, a las 12h., la familia recibe la la noticia del fallecimiento de su hijo. Les dicen que ésta parece haber ocurrido sobre las 3h. de ese mismo sábado y que en esos momentos el cuerpo ya ha sido trasladado al juzgado de Arganda donde se está procediendo a la autopsia.
En medio de la consternación producida por el dolor, la madre rota y los colegas y vecinos desesperados, no hacen más que relatar el trato humillante que han sufrido después de comunicarles el fallecimiento, más de diez horas después, del suceso.
Una vez más, a la espera de otra segunda autopsia que esperemos se pueda lograr tras parar la incineración prevista para hoy mismo a las 19h. y tras un presupuesto de la funeraria superior a los 3000€, nos surgen y urgen multitud de preguntas. Cómo pudo ocurrir un hecho así? Cuáles son las razones judiciales para permitir la incineración? Porqué no dejan a la familia, en el velatorio, acariciar físicamente al hijo? A qué se debe ese color rosáceo en los ojos del joven finado?
Un menor más a quien se pretende reeducar encerrando y este encierro trae, como cara de la misma moneda, la muerte.

domingo, 27 de marzo de 2011

Tres muertos

Tres, hoy han muerto tres jóvenes negros. A las puertas de Europa. A las puertas del Ceti, donde estaban censados. La muerte no entiende de legalidades. No eran legales para vivir entre nosotros, pero sí parecían serlo para morir a nuestra puertas.
Tres jóvenes muertos. Tres pobres a quienes los recursos de la Europa rica no les ha valido de nada. Tres jóvenes que en medio de una ciudad española han muerto quemados. El color de su piel, seguramente, se habrá confundido con las cenizas de su miseria. Esas velas causantes del fuego solo alumbraron ansiedades, dolores, soledades y muerte, mucha muerte.
El paraíso que ellos esperaban viniendo de tan lejos: Niger, Uganda y Zimbagüe se convirtió en su infierno. Penalidades, exclusión y la muerte. Esa visita, la de la muerte, que para algunos es la cotidianidad de su existencia. Esa muerte que muy pronto, como las más de diez mil del estrecho, serán olvidadas.
El plástico y las mantas que parecían resguardar sus miedos soñados y sus sueños miedosos se les han vuelto enemigos. Como sus esperanzas al llegar a España también se volvieron calamidades de espera, persecución y miseria.
Así son, negros de piel y negros de futuro. En medio de una sociedad que gasta sin escrúpulos millones de Euros en guerras, visitas papales o campañas electorales, tres jóvenes han muerto por su pobreza y nuestro rechazo.
Pero seguirán llegando. El efecto huida de la guerra, el hambre y la miseria no puede ser detenido ni con bombas, ni con muros ni, siquiera, con intoxicaciones atómicas.

viernes, 16 de abril de 2010

Paliativos


N0s comenta esta misma mañana el joven médico la situación del muchacho: no podemos hacer nada más. Le enviamos a la planta 5ª, a la Unidad de Cuidados Paliativos. ¡Que dolor madre mía: nuevamente la quinta!. Si no hace más de dos meses despedimos a otro amigo en este mismo lugar.
Por disimular la desazón acudo al diccionario y me tranquiliza el significado que ofrece "mitiga, suaviza o atenúa", refiriéndose a los cuidados paliativos. Es cierto que los dolores están siendo mitigados. Afortunadamente somos capaces de entender, pretender y reclamar que el sufrimiento no tiene sentido. No es humano buscarlo. Es más, creo que es inhumano no combatirlo. Cuando el dolor se mitiga, el proceso de elaborar la despedida se suaviza. Se es capaz de asumir que la cuenta atrás va demasiado aprisa y surge la necesidad de poner en orden y concierto mucha vida y esperanza. Las despedidas se atenúan, los adioses se transforman en hasta siempres y el vértigo por el fin se trasmuta en paz y descanso.
Tanto empeño puesto en acompañar para la vida y parece que se nos impone, sin quererlo ni pretenderlo, acompañar para la muerte. Pero este hecho innegable e insoslayable lo podemos vivir también como parte de la existencia. Incluso para quienes crean en la muerte como final, ésta se puede vivir como una etapa más -finita, acabable- de la propia vida.
Algunos me preguntan, sin embargo, ¿y lo vas a llevar a tu casa?. La respuesta me surge inmediata: ¿no hemos creado espacios para la vida? ¿no pretendemos cuidarnos? ¿no decimos que la incondicionalidad es el blasón de nuestro quehacer?
Son tantos ya que pudiera parecer que el número ahoga el sentimiento de dolor, pérdida, descontrol. Sin embargo hay que ver que acontecimiento tan único e irrepetible es este de volver a acompañar a unos de los nuestros, con quienes hemos vivido, compartido, llorado y soñado... en el momento de ir caminando, sin poder frenar, hacia el final. Todo vuelve a ser respuestas primitivas, no programables, únicas, novedosas... Cada uno somos una realidad irrepetible; incluso en el hecho de la muerte como fin de la existencia vital entre nosotros.
Me apetece compartir este sentimiento. No por repetido y muchas veces vivido, está ayuno de tensión, expectativa y generosidad.

lunes, 8 de junio de 2009

Como un campeón ¡!

Hace poco más de 24h. enterramos, en Zamora, a Antero. Casi dos años de convivencia han supuesto unas huellas en nuestra vida considerables.
Como tantos otros, una personas marcada por su larga vida en prisión, que ha sido capaz de reconciliarse con lo mejor de sí mismo. Lógicamente -como quiero suponer nos ocurriría a cualquiera de nosotros con esa historia personal- una historia cargada de dolor, añoranzas y un profundo sentimiento de culpabilidad. Todo esto con una mezcla importante de carácter fuerte e intransigente; que hacía de él -de vez en cuando- un ser realmente difícil. Sin embargo, seguro, no es esto lo que dejará huella en nuestro caminar.
Junto a este fuerte temperamento, anidaba por igual un ser cariñoso, con muchas ganas de agradar, querer y satisfacer.
Y esto, sin lugar a dudas, será la huella que nos quedará.
Cuando convivimos desde lo cotidiano y somos capaces de ir recolocando nuestra propia vida con sus accidentes como si fueran incidentes menores, surge la añoranza. El echar de menos a los seres queridos. Y la memoria, en estos momentos, me lleva irremediablemente a este hombre.
Vino para catorce días -así nos lo pidió la trabajadora social de la cárcel- porque después de tantos años presos, nos decía ella, al menos que muera en una casa. Suerte que esta profesional del trabajo social no acertase: vivió más de 530 días. son cosas curiosas que ocurren en las personas que están presas: cuando son liberadas su vida y su salud, siempre van a mejor ¿?.
Su vida entre nosotros ha estado marcada por un afecto profundo dispensado a quienes hemos ido estando ( y entrando) en su vida. De él hemos recibido cariño, ánimo y fuerzas.
Hay que ver la de momentos de flaqueza que tuvo: cuando volvía de su sesión de diálisis, cuando le fallaban las piernas, cuando iba de cumpleaños sin haber comprado nada, cuando no podía venir a la parroquia por estar muy débil... Pero todas estas contrariedades ha sido capaz de sortearlas con su fina ironía y la valentía de querer seguir viviendo para estar un "tiempo con mis hijos" con quienes no había convivido, nos contaba. Esa fuerza, en ocasiones sostenida por la cachaba y las más fraguada en el reconocimiento de todo lo que se hacía calladamente por él, es la señal inequívoca de que era un buen hombre.
Ya lo decía, esta mañana, el bueno de Tomás: hay gente entre nosotros que mueren como han vivido: ¡¡ como campeones!!
Y así es la vida que vivimos. Fugaz, como el tiempo que dura el arco iris en el firmamento, y profunda, como los colores que se pintan en el cielo cuando la lluvia es atravesada por el tornasol.
Si algo he aprendido con Antero ha sido la necesidad de creer unos en otros. Y esta inmensa Fe es la respuesta a la pregunta del poema de Rilke:
Oh, porque desembocamos en estos lugares,
se apresuran hacia la pequeña superficie
todas las ondas de nuestro corazón,
voluptuosidad y desfallecimiento,
y al fin, ¿a quién ofrecemos todo esto?

martes, 21 de abril de 2009

No los cuidamos...


se mata un niña de quince años, por no regresar al centro terapeutico donde vivía desde hace más de un año.
se muere un bebe de 18 meses en un cantro de acogida de Alicante. Hace seis meses murió otro bebé por fiebres.
se derrumba parte de un centro de reforma en Ceuta y han de evacuar a los niños por la noche.


"la humanidad debe al niño lo mejor que puede darle" declaracion de los derechos del niño 1959.

martes, 24 de marzo de 2009

¿Vivir?


Vivo estos días pendiente del estado de salud de un chaval de casa.

Hay circunstancias que hacen que “lo mejor” pueda no ser lo mejorable, sino su finalización. Cuando la vida se convierte en una losa, la existencia se vuelve pesada. Es más, surge inevitablemente el deseo de morir, de acabar. Curiosamente vivir es morir.

Si la vida ha sido un tortuoso camino de espinos, más allá de cualesquiera responsabilidades personales o estructurales, la felicidad de esta se impone como finalización, como término.

Defender la vida tiene que pasar necesariamente por defender la “vida digna”. Tengo claro que no toda vida es digna. No porque esta no lo merezca –siempre lo puede anhelar-, cuanto porque hay existencias tan cargadas de culpa, dolor y contradicción que empeñarnos en atisbar sentimientos dulces y felices se torna un empeño ciertamente trabajoso.

Siento que la solución no es tampoco sencilla. Cómo procurar ese descanso deseado y necesario. Cómo satisfacer las ganas de poner fin a este “valle de lágrimas”, que cantábamos por estas fechas hace años…

Hay cargas pesadas que dificultan la misma vida. Y no sólo en personas con problemas de salud. Pienso en muchos presos a quienes la ansiada libertad, tras años pasados en cárceles deshumanizadas y por tanto deshumanizante, es más un problema difícil de gestionar que un horizonte atrayente y posibilitador.

Hace tiempo, ante decisiones fundamentales, junto a compañeros y compañeras de camino, descubrí que había situaciones vitales en las que nuestra presencia se limitaba –que no es poco- a “estar”. Hemos aprendido que lo insignemente humano es la calidad de vida, más que la cantidad de esta.

Acompañar la decisión tomada por el otro, más allá de nuestra propia estructura ideológica. Escoltar aquél camino decidido donde la libertad, el descanso y la felicidad fuesen las guías para vivir dignamente.

domingo, 22 de marzo de 2009

Vida y Amor ¿preservado?


… “que tengan vida eterna”… nos dice el evangelio de hoy (Jn 3, 14-21).
Pienso en todos aquellos compañeros y compañeras de viaje a quienes ya hemos despedido/enterrado víctimas del Sida. Esas criaturas que, con muy pocos años, perdieron al papà o a la mamá. Incluso a los dos. Esas vidas que comenzaban su caminar y el virus les pasó una mala jugada. También murieron.
Vaya polvareda han levantado las palabra del Papa. Sin entender de grandes y teóricas elucubraciones morales, me parecen una barbaridad. Sinceramente creo que el Papa ha errado.
Cuantos llantos, cuántos procesos truncados nos hubiéramos ahorrado si el preservativo, o las jeringuillas o… yo que sé, hubieran estado a disposición de las personas que posteriormente se infectaron.
Que tengamos vida eterna es comenzar por evitar el sufrimiento. En África, Asía, Europa y en nuestra propia casa en necesario utilizar preservativos para que la vida no se trunque, para que la primavera no torne en invierno.
Creo en la vida eterna. En esa vida que vamos construyendo aquí en la tierra y que seguramente está plagada de contradicciones, fracasos y tropiezos. Pero
VIDA, sin duda y con mayúscula, que nos remite a lo mejor del ser humano. A esas capacidades que tenemos de sonreír cuando todo parece tiniebla. Que nos permite esperar, cuando todo parece perdido. Que nos asegura disfrutar, y amar, y crear y gozar teniendo la posibilidad de utilizar un simple condón, una jeringuilla o cualquier otro invento que evite dolor, destrucción y lágrimas.