Mostrando entradas con la etiqueta Inmigración. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Inmigración. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de junio de 2017

Me llamo Adou!!!

El título que da nombre a esta entrada podría ser lo normal en el encuentro entre personas: "me llamo...". Pero además es el título de un libro escrito por el periodista -y amigo- Nicolás Castellano donde narra las peripecias de una familia de Costa de Marfil cuyo empeño por estar unida acaba convirtiéndose en la paradoja del "fracaso de Europa", en palabras del poeta Benjamín de Prado, también presente en el acto.  
Ayer tarde se presentó el libro "Me llamo Adou", publicado en la editorial Planeta, en San Carlos Borromeo. Cerca de un centenar de personas nos dimos cita con el fin de conocer la historia que tan bien narra el periodista Nicolás. Pero no sólo esta historia, dicha presentación era la excusa para reflexionar juntos sobre las actuales leyes de extranjería y asilo que, como señaló Nicolás:"actualmente son máquinas de producir sufrimiento".
Aquella imagen que dio la vuelta al mundo del "niño de la maleta", como otros iconos fotográficos: la niña desnuda tras el napalm, el pequeño cadáver de Aylan... han contribuido, como señaló Benjamín de Prado, a "exceder la información que nos llega y a embrutecernos más que a sensibilizarnos". Esta "piedad fugaz" en la que vivimos, como lúcidamente señala Luis García Montero en el prólogo del libro, puede acabar afianzando el neoliberalismo que en este caso, y recordaba Benjamin de Prado, supondrá que "cada uno tendrá los derechos  que se pueda pagar".

Sin embargo también dicha paradoja del "fracaso de Europa" es toda una invitación al quehacer periodístico y al cambio de mirada respecto a la vida en general. La maleta supone estar en salida, en palabras del propio Papa Francisco. Estar dispuesto a acercarse a la realidad. Como periodista -y es una de las claves fundamentales del trabajo profesional de Nicolás- no esperar que los acontecimientos lleguen a la mesa de redacción, al teletipo o a través de un twiter. Solo el acercamiento al otro posibilitará la verdad. No sólo el conocimiento de lo que vemos, sino la verdad de lo que entraña. De ahí que el escáner sería la parábola necesaria del hecho de acercarnos, conocer para desentrañar lo que esa realidad nos presenta y contarla, como hace Nicolás, para que el efecto que produzca en sus lectores sea la indignación que nos lleve a las preguntas. Desvelar cuáles son las leyes y protagonistas que impidieron, y aún hoy, impiden que esta familia esté junta. Ese es uno de los efectos fundamentales, a mi parecer, del buen periodismo actual y de este libro en particular.El acto, como siempre acaban las cosas importantes, finalizó compartiendo la mesa que tan ricamente habían preparado Arturo, Barry y el mismo Aboubakar.

Y como en tantas ocasiones en nuestra vida, ocurrió el milagro. Resulta que unos de los jóvenes con quien comparto ahora la vida en casa, Aboubakar, fué el compañero de habitación del pequeño Adou cuando le llevaron, en Ceuta, al centro de protección de menores. Este joven contó pequeños detalles de la vida de Adou en el centro, su empeño en afirmar que su padre vendría esta tarde a buscarle, su silencio sobre cómo había llegado a Ceuta o su sonrisa continua respecto a todo lo que a su alrededor acontecía. Relato de Aboubakar que no sólo emocionó y enterneció el acto, sino que -espero- provoco que muchos de los presentes se empeñasen no sólo con conocer la realidad sino saber la verdad.

miércoles, 23 de abril de 2014

pensé que era una gaviota....

Resulta que estos días pasados de Semana Santa estuve, con los muchachos de casa, descansando y desconectados en Alicante. Tierra luminosa donde las haya. Y ese mediterráneo que atrae y lleva a otros mundos...Una tarde de paseo, por el cabo de huertas, cuando el sol parecía ya querer ir a descansar vino la gaviota de la fotografía.
Con su aleteo preciso me habló. Me confesó que no era española. De hecho no la note, por ningún lado, la marca España.
En susurros, con orgullo y miedo a la vez, me contó que era argelina. Si de la Argelia africana. Ese continente tan denostado a la par que atrayente para quienes tenemos el privilegio de conocer directamente o de poder ser acogido por quienes han sido capaces de llegar a nuestras casas.
Me dijo que llevaba una semana volando. Que hasta llegar aquí había recorrido la costa norte africana. Que vio un tumulto en un islote, cerca de la costa, donde avistó unos jóvenes negros desatendidos por unos hombres blancos. Después siguió volando hacia el oeste, siempre en la costa norte de África y llegó a posarse sobre una especie de valla que, me dijo, parecía separar dos playas diferentes. Quizá sería Ceuta, dije en voz bajita, a lo que ella respondió: "no sé. sólo recuerdo que el ambiente era triste, como de muerte violenta".
Tras guardar silencio y dejarla descansar del largo recorrido, volvió a comentar -esta vez con voz fuerte y serena-: "no entiendo las separaciones. por qué, en toda la travesía, he visto un mar inundado de cuerpos humanos muertos, medio fallecidos. en barcas abandonadas a la deriva o sobre telas desgastadas por la sal". Sólo puede escuchar y guardar silencio.
Sus preguntas, venidas de un animal, me llenaban de enojo y vergüenza. Pero ella prosiguió: "también he visto lugares donde había muchas barcazas amarradas, con grandes grúas y cuerdas gruesas donde reposar plácidamente. y al cruzar ese pasillo de agua, también divisé, desde lo alto, grandes buques llenos de gente que parecían disfrutar. y me llamó la atención cómo habían recogido un trozo de agua y la llevaron hasta lo alto de sus máquinas. y los niños jugaban y las parejas jóvenes tonteaban. sí, como nosotras rozamos nuestras alas con quien pretendemos...". Intente explicarla, sin mucho convencimiento por mi parte, cómo funcionan aquí las cosas.
Que el tumulto que avistó era la ilegalidad de un gobierno expulsando a seres humanos de un trozo de tierra que llamamos nación. Que ese lugar de ambiente triste era debido a que hacía más de dos meses que un gobierno de hombres blancos mando disparar sobre personas negras que intentaban cruzar de playa y murieron más de trece hombres. Y que esos barcos que tenían un trocito de mar dentro de sí, eran cruceros para potentados a los que no se expulsa ni se dispara.
Mirándome asombrada me espetó: "y porqué a esos no se les maltrata y dispara? Eso no lo hacen los blancos sobre todos los negros?" Con dolor la dije que no. Que sólo se maltrata y dispara a quienes no tienen dinero ni posesiones.
Pareció que iba a emprender nuevamente el vuelo. Dio unos pequeños saltos sobre la arena. Estiró sus largas alas y su rostro mudo en risa. Yo no la entendía, estaba confuso. No sabía si la conversación había sido posible. Yo no soy una gaviota. Ella no era una persona. Pero nos entendimos. Mirándonos a los ojos, los suyos pequeños negros, los míos grandes mas claros, la sonrisa nos sorprendió. Era una sonrisa muy contagiosa.
Entonces ella me dijo "así que yo no puedo estar aquí. pero si he llegado. si ya somos amigos..." y yo satisfecho me alegré de saber que tenía una amiga que ningún ministro de interior, ningún gobierno cerril, ni las vallas, ni los CIEs, ni las devoluciones extrajudiciales iba a poder impedir que nuestra amistad perdurase.
Que ella viajase donde quisiera y que yo acogiera a quien me diera la gana.
Inmediatamente tuve la tentación de invitarla a quedarse. Que dejase de volar, de posarse aquí o allí. Que fuese capaz de superar vallas con concertinas sin dejarse la piel hecha jirones.
Guiñándome un ojo emprendió su vuelo. Yo quedé con los brazos abiertos. Tantas preguntas... La hubiera pedido tantos milagros, tantos imposibles...
Ella voló. Yo volví sobre mis pasos. No creo que la vida vuelva a cruzar nuestros caminos. Entendí, entonces, que algo así debe ser eso que nos cuentan de la Resurrección. Un encuentro imborrable que no se puede explicar, pero que se puede narrar haciendo amigos, desobedeciendo leyes, rompiendo vallas y gritando, por todo el mundo, que los animales podemos vivir donde queramos y con quien nos plazca.
Con cariño a Patuca, maestra en estos vuelos...

domingo, 27 de marzo de 2011

Tres muertos

Tres, hoy han muerto tres jóvenes negros. A las puertas de Europa. A las puertas del Ceti, donde estaban censados. La muerte no entiende de legalidades. No eran legales para vivir entre nosotros, pero sí parecían serlo para morir a nuestra puertas.
Tres jóvenes muertos. Tres pobres a quienes los recursos de la Europa rica no les ha valido de nada. Tres jóvenes que en medio de una ciudad española han muerto quemados. El color de su piel, seguramente, se habrá confundido con las cenizas de su miseria. Esas velas causantes del fuego solo alumbraron ansiedades, dolores, soledades y muerte, mucha muerte.
El paraíso que ellos esperaban viniendo de tan lejos: Niger, Uganda y Zimbagüe se convirtió en su infierno. Penalidades, exclusión y la muerte. Esa visita, la de la muerte, que para algunos es la cotidianidad de su existencia. Esa muerte que muy pronto, como las más de diez mil del estrecho, serán olvidadas.
El plástico y las mantas que parecían resguardar sus miedos soñados y sus sueños miedosos se les han vuelto enemigos. Como sus esperanzas al llegar a España también se volvieron calamidades de espera, persecución y miseria.
Así son, negros de piel y negros de futuro. En medio de una sociedad que gasta sin escrúpulos millones de Euros en guerras, visitas papales o campañas electorales, tres jóvenes han muerto por su pobreza y nuestro rechazo.
Pero seguirán llegando. El efecto huida de la guerra, el hambre y la miseria no puede ser detenido ni con bombas, ni con muros ni, siquiera, con intoxicaciones atómicas.

domingo, 5 de diciembre de 2010

re-conversión

Entre los privilegios con quienes convivimos está, sin lugar a dudas, la relación con aquellos que vienen de fuera. Que no tienen nuestra cultura, ni nuestro lenguaje, tampoco nuestras tradiciones folclóricas y mucho menos los sabores culinarios. Pero "son de los nuestros".
Ayer tarde, en una fiesta de folclore peruano que tuvimos en San Carlos pude vivir esa experiencia.
Más allá de la música y los trajes vistosos, tomé un té con la familia marroquí vecina, estuve s
entado junto al matrimonio rumano refugiado en San Carlos y compartí la aficción a la fotografía con un joven gambiano. Todo eso aderezado con la música andina de distintos países del altiplano latinoamericano.
Tenemos, en esta mañana de domingo lluviosa y gris, una llamada imperativa en el evangelio que leeremos a la "conversión". Quizás habría que traducir a la re-conversión. Tras tantos años de institucionalización religiosa estamos invitados -tenemos que volver- a las fuentes de la Buena Noticia. Y esta no vendrá encorsetada en ritos, exclusiones o prerrogativas hacia el poder.
La diversidad, el encuentro con los otros, la expectación para descubrir cuáles puedan ser hoy los espacios donde la buena nueva es acogida, encarnada y cuidada es tarea de todos. No podemos sustraernos a esta invitación.
Es un mundo cada vez más vuelto hacia sí mismo, procurando excluir de nuestras "fiestas" a quienes no tienen, quienes vinieron por el "efecto"huida: huida del hambre, de la pobreza, de la desesperanza...
Esta misma semana, como la cara oscura de lo que nos acontece, vienen varias personas contándonos cómo actúa la policía contra las personas sin papeles: les citan en su propia casa para que acudan a comisaría donde les abren un expediente de expulsión. Semejante atropello, expresión de los comportamientos más bajos y rastreros que pueda tener una sociedad que se denomina democrática, no puede consentirse, tenemos que rechazarlo no sólo de palabra. Hay que acompañar a todas esas personas sin papeles entre nosotros para que no acudan a esas lamentables llamadas que las fuerzas de seguridad está realizando con el fin de atemorizar, controlar y expulsar a "unos de los nuestros".
Que lejos y qué posibles quedan aquellas esperanzas del profeta: "Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastoreará"

viernes, 8 de octubre de 2010

Amador

Tuve la oportunidad, anoche, de asisitr a la presentación de la nueva película de Fernando León de Aranoa: AMADOR.
En ella, con la brillantez que nos tiene acostumbrados, trata el tema de las personas migradas. Pero no es sólo esta realidad la que aborda. Al contrario. Es todo un sortilegio de situaciones vitales que jalonan la existencia de algunas personas entre nosotros.
Aborda, desde los primeros fotogramas, las peleas de pobres entre pobres. La soledad y los desafectos que esta produce. La melancolía, en medio de tanto ruido, y los bocados que origina entre la gente honesta. La hipocresia que refleja la sociedad aburguesada en la que vivimos. La lucha de intereses. La vinculación que provoca la necesidad y la solidaridad de quienes
son maltratados en su vivir cotidiano. Inlcuso nos da una lección de teología de andar por casa que, a muchos, hará sonrojar y a todos nos debe llevar a rercear nuestra relación con los otros.
Sinceramente me parece una pelicula especial, con una carga de profundidad vital de esa que no estamos acostumbrados a recibir a través de los medios visuales hoy en día.
Como la pelicula nos reitera, hasta las flores muertas siguen desprendiendo un aroma exclusivo que nos hace más llevadero las dificultades diarias. Eso le pasó a la mujer que, en medio de las inundaciones que ocurrieron en el gallinero hace tiempo, puso al calor del Sol sus flores cotidianas. La vida es capaz de hacer emerger, aunque sólo la sintamos sin verla, la esperanza de Amar, de ser amados.

miércoles, 6 de octubre de 2010

La oficina

Ayer, en la mañana, acompañé a uno de los muchachos marroquíes con quien convivo a la Oficina de Extranjeros. Una de las que hay en Madrid.
Debíamos presentar la documentación requerida para ver si, después de cuatro ocasiones, a la quinta va la vencida y le conceden la "Residencia por circunstancias excepcionales". Si bien las personas que trabajan en dicha oficina nos atendieron cordialmente, la tensión que se respiraba, o que yo sufría, era de una tensión impresionante. Parecía el examen de fin de carrera o el de conciencia que a tantos, en ocasiones, nos duele.
Las personas migradas, con su aluvión de papeles con los que justificar el tiempo que llevan viviendo entre nosotros y las pruebas de su integración, van pasando ordenadamente a la mesa del "juicio". La funcionaria, pausadamente, va pasando documento a documento. Junto al pequeño ruido del folio acompañado del aire que origina, se produce una especie de suspiro silencioso por parte de la persona examinada. Un documento que pasa, un alivio para la persona migrada. El pasar hojas se detiene, la funcionaria le da vueltas, relee, acerca la visión, el migrante contiene el aliento, ni respirar quiere no vaya a incomodar al examinador y eche atrás otro documento... Así hasta que encuentra un error: "este documento está mal". Tiene que volver a solicitar cita, esperar unos meses, rehacer -si se puede- el entuerto... volver a esta terrible situación de ver cómo su vida y su futuro dependen de unos papeles en manos de alguien totalmente ajeno y desconocido para él.
Además, la pintura de dicho servicio es muy parecida a los colores utilizados en el CIE de Aluche: amarillo pastel chillón y azul marino fuerte. Nos preguntábamos este joven y yo, si no sería un aviso para navegantes...
Quizás la respuesta estaba escrita en la pared del local de dicho servicio público. Si, la foto corresponde a ella. Los responsables del Ministerio o del orden visual del Ayuntamiento de Madrid no han debido caer en la cuenta de la ofensa que supone ver escrito en la fachada de tu ciudad que sobras. Que sobramos....

domingo, 5 de septiembre de 2010

Expulsiones

Esta mañana de sábado nos hemos reunido ante la sede de la representación de la Unión Europea en Madrid. La convocatoria, con premura, era para manifestar nuestro rechazo a la práctica racista del personaje Nicolas Sarkozy y el gobierno francés, así como alertar del silencio cómplice de los estados europeos.
Hemos sido escasamente cincuenta las personas asistentes. De colectivos diversos y alguna representación política. Demasiados pocos para demasiado atropello. ¿Es que las rebajas han tocado fondo en lo referente a los Derechos Humanos?. ¿Será que la crisis también ha tocado la línea de flotación de la reclamación de la dignidad humana?
Curiosa, sobre todo, me resulta la presencia de representantes políticos del partido que, ahora mismo, está teniendo actuaciones parecidas a las denunciadas en Francia respecto a los
migrantes. Cómo casar su presencia esta mañana y la actual política en materia de inmigración. Cómo compaginar la denuncia al gobierno francés cuando la delegación del gobierno en Madrid está actuando igual con los gitanos rumanos del gallinero? Confusión, hipocresía, dobles o triples caras....?
Que me lo expliquen.

miércoles, 23 de junio de 2010

Desespero y Memoria.

Evidentemente este pequeño blog sólo quiere pretender, en este momento, hacer un recuerdo de José Saramago, compañero literario de tantos ratos y cirujano de cegueras vitales y sociales que tanto empeño tienen algunos en que permanezcan. Así incluyo un texto, suyo, escrito en 1998 que me parece muy revelador de las razones que animan mi desespero. Siguen los controles selectivos de ciudadanos extranjeros en puntos calientes como bocas de metro, intercambiadores de autobús... Pero es que además, esta mañana me entero que a Eduardo Sánchez León, fotógrafo de la calle, callejero con máquina, le han detenido por fotografiar lo que el Ministro de Interior niega: que hay detenciones selectivas.
En fin, que la cosa se pone muy malita para los inmigrantes pobres.

Carta abierta a la solidaridad

“La identidad de una persona no es el nombre que tiene, el lugar donde nació, ni la fecha en que vino al mundo. La identidad de una persona consiste, simplemente, en SER, y el ser no puede ser negado. Presentar un papel que diga cómo nos llamamos y dónde y cuándo nacimos, es tanto una obligación legal como una necesidad social. Nadie, verdaderamente, puede decir quién es, pero todos tenemos derecho de poder decir QUIÉNES SOMOS PARA LOS OTROS. Para eso sirven los papeles de identidad.

Negarle a alguien el derecho de ser reconocido socialmente es lo mismo que retirarlo de la sociedad humana. Tener un papel para mostrar cuando nos pregunten quiénes somos es el menor de los derechos humanos (porque la identidad social es un derecho primario) aunque es también el más importante (porque las leyes exigen que de ese papel dependa la inserción del individuo en la sociedad).

La ley está para servir y no para ser servida. Si alguien pide que su identidad sea reconocida documentalmente, la ley no puede hacer otra cosa que no sea registrar ese hecho y ratificarlo.

La ley abusará de su poder siempre que se comporte como si la persona que tiene delante no existiese. Negar un documento es, de alguna forma, negar el derecho a la vida. Ningún ser humano es humanamente ilegal, y si, aun así, hay muchos que de hecho lo son y legalmente deberían serlo, esos son los que explotan, los que se sirven de sus semejantes para crecer en poder y en riqueza. Para los otros, para las víctimas de las persecuciones políticas o religiosas, para los acorralados por el hambre y la miseria, para quien todo le ha sido negado, negarles un papel que les identifique será la última de las humillaciones.

Ya hay demasiada humillación en el mundo, contra ella y a favor de la dignidad, papeles para todos, que ningún hombre o mujer sea excluido de la comunidad humana”.

José Saramago, 1998

miércoles, 26 de mayo de 2010

Cayucos que arriban en entrevías

El día de ayer se inaúguró en San Carlos Borromeo, entrevías, la exposión del foto periodista Juan Medina sobre los cayucos que llegaron hace años, de manera masificada, a las costas Canarias.

Más allá de la mesa redonda que dimos en llamar "de autoridades", la exposición de tres inmigrantes que arribaron de diferentes formas a nuestro estado, fué todo un canto a la solidaridad, a la esperanza y, sobre todo, al tesón humano por revertir un futuro -en sus lugares de origen- facilmente adivinable de pobreza, precariedad y miseria.

No es que llegaran y encontraran el dorado. Muy al contrario. Al pequeño de ellos se decide hacerle mayor y repatriarle. Además se le acusa de falsificar documentos publicos como el pasaporte. La viveza del muchacho y el apoyo de un colectivo lograron mostrar que dicha documentación era totalmente válida. El menor entre nosotros.

Al joven senegalés se le persigue por venir a buscarse la vida. Su empleo "top manta" le hace acabar por unos meses entre rejas. Loco de buscar trabajo acaba logrando los papeles y se nos presenta como traductor. Además, nos cuenta, que en su funcio´n lingüistica en las sedes judiciales intenta consolar, en lo poco que puede, a los compatriotas detenidos que pasan a disposición judicial para ser expulsados o criminalizados opr buscarse la vida de "top manta".

Y la mujer que nos dedicó su tiempo, fué capaz de contagiarnos esa fuerza femenina que, en mujer enjuta, logrço zafarse de cuatro intentos de repatriación a los pies de la escalera del avión. La mujer que cuidaba y que no pudo ser atendida el día que las fuerzas de seguridad la detienen en el metro de Moncloa y la miseria que vivie su familia, fueron, nos contó, acicate suficiente para sacar fuerza de la debilidad. Sigue entre nosostros, a la espera de tener papeles...

En fín, un día rematado por periodistas que son capaces de hacer, de su profesión y su arte, palancas fuertes que logren mitigar y parar en lo posible tanto desmán hacia esas personas llegadas a nosotros que son los inmigrantes.

Pues sirva como recuerdo e invitación; exposición hasta el día 9 de Junio, abierta todos los días de 10 a 13h y de 18 a 21h. (excepto los domingos en la tarde) en San Carlos Borromeo, C/Peironcely, 2 Entrevías.

lunes, 29 de marzo de 2010

El Senegalés de la T4

No sé si confundido, perplejo -seguro que sí cabreado- o indignado, el resultado de tantos meses de paciencia pensando que el sistema democrático español sería capaz de ver lo que muchos tuvimos la oportunidad de contemplar a través de la grabación de un vídeo en las pistas de la modernisima T4 de barajas me deja, cuanto menos, atónito.
Pues resulta que todas las instancias a las que me dirigí dicen que no hubo ningún tipo de delito en el trato al

senegales que aparece en las imágenes.
El Fiscal de Sala Coordinador de Extranjería (sería como el que coordina a los fiscales que lleva extranjería en todo el estado) me responde que "los hechos denunciados no son constitutivos de delito". Más o menos viene a decir lo mismo el Fiscal Jefe de la Audiencia Provincial de Madrid "procede acordar el ARCHIVO de las presentes Diligencias, al entender que los hechos no son constitutivos de delito". La Dirección General de la Policía dice que "el gesto de poner el pie sobre la espalda no puede servir para enjuiciar la profesionalidad... que recomendaran mayor exquisitez en la formación de escoltas... que se gestionará el diseño y adquisición de un protector bucal". Siendo el Defensor del Pueblo el único que tímidamente advierte "que resulta preciso desterrar actuaciones como las que se pueden apreciar en las imágenes".
A mi todo esto me parece un desatino tan gravoso que cada vez tengo más razones, y bien fundadas, para pensar que nuestro sistema democrático sufre un serio carcoma que entre todos diagnosticamos y extirpamos o acabaremos gritando, quizás cuando no haya remedio como el teólogo luterano en los campos de concentración Dietrich Bonhoeffer "teníamos que haber gritado".

sábado, 6 de febrero de 2010

donde dije digo, digo diego

Asistimos ayer tarde a una rocambolesca historia entre un menor inmigrante no acompañado, la comunidad de madrid y la fiscalía de menores.
El menor, de origen camerunés llegó a la península en patera. Desde que arribó a las costas granadinas declaró que era menor de edad. La comunidad andaluza no debió darle veracidad a su declaración. Llega a Madrid y la comunidad madrileña acoge llevándole a vivir a un hostal. Le llaman el programa de "vida independiente". Que por cierto, la misma Comunidad de Madrid, lo va a cerrar. Pues aquí decide, el pasado día 3, que este muchacho es mayor de edad. Tiene pasaporte expedido en la embajada camerunés en España donde certifica que es menor de edad.
La comunidad de Madrid, decide hace tiempo, llevar a todos los menores indocumentados (no es el caso del joven camerunés que posee pasaporte) a una clínica privada donde, curiosamente, es el mismo doctor quien siempre determina que los muchachos que le llegan son probablemente mayores. El día 4 de febrero decide "cesar la tutela" en base al informe médico -pruebas oseométricas- donde se asegura que "probablemente este muchacho esté en torno a los diez y ocho años de edad". Efectivamente él dice ( y así lo indica su pasaporte) que tiene 17 años y seis meses. Pues la administración, haciendo caso omiso al pasaporte y a un certificado emitido por el embajador de Camerún en España indicando la veracidad de dicho documento, decide dejarle en la puñetera calle. Además, la comunidad de Madrid, denuncia al menor por "falsificación" de documento público.
El fiscal de menores, por ley responsable de los menores, indefensos y víctimas, hace oídos sordos a la documentación presentada y sigue ciega y "vergonzosamente" lo dictado por la entidad pública. Confirma que el menor es mayor y le confirma su protección: a la puñetera calle.
Al final la presión social nos hace llegar a hablar con el fiscal jefe de Madrid, a las 22h., a quien le planteamos el problema originado con su subordinado y solicitamos el amparo necesario para que este menor siga siendo protegido por quien por ley tiene la competencia y ha dejado de cumplir su función.
Efectivamente, el fiscal jefe ordena poner orden en tamaño despropósito y le manada al fiscal de menores que ordene el ingreso del menor camerunés en una centro de acogida y protección.
Pero ¿cuántos chavales no tienen detrás un grupo de apoyo y solidaridad? ¿porqué es tan habitual que esta persecución se lleve a cabo contra menores subsaharianos? ¿por qué siempre es el mismo médico de la misma clínica privada quienes dictaminan la mayoría de edad de menores subsaharianos? ¿porqué no se utiliza el hospital publico, LA PAZ, donde siempre se hacían dichas pruebas radiológicas? ¿qué seguridad tiene cualquier ciudadano que ve anulada su identidad por el empeño de una administración pública? ¿para qué poseer documento de identidad personal si lo que dictamina nuestra edad es una radiografía? ¿qué responsabilidad exigir a la comunidad de Madrid y a la fiscalía de menores respecto al desamparo que crearon en un menor inmigrante no acompañado? ¿dónde está el cumplimiento de tratados internacionales -suscritos por España- que obligan a dar validez a los pasaportes expedidos mientras la embajada no dictamine que son falsos? ¿cómo va a tratar el asunto el Ministerio de asuntos exteriores cuando se entere que la administración publica española ha llamado mentiroso al embajador de camerun en España al no hacer caso al certificado expedido por este respecto de la documentación de un ciudadano de su país?...
En fin montones de preguntas que se me agolpan en los dedos al teclear y que confirman que cada vez los derechos de los ciudadanos son más emponzoñados por las administraciones públicas y algunos de sus layacos funcionarios.

lunes, 26 de octubre de 2009

Inmigrantes: humanos...

Hemos asistido, durante este fin de semana, a la oportunidad de acoger, cuidar y acompañar al grupo de más de 40 personas que desde el pasado mes de Septiembre han caminado hasta Madrid con el objeto de mostrar públicamente su rechazo a la política de extranjería que los diputados españoles -con honrosas excepciones- están diseñando y que será plasmada, me temo, en la aireada reforma de dicha ley que el Gobierno presentará.
Una vez más es atronador el sentimiento de solidaridad desplegado por esas personas anónimas -bien conocidas por muchos de nosotros- que sin grandes discursos, recursos ni miramientos se ponen manos a la obra y preparan comida, adecuan espacios para dormir y salen "gritonas" a la terraza de San Carlos Borromeo para recibir con júbilo a los marchantes que llegaban, el sábado, al atardecer.
Es estremecedor conocer, de primera mano, las historias personales, familiares y colectivas de quienes habían recorrido más de 620 kilómetros a pié con el fin de visibilizar su situación. No sólo la personal, cuanto la estructura político y económica que aterra y encierra tantas esperanzas y proyectos personales. De hecho, entre los marchantes - nunca menos de 40 en el mes de duración- no sólo hay parados. Alecciona la historia de un joven pakistaní emprendedor, que con más de diez años en España ha montado dos restaurantes de comida típica y ha alimentado durante gran parte de la marcha a sus compañeros "andantes". O ese otro joven nicaragüense que, trabajador en una empresa, disfruta su mes de vacaciones emprendiendo la marcha junto a sus compañeros. Cuentan y cuentan sin parar.
Ellos refieren como "tremendamente transformadora" la experiencia de la caminada juntos a otros compañeros. Nosotros advertimos como "tremendamente esperanzadora" la oportunidad que nos brindad de acogerles, de tenerles en medio de nosotros y aprender de sus vivencias e historias personales. Sólo en encuentro con el otro nos hace capaces de ir rescatando lo mejor de uno mismo.
Así llegó el domingo en la mañana. La parroquia atestada de gente. Tres autobuses venidos desde Cataluña. La bodega asaltada solidariamente en un desayuno comunitario y preparatorio de la marcha hasta el Museo Reina Sofia. El cansancio de los marchantes, haciendo pareja con la emoción de los que nos agregamos, nos pone en camino hacia legazpi. Recorrido rápido y traspasado de mucha solidaridad que despierta el atasco que vamos formando por la avenida de entrevías, y que algunos conductores expresan haciendo sonar sus claxon y animando a voz en grito por las ventanas.
La llegada a Legazpi parece sucumbir en los anhelos de aquella salida que ya queda lejana del pasado 23 de Septiembre en Cataluña. Cuantos encuentros, experiencias, sufrimientos han acumulado estas marchantes que advertir la cercanía de la plaza, donde se concentran ya unos centenares de ciudadanos solidarios, hacen que alguna lágrima se derrame por el curtido rostro de quienes llevan más de 600 kilómetros bajo sus pies.
En tono de fiesta y alegría, la misma que aparentan las colores de las diferentes banderas que han ido sumándose a esta iniciativa, hacen que la subida por la calle Delicias parezca más una carrera que una tranquila marcha reivindicativa. Y ahí estaban, esplendorosos sabiéndose sujetos de un momento histórico -quizás irrepetible- pero que al menos a ellos , y a quienes hemos tenido la suerte de participar, aunque sea en el tramo final, nos hace sospechar que más allá de la aprobación de una ley injusta e inhumana que un gobierno que se dice de izquierdas quiera aprobar, el encuentro entre personas es capaz de hacer saltar rejas, puertas, muros, fronteras y distancias por altos que sean los primeros y lejanas que parezcan las últimas.

sábado, 19 de septiembre de 2009

La "cosa" continúa

Nos llegan, nuevamente, noticias de una tragedia en alta mar. Otra patera de inmigrantes pobres se hunde frente a nosotros. Quiero decir frente a nuestras costas, nuestros ojos, nuestras seguridades. Estas, tan controladas, con tantos sistemas de seguridad, tantos muros infranqueables siguen permitiendo (de permeabilizar) que la muerte esté presente en nuestras narices. Y sin problema…

La “noche en blanco” madrileña continua, las gestas deportivas se alcanzan y la gripe (cualquiera sea la letra que antepongamos) parece haber congestionado las neuronas de los ciudadanos que no hacemos demasiado.

Otra vez vuelve el islote “perejil” a ser titular de nuestros medios. Aquella heroica conquista, típica de las malas películas del mal presidente americano Reagan, pareció poner en orden el territorio nacional, que no a quienes en él habitamos.

Pretenden algunos que a base de leyes penales seamos capaces de educar a los educandos. Además podremos, al menos desde Madrid, atisbar cuando lleguen cayucos pues la insigne presidenta madrileña anda empeñada en poner tarimas en las clases ¿será para hacer hueco a los niños de cañada o a los menores inmigrantes que arriben nuestro puerto?

Yo me pregunto por qué tanto empeño en domesticar a los que están aprendiendo “educación” y no se ponen los mismos medios –siendo criminalizadores siempre desechables- en reeducar a los adultos que debían ya estar educados y han resultado maleducados.

Recuerdo aquel poema del desolado Juan de la Cruz cuando, en sus búsquedas interiores y encuentro con lo pequeño, balbucea aquellos versos:

¿Adónde te escondiste,

amado, y me dejaste con gemido?

jueves, 10 de septiembre de 2009

Memoria y esperanza

Recibo con gratitud la noticia de la concesión del príncipe de Asturias a Berlín por su "revolución pacífica de 1989" en la caída del infausto muro de Berlín.
Recuerdo, hace 20 años, cómo era todo un símbolo de la cerrazón humana así como icono de todos los muros que debían ir cayendo en ese final de siglo XX.
Sin embargo asistimos a la instauración de más muros, vallas y otras vergüenzas que, tristemente, nos desunen, enfrentan y matan.
En poco días marcharemos centenares de ciudadanos a Ceuta con el fin de mostrar nuestra solidaridad con los inmigrantes ahí retenidos y convocados de una manera particular por los 72 hindúes que llevan malviviendo más de un año en el bosque huyendo de unos gobiernos europeos que han decidido enjaular los derechos humanos en el continente europeo cerrando la puerta de entrada a los pobres del mundo que buscan comida, dignidad y vida en definitiva.
Espero que dentro de poco podamos celebrar -con premio príncipe de Asturias o sin él- que esos días de covivencia en Ceuta significaron el esfuerzo común por derribar vallas, muros y políticas de terror.

miércoles, 8 de julio de 2009

LOS INVISIBLES DE KOLDA

El libro de Pepe Naranjo: "LOS INVISIBLES DE KOLDA. Historias olvidadas de la inmigración clandestina", de Editorial Peninsula, no es un memorial sobre los muertos y la muerte. Si bien es verdad y terca la realidad de la muerte en los actuales procesos migratorios de los pobres, no es menos cierto que este libro nos habla de la vida. Y todos necesitamos tener viva la imagen de quienes marcharon. El libro nos habla de ello: son elocuentes las fotografías de los muertos que sus familiares guardan como retazos inexcusables de una vida que finalizó abruptamente.

Esos gritos de tantas personas, mayoría de jóvenes, que siguen queriendo venir al “paraíso “Yo también me quiero ir” (pg. 28) ha de ser para todos nosotros un constante estar mirando hacia África. No querían ir a España pero se sentían forzados a ello (pg. 59)

Tenemos que volver a refrescar aquel lamento incriminador de Dietrich Bonhoeffer cuando, ante las atrocidades del nazismo en los campos de concentración, se preguntaba ¿porqué callamos? Dónde estábamos nosotros mientras miles de personas estaban muriendo a las puertas de nuestro paraíso soñado (pg. 15)

Este libro nos pone nuevamente sobre la mesa la realidad de la inmigración. En un mundo tan loco como este en que existimos, José Naranjo, nos reta a preguntarnos en qué tipo de civilización vivimos que trata de esta manera a aquellos que llegan hasta la puerta de nuestra casa con el único afán de mejorar su vida, por qué la hospitalidad que nosotros mismos estábamos recibiendo durante aquellos días en Senegal había desaparecido por completo de los valores y de la manera de actuar de los que habitaban nuestro mundo, allá en la lejana Europa, que vista desde África es como una inmensa fortaleza. (Pg. 73)

No podemos obviar que el trato dispensado al otro es la antesala de la dignidad que uno mismo ha de exigir hacia sí. Querían irse y prometían ayudar al pueblo a salir de la miseria, hablaban de un futuro de prosperidad frente a un presente miserable. (pg.63) Esas miserias, en las que coexistimos tranquilamente, no pueden ser obstáculo para que los otros -los otros empobrecidos que no pobres- sigan queriendo salir de sus hambrunas. Eso es, por tanto, no el efecto llamada que continuamente nuestros responsables políticos y empresariales nos arrojan como piedra de escándalo cuando procuramos “hospitalidad”, cuanto el “efecto huida” que se impone ante tanta precariedad en medio de una mundo superabundante y derrochador. Y cuando los pequeños crezcan, alguno tendrá que volver a intentar el viaje hacia Europa. Así ha sido siempre y hasta ahora no se ha descubierto ningún remedio que sacie el ansia de esta gente por salir de su miseria, incluso jugándose la vida una hermano tras otro. (pg.61)

Es Seguro que este trabajo de José y Magec puede colaborar en la reorientación de las actuales políticas europeas en materia de inmigración. Curiosamente, en la diversidad ideológica que todavía conforma la mayoría de la Europa común, los temas relativos a la inmigración y sus flujos migratorios concitan bastante similitud. Estas políticas basadas en la Vigilancia y expulsiones, se está convirtiendo en la única fórmula para combatir la inmigración irregular (pg. 86). Llegando a implementar políticas de “prevención” más que de “derechos” que conculcan años y años de luchas de nuestros antepasados. Como les ocurre a los familiares de estos 160 muertos de Kolda: Estamos muy tristes. (pg. 58).

La existencia de esos Guantánamo europeos: los CIE, con su continuo bloqueo informativo (pg. 74) y las regulaciones legislativas tan represivas con los Derechos Ciudadanos como la directiva de la vergüenza, no podrán conseguir que nuestro estado frontera quebrada en el sur de Europa, deje de ser una puerta entreabierta para el sueño de toda una generación de jóvenes africanos y un lugar de promisión cuyos ecos resuenan en el interior del continente más pobre y desesperado del planeta. (pg. 155).

Cuenta el autor del libro, en su viaje en coche hacia kolda que a partir de ahí, empecé a creer en los milagros (pg. 40). Nosotros no sólo creemos en ellos. Es que los hemos experimentado. Y lo experimentamos al hacer memoria de estos 160 jóvenes ninguneados por la historia, al creer que más allá del titular en algún recóndito medio de comunicación, estas muertes serán fermento de solidaridad y visibilización de este crimen que se está –continuamente- cometiendo con los pobres de la tierra.

Este libro, y así nos lo asegura el autor en la dedicatoria, también alentara a quienes odian y quisieran ver callados a aquellos que ponen voz y rostro a estos clandestinos. Sin embargo, el empeño de José y Magec y tantos que, desde distintos logares y oficios, estamos empeñados en reclamar que cuando los pequeños crezcan, alguno tendrá que volver a intentar el viaje hacia Europa. Así ha sido siempre y hasta ahora no se ha descubierto ningún remedio que sacie el ansia de esta gente por salir de su miseria, incluso jugándose la vida un hermano tras otro. (pg.61)

Por eso, decía al inicio y ya acabo, que este libro no habla de muerte, sino de la vida que se refleja en esas ansias de vivir, porque necesitamos aprender esa cultura africana, porque Donde un europeo diría que ahí no cabe más gente, los africanos se miran con una sonrisa y abren un hueco en el mínimo espacio imaginable. (pg. 68).

Pues lo dicho, amigas y amigos, como canta Silvio Rodríguez al comienzo del libro:

“sé que hay muertos que alumbran los caminos”

lunes, 30 de marzo de 2009

Derechos Humanos en la Frontera SUR 2008

Acaban de presentar, los buenos amigos y amigas de Derechos Humanos de Andalucía, el informe-dossier sobre la inmigración que viene por el sur del estado. Estudio que nos invita a mirar la realidad más allá de ciertos acontecimientos pequeños. Podéis verlo en http://www.apdha.org/index.php?option=com_content&task=view&id=606&Itemid=45
La realidad de la inmigración se nos impone hoy como arel donde traspasar los valores éticos de la sociedad y nuestra propia conciencia ciudadana.
Estuvimos esta tarde junto a Jorge, amigo y maestro en el compromiso con los pequeños desvalidos, visitando a dos de ellos en la cárcel de niños y niñas Teresa de Calcuta (pobre mujer, utilizar su nombre en semejante presidio) en el madrileño pueblo de Brea de Tajo. Uno español y otro marroquí. Sahariano, apuntilló el pequeño.
Además de las circunstancias personales -acusado de haber robado a su colega de fatigas 10€- y estructurales -purita prisión-; hay condicionamientos que necesariamente hacen que incluso la privación de libertad sea profundamente diferente.
En el primer niño las dificultades pueden ser compartidas, rebatidas, explicadas. La comunicación es posible. Las tradiciones culturales son semejantes. Hay "claves" vitales que nos vinculan, que nos pueden acercar.
En el segundo niño las dificultades son extremas. El idioma se impone como una barrera infranqueable. Es laborioso entenderse. Mucho hacernos entender. Los parámetros de comunicación y diálogo son profusamente complicados. El lacerante recuerdo de su familia se presenta continuamente como cuchillada silenciosa interminable. El horizonte de haber llegado "al dorado", donde sus ilusiones y las de su familia pudieran verse colmadas, se transmutan en una castración de aspiraciones y sueños.
Complicidad con estos seres humanos que viven como impuesto el efecto huida: del hambre, la miseria, el dolor, la soledad... y acogida y cuidado de los que nos llegan, porque aquí si hay quien viva.