jueves, 25 de febrero de 2021

migrando...



 

Miraba al infinito y descubrí el firmamento.

Las migraciones venían ordenadas a la Paz.
El pico de una paloma se dibujó sobre el cielo.

Pensé: que suerte, migran sin fronteras. Sin tener que demostrar sus cualidades, honradez o necesidad. Migran por que es la naturaleza.
Al no encontrar muros, ni políticas fronterizas, ni policías armados… viene ordenadas.

Que privilegio ser ave, poder moverse e paz…


martes, 23 de febrero de 2021

palabra de moda.

 


 

 

¿Qué hacemos con esta violencia?
La que atenta contra la dignidad de este individuo?
La que sostiene el silencio ante lo que ocurre?

La que burocratiza la miseria?

La que se ejerce cuando pensamos en el merecimiento?
La que espiritualiza sin asumir causas y conflictos?

La que provoca contra un sociedad -yo soy parte de ella- que ha banalizado el mal y espectacularizado la crueldad?

miércoles, 30 de diciembre de 2020

nuevo año en libertad...

Acabamos el año visitando a distintas personas en diversas cárceles de Madrid. Cuando contemplas, de cerca, lo que a otros les falta, no queda más remedio -por honestidad y con agradecimiento- valorar más, si cabe, lo que uno tiene. Esa de la que tanto hablamos, a quien traemos acá o allá, de quien nos sentimos tutores, aseguradores, posibilitadores…: la LIBERTAD.

Cuando ves de cerca jóvenes que -por distintas razones- están privados de ella, no puedo menos que pararme y pensar si la libertad que les falta no será consecuencia de la libertad que no tuvieron.

Ese joven sirio, primerizo en su entrada en la cárcel, que no asume estar privado de ella. Que no entiende mucho castellano y mal lo habla y no acaba de saber porqué está ahí. Desde los 11 añitos bregando en este mundo por, precisamente, conseguir la libertad -para él y los suyos- y acaba viendo como ésta le es privada. Huyendo de una guerra que se alarga en el tiempo y enfrentado a otra guerra, farmacológica, que le tiene ausente y colabora también en las causas de su privación. Sólo espero que este año que inauguraremos le sea más propicio. Su impotencia, espero equivocarme, le puede llevar a acabar con esta limitación de manera abrupta y sin solución.

Sin embargo, a quien visitamos esta mañana es otra vida rota, pero con una larga experiencia en estas privaciones de libertad. Qué medida del tiempo tendrá alguien que es capaz de decirte “esto ya es pan comido” cuando aún tiene por delante más de 30 meses de privación de libertad, y no pocos años encerrado en distintas cárceles. La pobreza sumada a su adicción le arruinaron la vida. ¿La pasada solamente? ¿qué futuro soñar con un pasado tan mísero y un presente tan fuera de la realidad?. Qué experiencia de encuentro, de límites, de humanización puede tener quien, durante tantos años, lleva conviviendo con autoridades impositivas que no son capaces de acompañar, de corregir, de animar… más allá de poner “partes” de conducta que provocan, vez sobre vez, la cárcel dentro de la cárcel: el aislamiento.

Llegas con la ilusión de visitar a la persona estimada y sales con tal desolación, que el frío de estas mañanas parecía mecerte frente a la sinrazón de estas instituciones totales y cerradas. Lugares donde la norma, las más de las veces, está atravesada por la arbitrariedad del funcionario que la aplica. El cuaderno de notas que ayer se me prohibió introducir “por razones de seguridad”, hoy me acompañó casi hasta la cocina en otra cárcel.
Acabamos el año lleno de temores, sufrimientos y despedidas. No sólo por el maldito Covid. Este se está convirtiendo muchas veces en la excusa institucional para la desidia o el recorte de Derechos. Los hombres y mujeres que sufren no aparecieron el 15 de marzo de 2020. Espero que este 2021, entre todas, seamos capaces de revertir tanto dolor: acogiendo, acompañando, empatizando… y el mundo que habitamos sea un pelín más habitable.
Feliz Año Nuevo!!

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Me ha tocado la lotería...

Me ha tocado la lotería. Si amigos y amigas, me ha tocado. Tantos años participando, tanta inversión hecha, tantos anhelos proyectados… y por fin ha caído mi número. Y, además, se han debido conjurar los astros porque resulta que llevo montón de papeletas del mismo número.

Si, compañeras y compañeros, os escribo para comunicaros que estoy Feliz, me ha tocado la lotería… 

Ahora veremos si soy capaz de organizar bien el reparto…

La lotería me tocó esta mañana, cuando tomando un café con una madre que lleva más de 70 días con la luz de su casa cortada -en la Cañada Real- me contaba cómo había preparado -en la oscuridad del amanecer y con mucho frío- el traje de tul que su pequeña luciría en la fiesta del cole. Cómo, ante la pregunta de su hija de cuatro años: -mama ¿porqué este año no has encendido el árbol de Navidad? - ella valiente y con una gran dignidad la ha contado un cuento sobre cómo ilumina más aquello que se presiente entre tinieblas. Me tocó la lotería al comprobar la fuerza que esta mujer proyectaba sobre quienes escuchábamos su relato en medio de la desolación y dificultades por tantos días sin energía eléctrica. Y, además, sonreía al contar la cara de sorpresa de su criatura. 

Me volvió a tocar la lotería cuando compartí la mesa con los chicos de casa tras una turbulenta mañana. Tras una discusión -donde acabaron a mamporros- fueron capaces de sentarse en una misma mesa y compartiendo un plato caliente, intentar sopesar en qué se había sobrepasado cada uno. Si los mamporros nunca solucionan nada, menos contra quienes compartes la vida y el futuro, incierto, pero lleno de ilusiones y deseos. Me tocó la lotería al experimentar cómo, en una mesa compartida, los tortazos pueden ser transformados en respeto y ocasión de ponerse en el lugar del otro.

Me tocó la lotería cuando, a media tarde, en la maravillosa soledad del despacho parroquial, atrincherado como estaba con todas las persianas bajadas, una mujer insistió -porque tenía hambre- tocando el timbre y me hizo dejar mis etéreas cavilaciones y abrir la puerta. De la desesperación por no tener que comer acabamos hablando de lo divino y lo humano. De la necesidad que tiene este mundo de “decrecer” y ser más solidario. De cómo ella, me contaba, sufría más por no poder dar de comer al vecino hambriento que por no poder llevarse un mendrugo a su propia boca. Me tocó la lotería al comprobar, una vez más, el ejemplo que siempre da quien menos tiene.

Y así transcurría la tarde, escuchando el alborozo de aquellos a quienes el boleto de lotería había agraciado con dinero y descorchaban botellas de champan. El sorteo continuaba y volvió a sonreírme la suerte.


Me volvió a tocar la lotería, esta vez en una mujer menuda, jubilada, que había atravesado Madrid en transporte público para entregarnos un pequeño dinero de su exigua pensión que este mes, indicaba alborozada, era doble por la paga extra. Una mujer zamorana criada en Galicia que, buscando mejoras para su vida, acabó recalando en el Madrid de la postguerra. Contaba que no entendía cómo algún ser humano -y enfatizaba: menos un español- podía poner problemas a las personas que necesitaban moverse entre ciudades, países y continentes en busca de mejoras para su vida. Que en su vida, desde pequeña, sus mayores la habían hablado de lo bueno que era mezclarse, viajar. Que cuando estos viajes y mezclas son fruto de la imperiosa necesidad de asegurar la vida propia y de los tuyos, entonces migrar no sólo es un derecho sino un canto a lo mejor del genero humano. Vaya lotería escuchar a esta mujer. Sin gran formación universitaria, pero con un sentido común tan lógico y honesto que sentí cómo la sonrisa de la lotería volvió a aparecer en mi rostro. Otro premio, y no de los últimos pequeños, había aparecido en mi vida.

 

El sorteo toca su fin. Los últimos números, como perezosos, iban apareciendo. La tarde oscura y nubosa se atrincheraba en el barrio. Las farolas apenas llegaban a alumbrar el paso de la acera y el rocío empapaba a todo aquel que osaba pasear.

Se barruntaba las últimas posibilidades de ser agraciado. Casi no quedaban números ya por aparecer.

 

Yo había quedado con un grupo de amigos y amigas con quienes, de vez en cuando, nos juntamos a leer colectivamente el Evangelio, compartir la cena y achucharnos. Esto último no lo pudimos hacer, pero si que estuvimos dejando resonar, en la incertidumbre que cada una vivimos y en medio de mil batallas en las que andamos enredados, esa llamada a la confianza y la alegría que el relato pone en boca de María, la de Nazaret. 

 

Menudo premio me llegó al final.

Poder conversar intentando que la Buena Nueva de Dios empape mi vida. Cuando el bombo de los premios parecía ya vacío, volvió a salir mi número, me tocó la lotería y la invitación a la Esperanza se hizo más evidente, más posible, más verdadera.

Como veis, me ha tocado la lotería y quería compartirlo con todas vosotras y vosotros.

miércoles, 1 de julio de 2020

hasta siempre "capitán"


Llevamos tres días a los pies de la cama hospitalaria del “capitán”. A sus 74 años y con una metástasis diagnosticada el pasado mes de diciembre, arrebata ya los últimos alientos de vida después de ser sedado hace tres días.

El Capitán es una persona peculiar, compleja. Con una desconfianza a todo lo que a su alrededor se mueve. Tanto es así que, incluso ya hospitalizado (casi ha cumplido 2 meses en un centro de paliativos), no cesaba de mover la cabeza cuando escuchaba algún ruido o alguna voz que él presumía no debía estar junto a nosotros.
Casi la mitad de su vida se la ha pasado privado de libertad. Aún hoy pende jurídicamente sobre su existencia un montón de años de condena que, la enfermedad y su propio proceso personal, han hecho no tener que pagar.
Es verdad que estos  20 años de relación no han sido siempre fáciles ni sencillos. Seguramente por mi prepotencia al pensar que tenía respuestas para todos los retos que su compleja vida planteaba. Quizás también por su dureza que transformó en una  inquebrantable fidelidad y en un empeño de que nadie me pudiera dañar. Esa dureza en la fidelidad le hacía a veces “atropellar” a las personas que nos rodeaban.
La última vez que vino a vivir con nosotros sólo le puse una condición: que ejerciese de “abuelo”. Que no pretendiese educar a los otros chicos -mucho más jóvenes que él- con quienes compartíamos la casa y la vida. Y es verdad, ha funcionado. Se lo ha currado. No hay más que ver el cariño con el que le visitan y, todos y todas juntos, estamos aquí acariciando sus hinchadas manos y no dejándole sólo ni un minuto. Cuando siembras cariño recoges cariño. Eso, al menos en esta última época de su vida, ha sido así.
Al capitán (en casa había otra persona de su edad a quien llamamos el abuelo, y era la manera de distinguirlos por que encima los dos tienen el mismo nombre) le conocimos estando preso y el Magistrado al que le correspondía resolver sobre sus permisos nos habló de una persona que debía salir de permiso, aunque fuese un día.
Lo organizamos todo, desde la Asociación APOYO, para pasar el día en las Lagunas del Campillo, en Rivas. Un grupo grande de amigos a los que él no conocía, un montón de peques, una  comida casera… un sábado precioso parecía… Lógicamente aquel plan no parecía el más deseable para una persona que llevaba casi 15 años seguidos en prisión, sin visitas ni permisos.  El buen hombre aguantó y, a partir de ese día agridulce, se fraguó una relación que nos ha traído hasta aquí.
En el silencio de esta magnifica habitación hospitalaria, escuchar ya sólo su débil respiración conmueve. Una persona tan engreída, con tantas acciones en su vida que le hicieron dilapidar su existencia, con un convencimiento “taleguero” de lo que es la fidelidad para con quienes le habíamos ofrecido una mano, le han convertido (y no es blanquear en absoluto una vida tormentosa) en una persona sujeto de conmiseración. No se arrepintió de lo hecho (seguro que el buen dios le da una achuchón lleno de misericordia) pero si ha habido algo que le torturaba, en esta última etapa de su vida: el bien que no hizo o las oportunidades desaprovechadas de haber podido vivir de otra manera.
Estar expectante ante un desenlace vital no es sencillo. A pesar de las muchas muertes que hemos acompañado, no curten estas experiencias.
Sin embargo, pensar cómo podemos querer vivir, qué necesaria es la confrontación personal, la capacidad de asumir errores… situaciones que ya él no podrá remendar, pero que nos deja como legado a quienes -a pesar de la tristeza y vicisitudes de nuestra vida- venimos detrás.
Me quedan las últimas palabras que nos dijo el sábado: SER FELICES.
Como memoria, como homenaje y como sabiduría vital, nos hemos de empeñar en ello.

jueves, 9 de enero de 2020

pequeños viajeros de eternidad


Comenzamos el año, ya pasados ocho días, con noticias que seguramente no tendrán el impacto necesario en el tiempo que otras cuestiones definidas como de las “importantes”.
Andábamos atentos a las noticias que nos ofrecían las amigas de #caminandofronteras sobre una barca llena de personas camino de las Islas Canarias cuando, de repente, esta búsqueda se mezcló con la terrible noticia del niño de 10 añitos hallado muerto en el tren de aterrizaje de un vuelo en París procedente de Costa de Marfil. Este colapso no paró ahí. Muy pronto nos llega la noticia de que una de las mujeres, tripulante de esa barca camino de las Islas Canarias, había dado a Luz. Nos movemos entre la alegría del nacimiento y la desolación de la muerte. Sin embargo, el panorama se vuelve sombrío cuando la rapidez de las noticias nos alerta de la muerte de ese bebé nacido en pleno mar. ¿Porqué? ¿Será alguna señal de los astros, ancestros, dioses u lo que sea respecto al cuidado que debemos a los más pequeños en este nuevo año recién inaugurado? Unos andan profetizando lo peor ante un nuevo gobierno salido de las urnas. Los otros, a la contra, sintiéndose hacedores de todo lo bueno que pueda acontecer en el futuro. Y mientras, en la mar, sobre nuestras cabezas a muchos metros de altitud, lo más sagrado que tienen las civilizaciones -los niños y las niñas- mueren de manera perfectamente evitable y, lo que es peor, sin identificar claramente los responsables. ¿Será pues que todos somos, de alguna manera, corresponsables de estas muertes que, por número y coincidencia se están convirtiendo en terroríficas cifras?
No sé si esa pelea acomodada entre los profetas de lo peor y los camicaces optimistas será capaz de solventar las necesidades que muchas personas tienen de poner en juego su propia vida y, seguramente, la vida de sus seres más queridos por ser los más pequeños.
Nos preocupa mucho que las muertes “inocentes” no queden en el olvido. Caer en eso sería asestar un golpe maléfico a nuestra débil humanidad. A los empobrecidos, a los más vulnerables e inocentes entre ellos, les debemos esa memoria que haga saltar por los aires todos los odios, prejuicios y prevenciones hacia los otros. Más cuando estos otros son personas pobres. Les hemos arrebatado la vida, no les arrebatemos la dignidad.
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domingo, 15 de diciembre de 2019

Feliz Navidad!!


No sé cómo fue el nacimiento de Jesús. Más allá de las bellas tradiciones no acierto a imaginarme lo que pudo ocurrir en realidad.
Si sé lo que se debe sentir al verse despojado de lo fundamental. Más siendo pobre. Más siendo niña.
Nuevamente anoche quedó un papa con cuatro criaturas en la calle. Todo el día buscando posada, llámese hoy “atención” por parte de los Servicios Sociales Públicos. Finalmente la solidaridad y acompañamiento hizo posible aquello que -para quienes tienen la responsabilidad- pareció inaudito: que esta familia pudiese dormir bajo techo, calentitas y que, al menos las pequeñas, no volvieran a sucumbir al fantasma del miedo que las hizo huir de su violento país.
Que maravilla de naturaleza. Que privilegio poder hacer de animal en este pesebre improvisado de San Carlos Borromeo. Dar calor para, entre todas, sentir el calor humano que nuestras instituciones, sus patrocinadores y quienes las dirigen no quieren ofrecer a cuatro criaturas que, por culpa de la violencia, andan vagando por nuestro pequeño mundo. El temor provoca inquietud que mantiene despiertos. La confianza crea seguridad y ésta hace dormir plácidamente. Ahí esta la pequeña, acurrucada en un viejo jergón tapada por una manda generosamente ofrecida por la vecindad. Esta que, más allá de redes sin rostro, acaricia y fortalece dignidades.
Pasa el día, los cansancios arrecian y la indignación se suma a esta coral de despropósitos. Al fondo se oyen tañer campanas de algún majestuoso templo, más cerca las luces de los “indignos” ciegan aquel que pretenda mirar la realidad de esta sagrada familia. En el campo de fútbol se escuchan inultos a quien se prodiga contra el otro. Los indignos se levantarán mañana vociferando contra quienes denuncian y rechazan a quien previamente se mostró inhumano con lo humano. Y una niña seguirá durmiendo en un camastro porque ellos -los que envenenan ríos, criminalizan defensores y se enriquecen con la corrupción- no tuvieron tiempo de acoger a quienes recibimos con gusto sabiéndole imagen del mismo Dios.