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martes, 11 de marzo de 2014

10 años... y la muerte a las puertas...

Llevo a la criatura al instituto y paso por la estación de tren de Santa Eugenia. El remolino de personas y medios hace notar que hoy recordamos algo importante.
Atravieso el Pozo, camino de la parroquia, y vuelvo a presenciar la misma escena. Remolinos de gentes, junto a periodistas, recordando aquella trágica mañana de 2004.

Más allá de verdades históricas, sentencias judiciales y responsabilidades políticas (estas siempre serán de "los otros"), lo cierto es que las tragedias a nuestro alrededor siguen minando y acompañando la vida diaria. Si los dolores no son comparables -cada uno siente legítimamente los suyos- sí que asistimos a una
diferencia en el trato a quienes son sujetos de los mismos. Trato que diferencia claramente entre aquellos víctimas de un terror desconocido y quienes sucumben ante la iniquidad victimaria de personajes con rostros e identidad concreta y conocida.
Durante el día de hoy, con razón más que sobrada, se hablará de memoria. Se escucharán discursos haciendo memoria de los trágicos sucesos. Se realizarán gestos, religiosos y civiles, por la memoria de las víctimas.
Pero en ella, en la memoria de quienes han muerto, se establecen excluyentes agravios entre las víctimas del terror y las víctimas vencidas. A las primeras se las recuerda, homenajea, enardece... A las segundas se las ningunea, se las entierra con prisa y ceguera y, siquiera, hay tiempo para hacer gestos de adiós por las autoridades políticas y religiosas.
No habrá un futuro posible sin memoria de quienes cayeron víctimas del terror y la injusticia. Esta mañana, las manos de los exterminados -en los trenes y en las fronteras- se juntarán en ese misterioso espacio donde todos, al final de los días, llegaremos.
La historia ha de construirse desde los últimos, desde las víctimas de quienes detentan poderes inhumanos que hacen que la vida del otro sea insignificante. Si la memoria no es subversiva para que los victimarios cesen en su empeño, los tributos hechos para con sus víctimas serán, simplemente, bálsamos temporales para la ignominia y la infamia. Y de esta sabe mucho la historia de la humanidad.

sábado, 22 de febrero de 2014

mercado...

Es una palabra bonita. Con referencias entrañables al paseo semanal que las familias debíamos realizar con el fin de conseguir los víveres. Lugar de encuentro y de exposición de aquellos alimentos que, temporada tras temporada, la naturaleza iba ofreciendo.
Igual que hoy encontramos cualquier fruta todo el año -más allá de la temporada- esta globalización existente de la materia -responsable de esta intemporalidad- ha prostituido, una vez más, el lenguaje. Así el mercado, y su libertad, ha ocupado el primer puesto en la jerarquía sobre la que se construye el contrato social. Los partidos y sus gobiernos han quedado esclavos de esta autoridad económica y financiera: el MERCADO. Su libertad ha ocasionado que aquello que él señala como interesante para su crecimiento y omnipotencia puede vivir. Todo lo que no sea controlado, manipulado y querido por este... está irremediablemente llamado a su aniquilación, exclusión e invisibilización.
acción "manta blanca"
Esta mañana de sábado participamos en la acción "Manta blanca. Contra la penalización de la manta en el código penal". Junto a una importante marea de ciudadanos solidarios y personas sensibles a la terrible realidad que tienen que sobrevivir aquellos que migran y logran llegar a nosotros, también ha pasado gente que rechazaba dicha acción. Toda la queja es el genérico referido a que nos quitan el trabajo, venden falsificaciones, o no pagan los impuestos.
Sin embargo, con algunas de esas personas que tuve la oportunidad de hablar, la conclusión final es que más nos roban los bancos, que el problema no es la falsificación sino que no paguen, que la corrupción viste de corbata y puebla grandes banquetes... Curiosamente aquello que es la base del libre mercado (banca, falsificación, corrupción...), parece travestirse en problema a rechazar cuando el mercado libre lo detentan los empobrecidos y excluidos del sistema.

domingo, 5 de diciembre de 2010

re-conversión

Entre los privilegios con quienes convivimos está, sin lugar a dudas, la relación con aquellos que vienen de fuera. Que no tienen nuestra cultura, ni nuestro lenguaje, tampoco nuestras tradiciones folclóricas y mucho menos los sabores culinarios. Pero "son de los nuestros".
Ayer tarde, en una fiesta de folclore peruano que tuvimos en San Carlos pude vivir esa experiencia.
Más allá de la música y los trajes vistosos, tomé un té con la familia marroquí vecina, estuve s
entado junto al matrimonio rumano refugiado en San Carlos y compartí la aficción a la fotografía con un joven gambiano. Todo eso aderezado con la música andina de distintos países del altiplano latinoamericano.
Tenemos, en esta mañana de domingo lluviosa y gris, una llamada imperativa en el evangelio que leeremos a la "conversión". Quizás habría que traducir a la re-conversión. Tras tantos años de institucionalización religiosa estamos invitados -tenemos que volver- a las fuentes de la Buena Noticia. Y esta no vendrá encorsetada en ritos, exclusiones o prerrogativas hacia el poder.
La diversidad, el encuentro con los otros, la expectación para descubrir cuáles puedan ser hoy los espacios donde la buena nueva es acogida, encarnada y cuidada es tarea de todos. No podemos sustraernos a esta invitación.
Es un mundo cada vez más vuelto hacia sí mismo, procurando excluir de nuestras "fiestas" a quienes no tienen, quienes vinieron por el "efecto"huida: huida del hambre, de la pobreza, de la desesperanza...
Esta misma semana, como la cara oscura de lo que nos acontece, vienen varias personas contándonos cómo actúa la policía contra las personas sin papeles: les citan en su propia casa para que acudan a comisaría donde les abren un expediente de expulsión. Semejante atropello, expresión de los comportamientos más bajos y rastreros que pueda tener una sociedad que se denomina democrática, no puede consentirse, tenemos que rechazarlo no sólo de palabra. Hay que acompañar a todas esas personas sin papeles entre nosotros para que no acudan a esas lamentables llamadas que las fuerzas de seguridad está realizando con el fin de atemorizar, controlar y expulsar a "unos de los nuestros".
Que lejos y qué posibles quedan aquellas esperanzas del profeta: "Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastoreará"