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domingo, 13 de diciembre de 2009

Familia

No comparto ese empeño agorero que algunos continuamente lanzan sobre la familia y lo que esta significa. Ayer mismo, sin ir más lejos y recompuesto de una resaca profunda de satisfacción, celebré con mis más de 20 primos y primas la cena -hace más de cinco años habitual- de Navidad.
Con uno de los primos mayores comentaba la expectación que entre algunos de nuestros respectivos amigos y en diferentes ambientes supone juntarse a cenar los los primos, con la familia. Es curioso, coincidíamos, que lo que para nosotros es un encuentro gustoso, fraterno y esperando, llama la atención en otras personas como situación de excepcionalidad. Sinceramente, estos últimos, me dan pena. Esto de la familia, y tan amplia como la nuestra, es tan enriquecedor...
Claro que somos diferentes y afortunadamente muy diferentes. Sin embargo la capacidad de mantener esta vinculación es posible gracias al empeño en no buscar lo que nos pudiera dividir, distanciar e incluso enfrentar. Sin que esto anterior presuponga que los encuentros son superficiales, frívolos o estériles. !!Que va¡¡.
Reconocer la diferencia y hacer de esta no un problema u obstáculo cuanto un motivo de acrecentar el acercamiento y el achuchón, es una de las razones -a mi entender y sin haberlo comentado con ninguno de los primos y primas- que hacen estar deseando esta cena cuya excusa es la proximidad navideña.
Recordar a los que ya partieron, contemplar cómo aquel cuya vida anduvo descarriado se dedica ahora, precisamente, a encarrilar las aguas de las casas... como quien trabaja de portero sigue empeñado en hacernos cantar, aunque desafinemos y su dirección de orquesta no acabe de ser satisfactoria... y aquella que no tiene reparo alguno en adueñarse del micrófono para animar y alentar el baile... o quien desde su negación al baile sigue registrando lo acontecido en fotos y películas....
Todos, cada uno y cada una desde nuestra peculiar forma de ser, somos capaces de profundizar en esa vinculación aguda y perenne de sentirnos familia y necesitar estos encuentros. Así, será posible que aquellos agoreros sigan sin vencer las vinculaciones familiares que existan y que nosotros, en nuestro caso y a nuestro modo, tanto disfrutamos.
Como dice, año tras año, el primo encargado del brindis inicial de la cena esperemos que nuestros hijos y los nietos de los hijos puedan seguir recordando con orgullo y dignidad que su cariño, amistad y fraternidad la deben, como nosotros, a los ancestros de nuestros mayores que pusieron la semilla inicial de esta familia.

lunes, 26 de octubre de 2009

Inmigrantes: humanos...

Hemos asistido, durante este fin de semana, a la oportunidad de acoger, cuidar y acompañar al grupo de más de 40 personas que desde el pasado mes de Septiembre han caminado hasta Madrid con el objeto de mostrar públicamente su rechazo a la política de extranjería que los diputados españoles -con honrosas excepciones- están diseñando y que será plasmada, me temo, en la aireada reforma de dicha ley que el Gobierno presentará.
Una vez más es atronador el sentimiento de solidaridad desplegado por esas personas anónimas -bien conocidas por muchos de nosotros- que sin grandes discursos, recursos ni miramientos se ponen manos a la obra y preparan comida, adecuan espacios para dormir y salen "gritonas" a la terraza de San Carlos Borromeo para recibir con júbilo a los marchantes que llegaban, el sábado, al atardecer.
Es estremecedor conocer, de primera mano, las historias personales, familiares y colectivas de quienes habían recorrido más de 620 kilómetros a pié con el fin de visibilizar su situación. No sólo la personal, cuanto la estructura político y económica que aterra y encierra tantas esperanzas y proyectos personales. De hecho, entre los marchantes - nunca menos de 40 en el mes de duración- no sólo hay parados. Alecciona la historia de un joven pakistaní emprendedor, que con más de diez años en España ha montado dos restaurantes de comida típica y ha alimentado durante gran parte de la marcha a sus compañeros "andantes". O ese otro joven nicaragüense que, trabajador en una empresa, disfruta su mes de vacaciones emprendiendo la marcha junto a sus compañeros. Cuentan y cuentan sin parar.
Ellos refieren como "tremendamente transformadora" la experiencia de la caminada juntos a otros compañeros. Nosotros advertimos como "tremendamente esperanzadora" la oportunidad que nos brindad de acogerles, de tenerles en medio de nosotros y aprender de sus vivencias e historias personales. Sólo en encuentro con el otro nos hace capaces de ir rescatando lo mejor de uno mismo.
Así llegó el domingo en la mañana. La parroquia atestada de gente. Tres autobuses venidos desde Cataluña. La bodega asaltada solidariamente en un desayuno comunitario y preparatorio de la marcha hasta el Museo Reina Sofia. El cansancio de los marchantes, haciendo pareja con la emoción de los que nos agregamos, nos pone en camino hacia legazpi. Recorrido rápido y traspasado de mucha solidaridad que despierta el atasco que vamos formando por la avenida de entrevías, y que algunos conductores expresan haciendo sonar sus claxon y animando a voz en grito por las ventanas.
La llegada a Legazpi parece sucumbir en los anhelos de aquella salida que ya queda lejana del pasado 23 de Septiembre en Cataluña. Cuantos encuentros, experiencias, sufrimientos han acumulado estas marchantes que advertir la cercanía de la plaza, donde se concentran ya unos centenares de ciudadanos solidarios, hacen que alguna lágrima se derrame por el curtido rostro de quienes llevan más de 600 kilómetros bajo sus pies.
En tono de fiesta y alegría, la misma que aparentan las colores de las diferentes banderas que han ido sumándose a esta iniciativa, hacen que la subida por la calle Delicias parezca más una carrera que una tranquila marcha reivindicativa. Y ahí estaban, esplendorosos sabiéndose sujetos de un momento histórico -quizás irrepetible- pero que al menos a ellos , y a quienes hemos tenido la suerte de participar, aunque sea en el tramo final, nos hace sospechar que más allá de la aprobación de una ley injusta e inhumana que un gobierno que se dice de izquierdas quiera aprobar, el encuentro entre personas es capaz de hacer saltar rejas, puertas, muros, fronteras y distancias por altos que sean los primeros y lejanas que parezcan las últimas.