
14 kilómetros. Esa distancia separa la Puerta del Sol, punto neurálgico de Madrid, de la Cañada Real, que lleva casi 6 sin luz. 14 kilómetros separan la costa europea de un continente empobrecido. 14 kilómetros: una distancia muy larga para quienes se ven obligados a recorrerla cada día. Con este blog pretendo visibilizar y rendir homenaje a todas esas personas que andan por los márgenes de la exclusión y la violencia.
domingo, 10 de julio de 2011
cárceles de niños, nuevamente

sábado, 6 de febrero de 2010
donde dije digo, digo diego
El menor, de origen camerunés llegó a la península en patera. Desde que arribó a las costas granadinas declaró que era menor de edad. La comunidad andaluza no debió darle veracidad a su declaración. Llega a Madrid y la comunidad madrileña acoge llevándole a vivir a un hostal. Le llaman el programa de "vida independiente". Que por cierto, la misma Comunidad de Madrid, lo va a cerrar. Pues aquí decide, el pasado día 3, que este muchacho es mayor de edad. Tiene pasaporte expedido en la embajada camerunés en España donde certifica que es menor de edad.
La comunidad de Madrid, decide hace tiempo, llevar a todos los menores indocumentados (no es el caso del joven camerunés que posee pasaporte) a una clínica privada donde, curiosamente, es el mismo doctor quien siempre determina que los muchachos que le llegan son probablemente mayores. El día 4 de febrero decide "cesar la tutela" en base al informe médico -pruebas oseométricas- donde se asegura que "probablemente este muchacho esté en torno a los diez y ocho años de edad". Efectivamente él dice ( y así lo indica su pasaporte) que tiene 17 años y seis meses. Pues la administración, haciendo caso omiso al pasaporte y a un certificado emitido por el embajador de Camerún en España indicando la veracidad de dicho documento, decide dejarle en la puñetera calle. Además, la comunidad de Madrid, denuncia al menor por "falsificación" de documento público.
El fiscal de menores, por ley responsable de los menores, indefensos y víctimas, hace oídos sordos a la documentación presentada y sigue ciega y "vergonzosamente" lo dictado por la entidad pública. Confirma que el menor es mayor y le confirma su protección: a la puñetera calle.
Al final la presión social nos hace llegar a hablar con el fiscal jefe de Madrid, a las 22h., a quien le planteamos el problema originado con su subordinado y solicitamos el amparo necesario para que este menor siga siendo protegido por quien por ley tiene la competencia y ha dejado de cumplir su función.
Efectivamente, el fiscal jefe ordena poner orden en tamaño despropósito y le manada al fiscal de menores que ordene el ingreso del menor camerunés en una centro de acogida y protección.
Pero ¿cuántos chavales no tienen detrás un grupo de apoyo y solidaridad? ¿porqué es tan habitual que esta persecución se lleve a cabo contra menores subsaharianos? ¿por qué siempre es el mismo médico de la misma clínica privada quienes dictaminan la mayoría de edad de menores subsaharianos? ¿porqué no se utiliza el hospital publico, LA PAZ, donde siempre se hacían dichas pruebas radiológicas? ¿qué seguridad tiene cualquier ciudadano que ve anulada su identidad por el empeño de una administración pública? ¿para qué poseer documento de identidad personal si lo que dictamina nuestra edad es una radiografía? ¿qué responsabilidad exigir a la comunidad de Madrid y a la fiscalía de menores respecto al desamparo que crearon en un menor inmigrante no acompañado? ¿dónde está el cumplimiento de tratados internacionales -suscritos por España- que obligan a dar validez a los pasaportes expedidos mientras la embajada no dictamine que son falsos? ¿cómo va a tratar el asunto el Ministerio de asuntos exteriores cuando se entere que la administración publica española ha llamado mentiroso al embajador de camerun en España al no hacer caso al certificado expedido por este respecto de la documentación de un ciudadano de su país?...
En fin montones de preguntas que se me agolpan en los dedos al teclear y que confirman que cada vez los derechos de los ciudadanos son más emponzoñados por las administraciones públicas y algunos de sus layacos funcionarios.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
Asistimos ayer tarde, bajo un cielo encapotado y una lluvia que parecía jugar al gato y al ratón de tanto aparecer y desaparecer, a una manifestación reclamando, entre muchos gritos solidarios y desesperados, la NO PRIVATIZACIÓN DE LA SANIDAD. Empeño este de nuestra Presidenta Comunitaria que, emborronando su bello nombre, no hace más que privatizar y privatizar todo lo posible. Se recordaba continuamente la complacencia del partido mayoritario en la oposición madrileña en sus devastadores desmanes. Tiene una vocación empresarial descomunal y ahí anda vendiendo al mejor postor lo que nuestros mayores, con tanto esfuerzo y sacrificio, construyeron estos decenios pasados: los servicios públicos. Que si están dejando de ser públicos no tardarán mucho en dejar de ser servicios, para transformarse en rentabilidad. Y ésta, aunque medie la salud. Así lo atestiguaban muchos médicos y profesionales de la sanidad que se unieron a la protesta. No hay duda de que la privatización socavará un pilar fundamenta de los ciudadanos: la salud. Tenemos ejemplos cercanos y consistentes: los servicios sanitarios en Inglaterra y América.
Accesibles a quien se los pueda pagar.Además de esta situación, no pequeña ni ensombrecida, quería traer aquí la sensación que circulaba entre muchos de los presentes: mayoritariamente de edad avanzada, pocos jóvenes, y muy poca gente, para lo que nos jugamos. ¿Qué nos ocurre? ¿no somos conscientes del futuro personal que hipotecamos si seguimos permitiendo la privatización de nuestro bienestar? ¿flaqueamos cuando de salir a la calle a reivindicar se trata? ¿nos ha engullido la corazonada?
No tengo claro el análisis. Sólo me asusta pensar que en un barrio típicamente obrero, históricamente luchador, no nos juntásemos ayer más de doscientas personas para reclamar que no privaticen el hospital vallecano y los servicios sanitarios que este prestaba hasta hoy.
Pero ayer no sólo cayo agua y des-esperanza en Madrid. Aparece la noticia de la sentencia ganada por Nacho de la Mata, en la que obligan al gobierno Español a traer a un menor marroquí expulsado del territorio nacional sin ninguna garantía. Si bien es la primera que los jueces dicen que se retorne a España a un menor repatriado ilegalmente, son montones las sentencias en las que los tribunales están diciendo que el proceder de la Delegacion del gobierno y las distinats comunidaddesd autonomas competentes obran de mala fe cuando se realizan de cualquier modo y manera dicha repatriación. Menos mal que estos menores han encontrado a Patuca, Cuca, Sonia, Amanda, Cristina, Eva, Julio Alberto, Mª Angels y tantos compañeros letrados que siguen creyendo que las leyes están para cumplirse o saltarse. Pero para jugar todos en igualdad de condiciones, incluida la Administración.
Y como seguimos viviendo "corre, corre..." marchamos a Valladolid a presentar el libro del periodista y compañero de batallas Nicolas Castellano "Mi nombre es Nadie".
domingo, 26 de julio de 2009
¿Reformar la ley del menor?
Nos han pedido esta semana opinión, para el periódico ABC, sobre el debate creado en torno a los menores y la ley del menor. Estas son las preguntas del periodista Alfonso Armada y las contestaciones que, entre Patuca y yo, hemos elaborado y que hoy aparecen en dicho medio.
¿Es preciso rebajar la edad penal para castigar y evitar este tipo de comportamientos?
Bajo ningún concepto, cuando hablamos de rebajar la edad penal hablamos de aplicar el más riguroso, cruel y dañino de nuestros derechos a la parte más débil y rota de nuestra sociedad, que son los niños que delinquen, hacerlo con niños de tan solo once o doce años significa renunciar a nuestra capacidad para educar, cuidar y corregir a los chiquillos con otros medios. De hecho, chavales que estaban “muy desahuciados” por sistemas públicos de protección y servicios sociales, y les hemos podido ofrecer espacios y ambientes “saludables” han reconvertido lo que era una vida muy quebrada.
¿Es eficaz la ley del menor?
La ley penal del menor no resuelve ni evita la comisión del delito, lo que evita la comisión de los delitos es un sistema de educación formal y no formal que atienda las necesidades de los chiquillos. Debería crearnos alarma social la noticia de que un tercio de los niños en España desaparecen del sistema educativo. Ningún chiquillo analiza la ley penal antes de cometer un delito. La ley penal solo entra en funcionamiento cuando el delito ya se ha cometido.
La función de prevención general del delito, la que hace que no se cometan delito por miedo al castigo, tiene poca significación en los menores de edad. De hecho vemos cómo tampoco “ese miedo” es eficaz en adultos.
¿Cree que el hecho de que no exista un castigo potencia que se comentan estos crímenes? ¿O no se puede hablar de crímenes al estar cometidos por menores?
Cuando un niño menor de catorce años comete un delito debe haber corrección, el niño debe experimentar que sus actos tienen consecuencias, así se genera responsabilidad. Pero lo que no podemos es trasladar esa consecuencia al ámbito penal, con jueces, abogados y fiscales controlando un proceso que los chicos no entienden, que está tremendamente alejado de su realidad de crecimiento y desarrollo personal, y que por lo tanto no les va a ayudar a comprender el daño causado y a responsabilizarse de él.
No es cierto. Las estadísticas del Consejo General del Poder Judicial no denotan un incremento de los delitos cometidos por menores de edad, sin embargo, desde el año 2001, se han incrementado exponencialmente las plazas en centros cerrados y semiabiertos. En Madrid en el año 2000 había 3 centros de reforma con unas 45 plazas, en la actualidad hay 15 prisiones de niños en Madrid. Se castiga y se interna a los niños que cometen delitos, bajo un reglamento homologo al reglamento penitenciario de adultos, pero sin las garantías jurídicas aplicables a estos “porque son menores”. Cuando vamos a ver a menores en cárceles de niños no hay ninguna diferencia en la estructura que en las cárceles de adultos. No podemos obviar que las personar nos construimos en contextos determinados. Qué contexto es una cárcel para construir o re-construir vidas que comienzan?.
¿Responden esos comportamientos a una anomalía psíquica, o denotan un malestar cultural, una enfermedad social, un caldo de cultivo que hace que estos hechos sean más frecuentes y desde sectores afines o cómplices no se vean como aberraciones?
Los niños son el saco de boxeo de nuestra sociedad. Los que más sufren los problemas que afectan a la sociedad española: la pobreza se ha incrementado especialmente en los niños de entre 0 y 16 años, la violencia y agresividad de nuestra sociedad, la falta de referentes en la vida pública que sean ejemplo para nuestros chicos, el sistema educativo sometido a los intereses políticos: todo eso hace que nuestros chavales y chavalas sufran y reproduzcan nuestros males. El mundo del menor es la caja de resonancia de los desastres de los adultos. Cuando una sociedad “teme” a los menores, es que está gravemente enferma. Quienes son objeto de cuidado, acompañamiento y protección nos pueden ser quienes “den miedo”. Estamos en una sociedad muy “desenfocada” respecto a los demonios de la misma.
¿Se trata de epifenómenos contemporáneos o se pueden rastrear en cualquier época?
Imagino que hechos luctuosos de este tipo habrá habido en otras ocasiones. Sin embargo, estamos en tiempos en los que la impronta de los medios de comunicación amplifica aquellos sucesos que estiman pueden ampliar audiencia. A esto, además como señalábamos anteriormente, se suma el hecho de que hayamos puesto la lente social en los sectores más débiles con el fin de criminalizar conductas ocurridas en estos y cegar otras realidades igualmente adversas para el conjunto de la sociedad. Esta sociedad enferma hace que se cometan actos enfermizos. Pero precisamente la responsabilidad de todos, será que esta espiral enfermiza no siga barruntando la sociedad: En este caso la realidad de los niños y niñas.
¿Son casos excepcionales o se puede hablar de una tendencia preocupante?
Como decíamos antes los casos, según las propias estadísticas del CGPJ y
¿Qué le parece la cobertura que hacen los medios de comunicación? ¿El hecho de que susciten tanto interés hace que cobren más importancia de la que en realidad tienen? ¿Cree que la cobertura mediática puede inducir a la imitación?
Por una lado hay una tendencia mediática a enaltecer hechos deleznables con una frivolidad morbosa realmente escandalosa. Por otro hay una conciencia errónea de que los delitos en menores “no se pagan” y puede parecer que las cárceles de niño son hoteles de estrellas o campamentos de verano. Esto es absolutamente falso. Son, en general, prisiones de alta seguridad que si realmente se conociesen por la sociedad, quizás no se pidiese utilizarlas con tanta ligereza. No sé si los medios son responsables de la imitación. Lo que sí creo –pero hay honrosas excepciones entre profesionales periodistas- es que los medios pactan muy habitualmente con ese maridaje entre hecho doloroso y noticia morbosa. Esto, como vemos es ocasiones, sí que es un verdadero escándalo.
¿Están fallando los mecanismos educativos en la familia, la escuela y la sociedad en general?
Tenemos la sensación de que nos han maleducado en la complejidad de lo real. Y esto nos ha llevado a un camino delicado: no sabemos qué hacer en el manejo de los conflictos con nuestros hijos, nuestros alumnos y nuestros vecinos. Pero es que creemos que hay “profesionales” taumatúrgicos que tienen varitas “arregla todo”. Entonces viene la delegación de responsabilidades: los padres en la escuela, esta en los servicios sociales, estos en la policía, está los presenta al juez, y éste –en el mejor de los casos- se toma el tiempo necesario para hablar con los menores e intentar bucear en las causas de ciertos desastres vitales.
¿Hay una quiebra de valores y tabúes?
Efectivamente hay una quiebra seria en el mundo adulto. Los menores no son más que el reflejo, a su modo y saber, de lo que los adultos defendemos, ensalzamos o frivolizamos.
Por ejemplo la autoridad, antes la confería la experiencia, el sentido común, la capacidad de socialización en el entorno. Hoy, ésta, parece venir inyectada en los títulos colgados de la pared de los despachos, o en los votos que a uno le llevan a asumir no se qué responsabilidad pública, o en la paciencia que tenga para perfilar músculos en el gimnasio de turno.
La sociedad está muy ayuna de diálogo, de búsqueda magnánima de hacer bien las cosas, de paciencia ante los procesos personales…
¿En esta violencia contra los más débiles, contra la mujer, se están repitiendo pautas de comportamiento adultas, por ejemplo como en los casos de violencia contra la mujer?
Vuelvo a repetir que los niños y niñas son maestros de la repetición: lo que ven en los adultos pueden repetirlo y mejorarlo extraordinariamente.
¿Qué hacer?
Primero, no recurrir a medidas estentóreas provocadas por el lógico dolor de la víctima. A la víctima hay que consolarla y acompañarla para que drene su desesperación y cicatrice sus heridas, no manipularla partidistamente, lo que perpetúa su condición de víctima.
Segundo, debatir sosegadamente con los actores implicados en la vida de los más pequeños –y ellos como sujetos activos- acerca de sus necesidades, sus miedos, sus frustraciones.
Tercero, intentar no utilizar combustibles para apagar fuegos. No se puede legislar el día del entierro o satisfacer necesidades que aunque legítimas que pudieran chocar frontalmente con las de los menores, sectores más débiles de nuestra sociedad.
Cuarto, focalizar bien acerca de quienes son hoy los demonios de nuestra sociedad, no vayamos a confundir las víctimas con los victimarios.
En cualquier caso nos parece importante recordar que solo se educa por contacto, con el compromiso de compartir con los chicos y chicas sus recorridos vitales, y hacerles partícipes de los nuestros para así encontrar cauces para el encuentro y la recuperación de todas esas vidas rotas.