
Esta tarde nos llaman para informarnos que un joven, Ramón de 17 años, apareció el pasado sábado muerto en el centro "Teresa de Calcuta", en el pueblo madrileño de Brea del Tajo.
Como otras semanas, el joven acude a dicho lugar con el fin de cumplir unas medidas ¿educativas? de arresto de fin de semana. En la mañana de ayer sábado, a las 12h., la familia recibe la la noticia del fallecimiento de su hijo. Les dicen que ésta parece haber ocurrido sobre las 3h. de ese mismo sábado y que en esos momentos el cuerpo ya ha sido trasladado al juzgado de Arganda donde se está procediendo a la autopsia.
En medio de la consternación producida por el dolor, la madre rota y los colegas y vecinos desesperados, no hacen más que relatar el trato humillante que han sufrido después de comunicarles el fallecimiento, más de diez horas después, del suceso.
Una vez más, a la espera de otra segunda autopsia que esperemos se pueda lograr tras parar la incineración prevista para hoy mismo a las 19h. y tras un presupuesto de la funeraria superior a los 3000€, nos surgen y urgen multitud de preguntas. Cómo pudo ocurrir un hecho así? Cuáles son las razones judiciales para permitir la incineración? Porqué no dejan a la familia, en el velatorio, acariciar físicamente al hijo? A qué se debe ese color rosáceo en los ojos del joven finado?
Un menor más a quien se pretende reeducar encerrando y este encierro trae, como cara de la misma moneda, la muerte.