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sábado, 20 de abril de 2019

no reconstruyan Notre Dame


Acabo de llegar a casa tras participar, bajo un manto de agua, en un sencillo –y profundo- acto religioso a las puertas del CIE de Valencia. Las lecturas del Evangelio y del Corán nos han ayudado a ir adentrándonos en esa experiencia tremenda que es saber que tras el desvencijado portón azul se encuentran casi ochenta vidas de personas migrantes cuyo delito es huir de sus países y pretender vivir con dignidad en el nuestro. Eso les provoca la privación de libertad a que se les somete en semejantes (¡e ilegales¡) lugares.

Tras el canto recitado “donde hay solidaridad y Amor allí está Dios”, un grupo de muchachos y muchachas jóvenes nos invitaron a participar en el corte simbólico de una verja. El señuelo de plástico, pero el sueño: derribar tantas fronteras que maltratan y matan, en muchos lugares, a tantos seres humanos. En dicho acto, deslucido por el agua y el viento, nos hemos dado las manos creyentes religiosos y musulmanes, ateos y escépticos… todas esas manos en un deseo común: que las cruces de hoy que se llaman CIE y Mediterráneo y desahucio y exclusión e intolerancia… seamos capaces de vaciarlas de sus víctimas. Lo dicho, acto sencillo pero emotivo y lleno de empeños transformadores.
Inmediatamente, según nos alejábamos de ese lugar de dolor e injusticia, me venía a la mente una petición. Personas de Iglesia; ciudadanos y ciudadanas de bien: no gasten un duro en Notre Dame.
Me parece que sería un gesto tremendamente profético, como todos los que vivimos estos días en diferentes expresiones litúrgicas del camino al que nos invita el tal Jesús. Límpiese esa catedral para que, en lo funcional, pueda seguir dando cobijo, pero no hagamos de las piedras expresión de nuestra Fe. Habiendo tantos templos derruidos por el hambre, las migraciones, la explotación sexual… preocuparnos en reconstruir esa espléndida catedral me parece que sería lo contrario a lo que esos días santos estamos llamados a celebrar.
No gasten recursos en la reconstrucción. Hablen con los donantes y, respetando su voluntad, devuélvanles el dinero. Propónganles otras inversiones más vitales, humanizadoras y simbólicas en pos de una humanidad más humanizada y humanizadora. De lo contrario, si aceptamos esas dádivas y se invierten en oropeles y piedras estaremos alejándonos de la propuesta del dios de Jesús. Cuando con voluntad política y justa distribución de los recursos materiales existentes acabemos o aminoremos los dolores que crea tanta pobreza en nuestro mundo, entonces y sólo entonces, podremos comenzar a pensar si la estética puede estar a la misma altura que la ética.
Por Dios, no reconstruyan Notre Dame.

lunes, 26 de diciembre de 2016

llegamos tarde

Como los magos de Oriente, llegué tarde. Según el relato de los Evangelios, estos también llegaron tarde.
Perdemos muchas veces la oportunidad de estar en los acontecimientos que dan vida, aunque estos vengan cargados de dolor -como los de la mujer cuando está pariendo- o aunque estos vengan traspasados de desolación, como lo que presencié esta mañana en el poblado del gallinero.
Esa joven pareja que, seguramente, podemos pensar que no tiene ningún sentido que estén ya casados, pero así lo están. Esta joven pareja ayer, noche de navidad, no alumbraron vida pero el fuego sí que les deslumbró su precaria existencia. El fuego acabó con todas sus pertenencias. Estas eran pocas. La vida de los muy pobres es una vida que se tiene que vivir al día. Sin grandes acumulaciones. Ni siquiera en el pequeño chamizo que formaba su chabola, su casa, su posada.
Un fuego devoró todo lo que tenían.
Sin embargo algunos, a esas mismas horas –y no nos lamentamos por ello, sólo lo cuento de manera descriptiva- estábamos con una mesa repleta de vida, de gentes -casi seis nacionalidades-, pero también seguramente de “espacios” que podríamos haber abierto a otros. A unos que quizá no conociéramos, a otros porque no sabíamos sus penurias…
Creo que esta Navidad tiene que ser un empujón para ensanchar nuestras mesas, para disponer un nuevo sitio, como aquella canción que hace años ya cantábamos en las fiestas y celebraciones.
Me contaba esta  joven pareja, en medio de la desolación de haber perdido lo poco que tenían, que “no fue nadie”, excepto los vecinos que comparten su misma miseria.  Eso sí, aparecieron los admirados bomberos. Y señalo esto porque es evidente –de lo contrario tendremos que luchar por ello- que los funcionarios, trabajadores de empresas privadas, oeneges… esa gente de lo social,  no tenía porqué estar ayer. Sin embargo lo que nos duele, lo que azuza más el fuego del desconsuelo es que esos que, lógicamente, estaban con sus familias o donde quisieran poder estar, pero que no estaban anoche en el poblado, tampoco esta mañana y no se les espera mañana porque es fiesta… Esos, luego, con tantísima facilidad criminalizan la vida de los pobres y también –si por algo nos podemos sentir junto a estos- critican la acción solidaria de la ciudadanía.

Hay un artículo muy bueno, hoy mismo, de Luis García Montero: "La caridad es una estafa" . Es una reflexión en voz alta sobre la forma de entender la justicia, la caridad, la solidaridad, lo publico, lo privado… Es verdad que este sistema zozobra, más allá de las personas trabajadoras que tienen todo el derecho –y por él también hemos de luchar- de librar, poder estar con su familia, poder conciliar… Sin embargo anoche, y esta mañana, si nosotros hemos llegado tarde , ellos -¿me recuerdan a aquel Herodes del relato del nacimiento de Jesús?- no aparecieron, no deben saber que la vida ya ha acontecido.
Cuando arribamos hoy, aunque tarde, con el colchón, las sábanas, las mantas, la poca leche que nos quedaba en la parroquia y alguna comida que hemos ido pillando aquí o allá, fruto de esa sociedad solidaria, quien sí estaba junto a esa nueva casa, en esa nueva vida que esta joven pareja debe emprender eran los “pastores”. Esos convecinos -también como aquellos, de mala fama, de quien con tanta facilidad se habla mal, a quien con demasiada frecuencia se pretende expurgar su propia vida- sí que estaban. Los pastores del Evangelio llegaron a tiempo, estuvieron presentes en el intento de hacer renacer de esas cenizas una nueva casa, una nueva chabola, una nueva posada.

Aunque tarde, como los Magos, tenemos muchos cofres que compartir…

miércoles, 2 de mayo de 2012

primero de mayo

Sin muchas ganas iniciales, participé esta mañana en la manifestación del primero de Mayo. Las llamadas de amigos preguntando "¿dónde hemos quedado?" y sobre todo el argumento certero y concreto de Sara -una de las madres- "no podemos perder la oportunidad de salir a la calle en estos momentos", me hicieron cambiar la previsión inicial.
Manifestación 1 de Mayo
Ahí que fuimos. Quizás la cantidad de personas no era tan numerosa como en otras ocasiones. No importa, como estaba el helicóptero policial de moda en este último año, es seguro que las cifras volverán a ser motivo de enfrentamiento entre unos y otros.
Más allá de estas, y de los claroscuros y chubascos que acompañaron la marcha, la sensación que me pareció advertir era un tanto confusa. Por una lado miedo a los anuncios futuros. Pretenden convertir los próximos viernes en viernes de dolores con recortes y recortes sobre los sectores sociales más vulnerables. Otros de indignación por las cifras de parados y las consecuencias de estas sobre muchos de nuestros amigos y vecinos. Y otros optimistas respecto a las movilizaciones anunciadas que, dicen, cambiarán el rumbo de las decisiones políticas. La verdad es que no acabo de sentirme encajado en ninguna de estas sensaciones. Comparto partes de todas.
Sol Preparativos fiesta 2 de Mayo
Si bien es verdad que no tenía intención de asistir, el delicado momento que estamos viviendo me animó a estar presente. Creo que tenemos que seguir presentes en la calle. Porque esta, en contra de lo que afirmó el fascista Fraga -y ahora refrescan muchos de sus discípulos- es de los ciudadanos. De todos, pero del pueblo quien habitualmente la transita y disfruta. Es curioso !!y aterrador¡¡ el empeño que tienen los poderosos en hurtar el espacio público para sus negocios y autobombos. Para estos no hay problemas de circulación, seguridad o incordio a la ciudadanía. Sin embargo, cuando la calle se toma para reclamar justicia, declamar que ya está bien de tanto chorizo o en solidaridad con los excluidos entonces, ahí sí, se reclama la utilización del espacio para todos.
Además de la reclamación del espacio, de la calle, también se escucharon -y alzamos la voz- gritos en contra de toda esa serie de medidas económicas y fiscales que están tomando -recortes- que agravan más si cabe la situación de pobreza y desesperación de gran parte de la ciudadanía. Es verdad que muchas de las siglas u organizaciones sindicales con quienes caminábamos no representan, a mi entender, aquello por lo que debemos luchar. Es más "de aquellos polvos estos barros" se ha convertido en una de las contradicciones mayores a las que tenemos que asistir. El circo político está servido. Políticos que han pasado a la oposición ven ahora con malos ojos algunas de las medidas económicas puestas en práctica.
Creo que es fundamental recuperar la calle, decir a los políticos que ya está bien de tanto mamoneo, reivindicar con responsabilidad nuestro derecho a decidir y organizarnos. Alejar de nuestro imaginario la represión, persecución y criminalización a la que pretenden llevarnos los actuales responsables políticos. Quizás, como ya tantos advirtieron en la historia pasada, es momento de no callar. De entorpecer la rueda del capital que destroza tanta vida. De "aguar",  como decía Sampedro, la fiesta de los ricos.

jueves, 9 de febrero de 2012

fríos...

Cuando el cuerpo comienza a coger el calor después de una mañana heladora, recibo la carta que el cardenal de Madrid dirige a los "diocesanos".
Protegidos de la lluvia desde dentro de una chabola
Si el frío me ha calado hasta los huesos, el escalofrío al leer la misiva cardenalicia me deja estupefacto. No sólo me sobrecogió el corazón sino que las entrañas comenzaron a retorcerse como si de una mala digestión se tratara.
Resulta que se pretende organizar otra excursión (que episcopalmente llaman peregrinación) a Roma para agradecer la oportunidad de tantos excursionistas que pudieron venir a nuestro país, eso sí cuando no hacía frío, el pasado verano. Y se quedan tan tranquilos.
¿Qué tendrá esta gente en el corazón? ¿no ven el sufrimiento que existe alrededor? ¿no conocen ninguna familia donde haya una, dos... todos los miembros en paro? ¿no acuden a sus celebraciones jóvenes explotados por católicos empresarios con contratos minis y horas maxis? ¿no saben que desde cáritas se da la voz de alarma por las ingentes necesidades que tenemos que afrontar? ¿que ese poblado que visitó clandestinamente hace tiempo, el Gallinero, tiritaba esta mañana de frío cuando levantábamos a los pequeños para ir al colegio? ¿no lee las noticias que hablan, en esta rica Europa, de personas muertas por el frío? ¿que en cuanto abres una puerta y un caldero, los pobres siguen llegando y llenando el espacio? ¿que hay inmigrantes que no salen de casa por miedo a las redadas racistas de la policía? ¿que hay niños que esta misma noche no podrán comer porque su mama PUTA no encontró a nadie en la calle? ¿que hay familias viviendo en extrema pobreza y un montón más de ellas esperando ser desahuciadas?
La rabia que tengo es tanta...
Interior de chabola. Familia de 6 miembros
¿Cómo pueden organizarse fiestas para ricos mientras tantos ciudadanos/hermanos son empobrecidos y viven en la pobreza aterradora del hambre, el paro y la exclusión?.
Esperando la ruta escolar
Esta mañana nos lloraban los ojos por el frío cuando acompañábamos a los pequeños del gallinero a la ruta escolar. Se agazapaban, intentando cortar el aire, para que el sol les calentase sus manos desnudas fresquitas de pobreza. Sin embargo cuando uno ve tanto dislate la nausea vuelve a aparecer.
¿Qué se necesitara para que la algarabía religiosa deje pasar el mensaje de Jesús?  Ese que nos dijo "tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; estaba de paso y me alojaron; desnudo y me vistieron; enfermo y me visitaron; preso y me vinieron a ver”.
La verdad es que el frío temporal que estamos viviendo se pasa, y con calor y achuchón más rápido aún. Pero esa terquedad de corazón no sabe uno cómo poder colaborar en combatir. Quizás porque lo que trae la naturaleza ella misma lo puede solventar, mientras que el mal que creamos las personas es difícil de extirpar de nuestra vida. Cuando este mal es institucional, una gran bola de nieve tenemos ante nosotros.
Acabo recordando aquellos versos de Pedro Salinas:
Tú vives siempre en tus actos….
La vida es lo que tú tocas
Adjunto carta del cardenal Rouco, con el fin de que vean ustedes mismos:

Carta del Cardenal de Madrid

lunes, 4 de julio de 2011

pobres... e ilusionados

Después de que hayan transcurrido varias horas de lo que voy a contar, aún se me llenan los ojos de las lágrimas que no fui capaz de expulsar esta tarde. La emoción -ese sentimiento grande y complejo a la vez- con más fuerza se me presenta últimamente en forma de lloro.
Hace tiempo venimos acompañando -una de tantas- a una familia afincada en la Cañada Real Galiana. Familia compuesta por el matrimonio, que entre los dos no cumplen a día de hoy 80 años, y tienen ya siete nietos de sus seis hijos. Todos casados a excepción de los dos más pequeños y el penúltimo nieto, que también vive con ellos.
Pues hemos podido dejarle una vivienda que solidariamente nos cede una buena mujer y por la que ya han pasado varias familias que han ido consiguiendo una estabilidad que les permitiera tener autonomía y capacidad de vivir en una casa propia o alquilada.
Pues bien, la entrada de los pequeños de doce, seis y tres años ha sido verdaderamente emocionante; aquello que a los demás nos es común, para ellos ha sido una gran fiesta y ya digo emocionante para quienes, privilegios de la vida compartida, podemos asistir a estas celebraciones.
Así se iban relatando los hallazgos: "mira una cama para cada uno" les dice el mayor a los otros dos, y "una habitación sólo para los buelos" les espeta el padre. Mira se dicen entre sí y un baño. Máma quiero hacer pis", le chilla el pequeño a su abuela biológica y madre de cuidados. "Anda y ventanas" mientras uno y otro se asoman por ambas ventanas de las habitaciones y se dan las manos. "No tires la botella vacía al suelo" advierte la abuela, confirmando que en el campo -esto es la mísera cañada- los niños tiran lo que les sobra al estercolero. "Vaya mesa, de cristal, macho, pacer los deberes" les advierte el mayor a sus pequeños hermanos... y así
descubrimiento tras descubrimiento.
¿Cómo se puede "ser como los demás", "integrarse" viviendo en semejantes condiciones?. ¿Porqué asociamos tan frivolamente la pobreza con la suciedad y falta de estética?.
Esta familia en su nueva casa seguro que seguirá luchando, con esfuerzo increíble y tesón sobrenatural, por vivir con dignidad. Por cuidar lo cedido y seguir mostrando a sus pequeños retoños que la solidaridad entre las personas es el más y mejor don que "eldios" nos ha concedido.
Si entre la primera foto de arriba -lavadora de la chabola- y esta de la derecha -tal y cómo ha quedado la cocina de la nueva vivienda- media una serie de recursos materiales y posibilidades económicas suficientes, qué cambio no se podrá esperar en unas personas que han pasado de habitar la inmundicia y exclusión social a recursos habituales en nuestra sociedad. Quizás, como tantos niños de otros lugares, estos pequeños podrán acudir a la escuela tranquilos porque sus compañeros ya no se mofaran de ellos por el olor de su cuerpo o por la uñas de sus manos.
Lo dicho, todo un sortilegio de emociones que no pueden dejarnos "tranquilos", sino que han de colaborar necesariamente para que esta excepcionalidad vivida esta tarde con esta familia sea el pan nuestro de cada día entre todos aquellos que habitamos esta tierra.

domingo, 20 de febrero de 2011

Antropólogos

Ayer sábado, en la lluviosa mañana que se presentó en Madrid, tuvimos un encuentro con un grupo de antropólogos, estudiantes y profesores universitarios, preocupados por la vulneración de los Derechos Humanos en distintos lugares. Querían conocer la realidad de la Cañada y Gallinero.
A quienes nos lo pidieron estamos ya un poco cansados de "pasear" intelectuales, periodistas, políticos, trabajadores sociales, educadores, voluntarios, salvapatrias... y todos a quienes llevamos a ese zoo de la pobreza que, en ocasiones, parece convertirse la cañada y sobre todo el gallinero.
Les propusimos darnos una vuelta en coche y observar desde fuera intentando ser respetuoso con las vidas de estas personas tan maltrechas en su día a día. Sorprendentemente -digo para lo que habitualmente ocurre- aceptaron y, además, de buena gana. Entendieron que estemos contrariados con esa participación en paseos sobre la vida de estas personas a quienes excluimos.
En el encuentro con ellos, en la parroquia de la cañada, según íbamos contando y ellos preguntando, surgía una reflexión muy frecuente entre quienes participamos: la de profesionales de distintas áreas que participan, pasean, se entrometen, deciden, juzgan... la vida de las personas del Gallinero y Cañada y que poco cambian las circunstancias de quienes habitan esos territorios comanches de la miseria, la violencia y la muerte. Entonces ¿tendrá sentido tanto recurso humanos para tan poco fruto? ¿es que las personas son duras de "cerviz" y no quieren cambiar su estilo de vida? ¿será que hay mucha gente viviendo de los pobres?...
En un diálogo distendido, franco y sincero, se me venían multitud de preguntas que siguen, ahí, insatisfechas. El reto de estar con la gente pobre, esos a quienes llamamos cuarto mundo, excluidos, silenciados, los nadie.... acaba planteándome siempre esta inquietante pregunta: ¿nos necesitan?
Quizás tendríamos que ser capaces, como apuntaba el mayor entre nosotros, de vivir entre ellos, junto a ellos y desde ellos, ir viendo cómo colaboramos en que su espacio y su hábitat fuese más digno y dignificado. Ese
es el reto que tenemos.
Tanto "interventor" voluntario o pagado no puede ser ineficaz en que la vida de estas personas cambie. Y, de hecho, llevan años y poco ha cambiado.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Retorno

Amanece la ciudad entre tinieblas. La niebla ha venido y todo parece tener un color fantasmal. Sin embargo, los fantasmas peligrosos no son los que parecen dibujar los árboles de la calle, cuanto aquellos que parecen impedir a algunas personas poder diseñar su propio futuro.
Ayer por la mañana despedíamos, con el corazón atenazado de emoción, a esa pareja de rumanos que durante más de un mes ha okupado el comedor de San Carlos. Vinieron porque el Ayuntamiento de Madrid -cuyo alcalde brindaba esos mismo días el consistorio a la virgen de la Almundena- ordenó derribar su casa sin darles otra alternativa que la puñetera calle.
Esta pareja había venido a nuestro país hacía más de ocho meses buscando alguna alternativa para poder alimentar a los ocho hijos que habían dejado en Rumanía, su país de origen. Hijos entre 20 y 4 años que vivían al cuidado de un hermano en una chabola de una ciudad cercana a Bucarest.
Pues el pasado jueves les llaman para decirles que el tío ha sido arrestado por coger leña para el fuego y que las otras siete criaturas han quedado al cuidado de... no se sabe bien de quién. El hecho es que los dos más pequeños, de 4 y 6 añitos, han tenido que ser hospitalizados con hipotermia y la situación es delicada.
Hay que ver que lagrimones les corren a la joven pareja de padres, él 32 y ella 36 años, mientras nos cuentan la situación y desesperadamente solicitan, con dolor y vergüenza: ¿qué podemos hacer?.
Inmediatamente buscamos dinero, billetes de autobús y ropa. Mucha ropa. La sensación de fracaso "vital" les asalta en cada mirada y gesto. Las pocas palabras en castellano que saben se tropiezan con las lágrimas, la emoción y la decepción. Sólo atinan a dar las gracias. Los maletones de ropa se van agrandando con las lógicas dificultades de poderlos llevar en el autobús. Viaje que tardará tres días en llegar a la capital rumana más otro tanto hasta poder recorrer los 300km que separan su ciudad de esta.
La joven madre, después de recorrer chinos de ropa con nuestras madres, en medio del dolor y el desengaño por un viaje a España frustrado en sus pretensiones, sólo acierta a decir "mis hijos nunca tuvieron tanta ropa y tan nueva".
Embarcan, las maletas llenas de ropa, el bolsillo con los pocos euros que hemos podido conseguir, los lagrimales purisimos de tanto llorar y el corazón hecho añicos ante tanta adversidad. Cuanto dolor es capaz de soportar el ser humano?
Al fondo de casa suena el "dime niño de quién eres..." y entre villancicos y recuerdos me asalta la respuesta: son nuestros, de quienes hemos tenido la suerte de saber de su historia, compartir retazos de su vida e intentar consolar esa congoja que supone volver a casa sin un duro ni un futuro que ofrecer.

viernes, 23 de julio de 2010

La vida por 300€

Nos despertamos, muy habitualmente, con noticias sobre personas inmigrantes que suelen destacar más aspectos negativos que positivos. O bien porque reflejan actuaciones reprobables -como cualquier otro ciudadano- insistiendo en su origen extranjero como si añadiesen un plus cuantitativo a los hechos que pretenden narrar, o porque se da cuenta de situaciones perversas a las que se somete a aquellos que vinieron a buscarse la vida.
Pues hoy, muy brevemente, quería comentar la situación que vivimos ayer tarde en casa con uno de estos "goliat" llegado en patera.
Hace unos meses le comunican que su padre está muy enfermo. Siendo ya mayor es delicada la situación. A esta natural circunstancia se suma la tragedia de que además es pobre, por lo que no se atisbaba mucho futuro. Hablando con el muchacho e insistiéndole en ver si podía contactar con alguien de Gambia que pudiera asistir de alguna manera a su padre, nos comenta que lo necesario para trasladarle al hospital en ambulancia, ingresarle, diagnosticarle e intervenirle no supera los 300€. Si, si. Una vida valorada en 300€.
Inmediatamente enviamos dicho dinero para que, al menos, pudiera comprobarse si algo se le podía restaurar a este hombre mayor.
Ayer, tras dicha llamada telefónica, confirman que el padre ha sido operado, que la evolución es muy satisfactoria, que le han dado el alta y están esperando que la época de lluvias les dé un respiro para poder volver a trasladarlo a la choza de su pueblo.
La alegría de su hijo, entre nosotros, era tan notable, de tanto gozo y agradecimiento que sólo la oportunidad de vivir unos instantes como estos te hace reflexionar acerca de este nuestro mundo. Que mundo desarrollado es este en el que por 300€ la vida de una persona pende de un hilo. Cuántos recursos invertidos en viajes, congresos, estudios... para estudiar, analizar y programar la vida del mundo empobrecido...
Cuando tenemos la oportunidad de poner rostro a las historias de exclusión, esperanza y lucha nuestra vida tiene necesariamente que dar cambios a mejor: acoger, querer y acompañar se convierten en nuestro trípode vital para poder seguir siendo persona.
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Y quiero también reclamar la intervención de los obispos pidiendo que dejen rezar a los musulmanes que lo quieren hacer en la calle. Imagino que el alcalde de Lleida no dejará que haya procesiones en su ciudad y se opondrá a costear con dinero publico la visita de líderes religiosos a nuestro estado.

domingo, 27 de junio de 2010

Deja que los muertos entierren a sus muertos...

Dura respuesta la que esta mañana, según el Evangelio de Lucas, daba Jesús a un pretendido discípulo que quería cumplir con sus lógicas tradiciones religiosas: enterrar a sus difuntos.
No es, como hemos ido descubriendo poco a poco en el comentario de nuestra celebración, una invitación a olvidarnos de los que ya se fueron. Ni una llamada a la deshumanización pensando fríamente que lo muerto ya no merece ni darle un descanso. No es eso.
Es una llamada a la urgencia. La urgencia de que no haya impedimento alguno en el anuncio de la Justicia, en la creatividad de la vida, en el descubrimiento de la Esperanza.
Pero, sobre todo, quería hoy traer a esta pequeña ventana dos testimonios vitales que se han hecho presentes en nuestra sencilla celebración. El primero de una hermana creyente que vive y trabaja en el valle fronterizo entre Santo Domingo y Haiti. Nos recordaba -los medios ya lo han olvidado, como tenemos el mundial y el g20- la situación de hambre e injusticia que se vive en ese pequeño y pobre país azotado por los desastres naturales. Cómo, las personas con hambre, son capaces de llegar a la violencia arrebatándoles la comida que llevan. El hambre desentierra esos actos irracionales que los seres humanos llevamos dentro y amanecen cuando la necesidad ahoga. Lástima que esta violencia vital no se desarrolle contra aquellos, con nombres y apellidos, que arrebatan lo que es de todos. Violencia la de quienes siendo ricos no son capaces de compartir, como el relato de Lázaro, aunque sean sus migajas. Por eso la lucha por la justicia sólo, nos recordaba Juana venida de allí, podrá venir cuando seamos capaces de desterrar de nuestro quehacer la complaciencia con los poderes que acumulan y arrebatan a las personas los bienes necesarios para sobre vivir con dignidad.
Y del otro lado del globo, también hoy en la celebración, se hizo presente María. Esa monja borromea que, vestida de habito, comparte su suerte con los obreros en paro e ilegales de la gran potencia mundial que hoy es Japón. Ella nos recordaba escenas muy usuales en nuestros barrios: gentes de toda edad recogiendo comida sobrante de los supermercados y restaurantes de nuestro alrededor. Y en ellos, ese lumpen que se arrebata en las orillas de la ciudad, ir descubriendo cómo los valores de solidaridad, esperanza y lucha de los que nos habla el Jesús de los evangelios es una verdad evidente sea cual sea su confesión religiosa o su negación de la misma existencia de dios.
Y entonces volvimos a recordar las palabras que dan titulo a este blog. La urgencia por la justicia nos hace olvidarnos de todo aquello que, ritualizado, nos aleje del camino propuesto: "ven y sígueme". Así, entre unos y otras, veíamos cómo la invitación no es a ser discípulos o vociferadores de grandes y bonitos discursos, cuanto a vivir según él nos invitó: entregando nuestra vida.
Pues así transcurrió esta mañana nuestra celebración.

martes, 15 de junio de 2010

Caramelos que amargan

Llevo unos días especialmente sensibilizado al marketing fundacional. Esa especie de monstruo anexado a grandes empresas que les facilita su publicitación a costa de las buenas obras. Pero es que, esta mañana, mi indignación ha sido mayúscula cuando escuché la publicidad de unas actividades de la obra social "caja madrid".
La pasada semana apareció por la parroquia una mujer. Tiene dos hijos y está separada. El marido le daba una palizas tremendas. Este, al tener una orden de alejamiento, se distanció de su mujer y de la responsabilidad para con sus dos hijos pequeños. Al estar ambos trabajando -de manera alegal, pues son extranjeros- se metieron en la compra de una vivienda. Ahora, con un sueldo que no llega a 700€ mensuales, la mujer no puede hacer frente a la maldita hipoteca. Que a fecha de hoy es como aquella amenaza de la infancia "que viene el lobo" pero con consecuencias desastrosas, como se puede comprobar a continuación.
Pues bien, esta mujer y madre, al no poder hacer frente al pago de la hipoteca y al estar su marido en la irregularidad, pues no se le puede reclamar la pensión.
El banco, ese mismo que anuncia obras sociales por doquier, les desahucia de su casa. Todo el dinero que habían invertido se esfuma, no queda nada, lo pierden todo.
Esta mujer y madre con sus dos criaturas se ve en la calle. Viene buscando apoyo para intentar evitar la situación de tener que estar huyendo con sus hijos de puente en puente o de pórtico en pórtico. El banco les dice que ellos firmaron que pagaban y como ahora no puede hacer frente a la deuda, pues a la calle. Los servicios sociales municipales la dicen que si no puede atender a los niños que los entregue a la institución tutelar. Ella desesperada llora, se bloquea, se paraliza... No sólo es la situación creada por la deuda. Es que además, tan democráticos que somos para con los ricos, todo el aparato del estado: judicial, policial... se pone al servicio de estos sátrapas para expulsar a esta mujer con sus dos niños de su casa.
Mientras, muchos otros que somos solidarios, que hacemos caridad, que buscamos el bien común entramos en el juego mezquino y terrorista de esas empresas bancarias que tanto están depredando a la ciudadanía. Y lo peor, nos dejamos engatusar -como en la fábula del león con piel de cordero- con esas obras sociales criminales que nos dan las migajas de lo que previamente han robado a los obreros y trabajadores.
No sé cuál sería la solución. Veo dos frentes a contemplar: buscar una habitación en un piso compartido para esta madre y sus don niños y hacer lo imposible para visibilizar el verdadero rostro de estas entidades financieras que, vestidas de cordero, no son más que el lobo de siempre pero con otra careta. Si alguien sabe por dónde empezar, se agradecen sugerencias.
Hay veces que los caramelos envuelven mucha hipocresía.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Limpieza... de los Derechos de los Niños



Con una participación infantil muy grande, ayer tarde realizamos -simbólicamente- la recogida de basuras en el Gallinero, de la Cañada Real, en Madrid.
Como todo lo que acontece en ese rinconcito madrileño olvidado por quien anda sobre moquetas, fue una fiesta para todos, especialmente para los más pequeños que viven toda novedad con una ilusión realmente acongojante. Y en esta ocasión el motivo era recoger basuras para entregar, esta mañana, al representante del Alcade de Madrid en Vallecas Villa.
Siempre hay razones para "echar mierda" sobre los pobres: que si no están integrados, que no se preocupan, que no valoran ciertos hábitos... Sin embargo, a quienes así piensan y viven, les invitaría a estar no mas de 24h. para sentir en sus propias carnes las imposibilidades de vivir dignamente cuando los recursos estructurales de esta dignidad son tan escasitos: sin letrinas, sin agua corriente, sin recogida de basuras, sin papeleras...
Esta ciudad (¿icono vergonzante de nuestra sociedad?) no descansa en hacernos creer que en otoño ya no caen las hojas del árbol al suelo: están continuamente recogiéndolas. Pero no así en estos rincones de inmundicia que consiente, toleran y criminalizan.
Ayer mismo la señora Aguirre, presidenta de esta Comunidad Autónoma, se vanagloriaba de sus seis años de gobierno recordando su preocupación por los "sectores sociales más humildes"... será cínica!¡. El Defensor del Menor vuelve a los medios al comparecer en la Asamblea y recordar lo que ya dijo públicamente hace más de un año... tendrá amnesia? El Alcalde está tan preocupado en llenar el centro de bombillas y luminotecnia navideña que se le olvida el origen de dicha tradición... porqué no visita el pesebre???
En fin, que hoy nos atosigaran instituciones, políticos, oeneges, iglesias, empresarios... todos recordando a los niños pobres del tercer mundo -los hay a millones- esos que no nos incordian, ni afean nuestras escuelas, ni huelen a suciedad... esos sí, los lejanos que dejan inerte nuestro bienestar y nuestra conciencia... !!!si es que queda¡¡¡