viernes, 23 de julio de 2010

La vida por 300€

Nos despertamos, muy habitualmente, con noticias sobre personas inmigrantes que suelen destacar más aspectos negativos que positivos. O bien porque reflejan actuaciones reprobables -como cualquier otro ciudadano- insistiendo en su origen extranjero como si añadiesen un plus cuantitativo a los hechos que pretenden narrar, o porque se da cuenta de situaciones perversas a las que se somete a aquellos que vinieron a buscarse la vida.
Pues hoy, muy brevemente, quería comentar la situación que vivimos ayer tarde en casa con uno de estos "goliat" llegado en patera.
Hace unos meses le comunican que su padre está muy enfermo. Siendo ya mayor es delicada la situación. A esta natural circunstancia se suma la tragedia de que además es pobre, por lo que no se atisbaba mucho futuro. Hablando con el muchacho e insistiéndole en ver si podía contactar con alguien de Gambia que pudiera asistir de alguna manera a su padre, nos comenta que lo necesario para trasladarle al hospital en ambulancia, ingresarle, diagnosticarle e intervenirle no supera los 300€. Si, si. Una vida valorada en 300€.
Inmediatamente enviamos dicho dinero para que, al menos, pudiera comprobarse si algo se le podía restaurar a este hombre mayor.
Ayer, tras dicha llamada telefónica, confirman que el padre ha sido operado, que la evolución es muy satisfactoria, que le han dado el alta y están esperando que la época de lluvias les dé un respiro para poder volver a trasladarlo a la choza de su pueblo.
La alegría de su hijo, entre nosotros, era tan notable, de tanto gozo y agradecimiento que sólo la oportunidad de vivir unos instantes como estos te hace reflexionar acerca de este nuestro mundo. Que mundo desarrollado es este en el que por 300€ la vida de una persona pende de un hilo. Cuántos recursos invertidos en viajes, congresos, estudios... para estudiar, analizar y programar la vida del mundo empobrecido...
Cuando tenemos la oportunidad de poner rostro a las historias de exclusión, esperanza y lucha nuestra vida tiene necesariamente que dar cambios a mejor: acoger, querer y acompañar se convierten en nuestro trípode vital para poder seguir siendo persona.
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Y quiero también reclamar la intervención de los obispos pidiendo que dejen rezar a los musulmanes que lo quieren hacer en la calle. Imagino que el alcalde de Lleida no dejará que haya procesiones en su ciudad y se opondrá a costear con dinero publico la visita de líderes religiosos a nuestro estado.

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