14 kilómetros. Esa distancia separa la Puerta del Sol, punto neurálgico de Madrid, de la Cañada Real, que lleva casi 6 sin luz. 14 kilómetros separan la costa europea de un continente empobrecido. 14 kilómetros: una distancia muy larga para quienes se ven obligados a recorrerla cada día. Con este blog pretendo visibilizar y rendir homenaje a todas esas personas que andan por los márgenes de la exclusión y la violencia.
Cuando el cuerpo comienza a coger el calor después de una mañana heladora, recibo la carta que el cardenal de Madrid dirige a los "diocesanos".
Protegidos de la lluvia desde dentro de una chabola
Si el frío me ha calado hasta los huesos, el escalofrío al leer la misiva cardenalicia me deja estupefacto. No sólo me sobrecogió el corazón sino que las entrañas comenzaron a retorcerse como si de una mala digestión se tratara.
Resulta que se pretende organizar otra excursión (que episcopalmente llaman peregrinación) a Roma para agradecer la oportunidad de tantos excursionistas que pudieron venir a nuestro país, eso sí cuando no hacía frío, el pasado verano. Y se quedan tan tranquilos.
¿Qué tendrá esta gente en el corazón? ¿no ven el sufrimiento que existe alrededor? ¿no conocen ninguna familia donde haya una, dos... todos los miembros en paro? ¿no acuden a sus celebraciones jóvenes explotados por católicos empresarios con contratos minis y horas maxis? ¿no saben que desde cáritas se da la voz de alarma por las ingentes necesidades que tenemos que afrontar? ¿que ese poblado que visitó clandestinamente hace tiempo, el Gallinero, tiritaba esta mañana de frío cuando levantábamos a los pequeños para ir al colegio? ¿no lee las noticias que hablan, en esta rica Europa, de personas muertas por el frío? ¿que en cuanto abres una puerta y un caldero, los pobres siguen llegando y llenando el espacio? ¿que hay inmigrantes que no salen de casa por miedo a las redadas racistas de la policía? ¿que hay niños que esta misma noche no podrán comer porque su mama PUTA no encontró a nadie en la calle? ¿que hay familias viviendo en extrema pobreza y un montón más de ellas esperando ser desahuciadas?
La rabia que tengo es tanta...
Interior de chabola. Familia de 6 miembros
¿Cómo pueden organizarse fiestas para ricos mientras tantos ciudadanos/hermanos son empobrecidos y viven en la pobreza aterradora del hambre, el paro y la exclusión?.
Esperando la ruta escolar
Esta mañana nos lloraban los ojos por el frío cuando acompañábamos a los pequeños del gallinero a la ruta escolar. Se agazapaban, intentando cortar el aire, para que el sol les calentase sus manos desnudas fresquitas de pobreza. Sin embargo cuando uno ve tanto dislate la nausea vuelve a aparecer.
¿Qué se necesitara para que la algarabía religiosa deje pasar el mensaje de Jesús? Ese que nos dijo "tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; estaba de paso y me alojaron; desnudo y me vistieron; enfermo y me visitaron; preso y me vinieron a ver”.
La verdad es que el frío temporal que estamos viviendo se pasa, y con calor y achuchón más rápido aún. Pero esa terquedad de corazón no sabe uno cómo poder colaborar en combatir. Quizás porque lo que trae la naturaleza ella misma lo puede solventar, mientras que el mal que creamos las personas es difícil de extirpar de nuestra vida. Cuando este mal es institucional, una gran bola de nieve tenemos ante nosotros.
Acabo recordando aquellos versos de Pedro Salinas:
Tú vives siempre en tus actos…. La vida es lo que tú tocas
Adjunto carta del cardenal Rouco, con el fin de que vean ustedes mismos:
Has visitado dos ciudades de nuestro estado. El Oeste y el Este han visto cómo tu presencia ha convocado a un montón de gentes. Diversas, festivas, alegres. ¡Que suerte tienes!
Sin embargo lo poco que he visto, a través de las televisiones, me ha provocado nuevamente un sentimiento de tristeza. Sobre todo tristeza por lo que te pierdes. Yo no entiendo de políticas ni teologías. Voy desbrozando con muchas torpezas las realidades con las que me topo y, desde ellas, vamos conjuntamente formulando nuestro posicionamiento político y teológico.
Siento que soy un privilegiado respecto a ti. Cuando te vi cabalgar en ese moderno caballo mecánico de cuatro ruedas, a toda pastilla por las calles de Barcelona, me vino un sentimiento de lástima que te quiero compartir.
Lamento que no tengas oportunidad de acercarte libremente a las personas. Que no puedas sentir su abrazo tosco y rudo, y a la par entrañable. Que metido en ese artefacto móvil, no puedas apreciar las lágrimas de rabia y dolor de esas madres que lloran por haber tenido que emigrar a nuestro estado dejando a sus pequeños hijos a miles de kilómetros. Que no puedas escuchar las gracias que te brindan esos hombres venidos del este cuando estás con ellos y la furia policial de nuestras fuerzas de seguridad se ensañan menos con ellos. Que no tengas la oportunidad, en medio de tanta opulencia, de ver cómo se preocupan unos pobres por otros ante el acoso de unas leyes que impiden a las personas moverse libremente por nuestro mundo. Si fueran mercancías no tendrían problemas en cruzar fronteras, legislaciones y culturas. ¿Tú tienes problemas al desplazarte a otros países?
Cuando veo, a través de los medios, esas liturgias fastuosas, pulcras, milimétricamente ordenadas, me cuesta imaginar que así fueran las comidas y cenas de aquél a quien decimos seguir: el Jesús del Evangelio.
Que suerte tengo Benedicto de poder celebrar la fe con personas que conozco. Con quienes, en el día a día, vamos batiéndonos el cobre para conseguir sacar de permiso a un pobre que está preso. Con esas grandes mujeres que luchan por la dignidad de otras familias: que recorren fiscalías y juzgados reclamando que los hijos de la madre muerta puedan marchar a vivir con sus abuelos. Que impresionante es compartir el pan y el vino con esa mujer que se siente creyente pero tiene dificultades de expresarlo en una celebración por haber encontrado el amor en alguien de su mismo sexo. Con esa monja que vive en Japón acompañando a inmigrantes internos del propio país a quienes se persigue y se les hace huellear anualmente para controlarlos. Tú, siendo alemán, tienes algún problema con las leyes de inmigración del país donde ahora vives?
Que honor Benedicto es poder dejarte achuchar por la gente pobre. Saber que te sienten de ellos, no por lo que tienes o puedes hacer –que cada vez es menos- cuanto porque estás dispuesto a correr su suerte. Ese beso de la gitana mayor que a su edad la toca cuidar de sus siete netos sin más ayuda que sus manos para mendigar. Ese saludo que envían desde la cárcel porque a alguna presa la acoges entre los tuyos para disfrutar del permiso concedido. Qué suerte Benedicto, que privilegiado soy.
Nuestra celebración dominical ayer estuvo repleta de situaciones que, por ser dolorosas y contra las personas, sin embargo nos hablaban de vida, de esperanza, de eso que tanto nombráis en vuestros discursos y tan difícil es entenderos: Resurrección. Ese pacto del Dios de Jesús con cada uno de nosotros y nosotras que vamos verificando en las luchas y compromisos a favor de las personas perseguidas, enjuiciadas y criminalizadas. Si Benedicto, cuando una de las madres, en la lectura dominical del Evangelio ayer en nuestra celebración decía a voz en grito “No es Dios de muertos, sino de vivos”, nos estaba recordando aquellas palabras de Jesús entre los suyos: “cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”.
Con satisfacción recibo esta carta del amigo José Antonio que cuelgo porque me parece importante hacer memoria de la gente buena que hemos tenido la suerte de conocer.
Como bien dice Javier, nadie publicaráuna semblanza de Aquilino, pero no es justo que se vaya tan calladamente que nos atrevamos a creer que fue un simple cura de barrio que hizo lo que pudo sin que esto fuera ni mucho ni bueno.
¡No!, Aquilino ha sido un gran hombre, un hombre humilde, sabio, trabajador, cercano, muy creyente y tremendamente bueno. Tan evangélicamente bueno que molestaba, molestaba a los que molesta el Evangelio y a los que por el evangelio hablan de justicia, olvidando que la justicia de Dios no es la de los hombres y en este riojano un poco encorvado y de sonrisa infantil había mucho de divino, mucho de Dios.
Yo le conocí en San Blas, en la parroquia Virgen del Mar, allí supe de su trabajo con los emigrantes, cuando éramos los españoles los que emigrábamos, de su Vespa con la que fue capaz de ir hasta Alemania, de sus desvelos por construir y poner en marcha una guardería laboral, que así se llamaban por entonces, y de sus logros, su licenciatura en Sociología, el servicio que prestó la “Guardería Pulgarcito”, las reuniones de partidos ilegales y encierros de obreros en el templo, en todo esto y más, estaba metido y se iba dejando la vida en aparentes fracasos. Los partidos una vez legalizados arremetieron contra la parroquia que les había cobijado, la guardería, confiada a exseminaristasfue herida de muerte en una batalla llena de mentiras que le hizo sufrir profundamente y el trabajo con los drogadictos y delincuentes del barrio, tarea en la que nos topábamos con la visión más cruel y desesperada, el rostro ajado y triste de una madre que sólo podía rezar para que su hijo encontrara pronto la muerte.
Recuerdo los esfuerzos vanos,y recuerdo como Aquilino los acompañaba, en el barrio, en la cárcel, en los juicios, en los hospitales y en los funerales.
Le recuerdo triste, muy triste cuando me repetía los nombre, los apodos, (con Aquilino, si él lo conocía, los demás también debíamos conocerlo)ysu final por: sobredosis,Sida,una bala perdida, una puñalada en la cárcel, ajuste de cuentas, … y así hasta casi un centenar de jóvenes que fueron dejando la existencia para alivio de muchos y dolor de algunos.
De San Blas, Aquilino pasó a Vicálvaro, seguía cerca de su antiguo barrio, seguía dando clases en “El Politécnico” y allí volvimos a compartir tareas,era difícil trabajar con “Quiles” no aguantaba el papeleo y las reuniones podían empezar enel despacho pero invariablemente, a los pocos minutos, continuaban en la cafetería. Siempre criticaron que pasaba más tiempo en los bares que en el despacho,pero él decía que se está con la gente dende la gente está y en San Blas ese lugar eran los bares, pisos minúsculos y familias numerosas y complejas propiciaban que este fuera casi el único recurso para quedar y charlar. Y Aquilino charlaba, sabía casi de todo y se interesaba por todo, de todos aprendía y a todos nos enseñaba. Puede que no cumpliera la programación, que se ausentase en reuniones y claustros, pero todos le apreciaban, todos le querían y todos sabían que la persona que más y mejor conocíaa las gentes del barrio era Aquilino.
Lo mismo hizo en Vicálvaro, intentó conocer este pueblo-barrio casi olvidado y en contacto con gente interesada por su historia y por su futuro dirigió un importante estudio sociológico,que desveló la silenciosa pobreza de este lugar rodeado por barrios “famosos”, San Blas, de donde venía y Vallecas, a donde irá años después.
Aquí se encontró con una parroquia grande y “Antigua” y un templo lleno de humedadesy casi vacío de imágenes,comenzaron más batallas para sacar a delante el templo y la parroquia.
Volvimos a encontrarnos pues fijamos nuestro domicilio al lado de la parroquia y me ofrecí a colaborar en ella, sólo le pedí a Aquilino que no me metiera con jóvenes pues ya llevaba toda la vida y el trabajo con ellos, y ¿sabéis dónde me metió?, puesclaro, con todos los jóvenes de confirmación y os aseguro que eran muchos, pero ese era Aquilino, te metía donde no querías,te arrastraba a donde no esperabas y al final disfrutabas y se lo agradecías.
Logró que se reconociera el valor histórico-artístico del templo y que se realizaran las primeras labores de restauración que se centraron en el tejado y la cubierta. Se hizo un hueco en las vidas y en los corazones de las gentes y disfrutó de compañías y tareasmarginalesque le acabaron conduciendo a otra de las epocas en las que se le veía feliz,su labor en la Pastoral Penitenciaria de la que fue Delegado Diocesano y que él gozaba pues recogiendo sus propias palabras "abolir los sistemas penitenciarios, hoy por hoy, es una quimera; pero denunciar una realidad tan ilógica como obsoleta, desde el compromiso del acompañamiento a quienes son víctimas de este sistema que entre todos hemos creado, es una realidad evangélica urgente".
Pronunciaba estas palabras poco antes de que la enfermedad le retuviera prisionero durante casi diez años. El Aquilino que no paraba, que no callaba, que hacía mil cosas se encontró con que el cuerpo que le había posibilitado todo eso era ahora una carga, una barrear que se interponía entre él y nosotros,casi le dimos por muerto, por perdido, pero su fuerza, su vitalidad, su fe le permitieron ir reconquistando dones perdidos, volvió a andar, a mover su mano derecha, a balbucear algunas palabras, volvió a sonreír, a ilusionarse con mil cosas y a hacernos sentir que él, el Aquilino de siempre estaba ahí, sufriendo y luchando por seguir en contacto con esta vida, con este mundo, con estas gentes, con estos fracasos que se difuminan cuando el trino de los pájaros o el abrazo amigo nos reconfortan y animan a disfrutar de los muchos dones que seguimos teniendocerca.
Han sido muchos, demasiados años en los que se ha puesto a prueba el cariño y la amistad que fue sembrando yel que no fuera la soledad la única compañera de sus últimos díasmuestra que sus raíces eran profundas y vivas.
Sólo me resta decir que esto es un recuerdo parcial y pobre de un hombre que eligió ser pobre para encontrar y disfrutar de Diosy que ahora estará gozando de la plenitud prometida y deseada.
¡Gracias, Padre bueno!Gracias, por Aquilino,por su vida, por sus manías, por su contagiosa curiosidad, por sus proyectos descabellados que al final salían o no,por sus empeños,por aquellos campamentos,por la Zaida y las palomas, por el huerto de la “Casita”, por los viajes, por sus historias, por su flequillo, por su sonrisa y su mirada inteligente y cómplice, gracias por su bondad, gracias por todo él y todo en él.
Creo que fue Santiago García Diez quien dijo que las Bienaventuranzas se le quedaban cortas a Aquilino, y tenía razón, ¡vaya si tenía razón!
¡Descansa en paz! Y ya nos veremos.
Muchas gracias al dios de Jesús por gente como Aquilino. Gracias José Antonio.