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martes, 29 de junio de 2010

¡¡ 28 niños expulsados de su casa !!

Esta mañana la gente de Mensajeros de la Paz Madrid ha hecho pública una denuncia sobre la situación en la que quedarán los niños y niñas de esta comunidad con el cambio de modelo en la protección de menores. Las denuncias, no por ser reiterativas de lo que muchos otros colectivos y asociaciones venimos denunciado, dejan de ser llamativas.
La situación parece ser que, sin ser consultados los educadores y técnicos que viven en estos pisos con los chavalillos, estos los más pequeños van a pasar a vivir en macro centros, donde la relación personalizada -puerta de la posible intervención educativa- se verá seriamente entorpecida e imposibilitada. Denuncian que el IMMF ( a más misterio son las siglas del instituto madrileño del menor y la familia) ha resuelto cerrar estos pisos donde conviven entre 5 y 7 menores el próximo día 30 de Junio. Sin consenso, sin decírselo a los niños (cuentan que hasta tienen miedo de darles la noticia a los pequeños), sin haber sido informadas siquiera las familias... En fin un atropello a la actividad de esta entidad que tantos niños y niñas a acompañado durante estos años.
Curiosamente, al haberlo recogido los medios de comunicación, los políticos ya se han puesto en marcha y esta misma semana les citan para una entrevista; cuando me consta que llevaban meses y años solicitándola. No obstante Paloma Martín, hacedora de tantos desaguisados como gerente del IMMF ya se ha embarrado negando todo lo que la gente de Mensajeros ha denunciado. Pero me siguen faltando responsables por opinar. ¿Qué dice el Defensor del Menor, don Arturo Canalda? Pasará otra noche sin dormir como dijo cuando visitó el Gallinero. ¿Y la Fiscalía de Menores de Madrid? Tendrán amnesia respecto a las obligaciones para con los niños y niñas abandonados y necesitados de apoyo. Ahora es la propia Comunidad de Madrid la que les deja tirados creando "cárceles" para menores, como han dicho esta mañana la gente de Mensajeros.? Y la Asamblea de Madrid ¿no dicen ser los representantes de los ciudadanos? Y otros colectivos que también tienen pisos conveniados ¿o es que la pela calla bocas y relaja conciencias?
Que la cosa está muy mal en la Comunidad es evidente. Que nos consta que profesionales del mismo instituto están revueltos, también. Pero y ahora, ¿porqué no unir fuerzas y quejas contra el enemigo común y ponernos manos a la obra?. El próximo 30 de Junio, 28 niños y niñas quedarán sin casa, sin amigos y sin referentes adultos ¿a quién habrá que pedir responsabilidades por este desaguisado?

miércoles, 15 de abril de 2009

El pis de las tres de la mañana

Hemos compartido la pasada semana santa la convivencia con una criatura de 12 años. No tendría nada de especial, en una familia tan amplia y diversa como la que componemos, sino fuera porque dicho niño está fugado de un centro de protección de menores.
Sí, tan pequeño y ya fugado. ¡Que barbaridad ¿verdad?!
Resulta que este niño, que lleva en España cerca de dos años es un "trasto". Pero la naturaleza de ser trasto a esa corta edad en alguno de los centros de protección de nuestro país, tiene una significación terrible: si algunos entendemos que su comportamiento es fruto de las carencias lógicas que tiene el haber salido tan pequeño de su entorno familiar, estos sátrapas de la educación [algunos educadores de centros de protección de menores] entienden que su comportamiento tiene unas raíces puramente psíquicas y de ahí la cantidad de fármacos con los que le tenían dopado habitualmente.
Junto a tanto desmán "interventivo" aparecen esos maestros de la conducta y la educación que empatizan con la criatura, entienden sus necesidades, le acogen en sus vidas y ¡plaf! colaboran en parar semejante despropósito farmacológico. Junto a ellos, acudimos con la criatura al psiquiatra -una vez fuera del centro ya- y este retira toda medicación "sedante" y nos aconseja, para la rehabilitación de este manojillo de pulsiones, mucho deporte, mucho cariño y pasarlo bien.
Y ahí nos vemos. Conviviendo con un niño de 12 añitos entre nosotros; algunos ya talludos. Pues dicha semana ha sido una verdadera maravilla. Una experiencia de encuentro, refresco y responsabilidad generada entre todos los de casa verdaderamente espectacular.
No hemos observado en las conductas del niño ningún tipo de desvarío más allá de las propias de una criatura de once años y con muchos de ellos en la calle teniéndose que buscar la vida y, en ellos, una fuerte época de consumo de cola de zapatero. Tampoco, que parecían advertir los responsables del centro de protección, ningún rechazo de límites ni negación a las normas.
Pues bien, a esta criatura, dichos responsables la pretenden enviar al centro Picón, de la empresa O'Belén, en Madrid. Dicho centro se ha convertido en la panacea para todos los niños madrileños a los que algunos educadores de centros de protección no entienden o no quieren entender. Ahí, como cajón de desastre, envían a los pequeños "trastos". Tienen asegurado que en dicho centro estarán bien dopados y drogados. Que las molestias serán mínimas. Que lo educativo quedará en la calle, a la puerta de la entrada, hasta que el menor consiga deshacerse de esa panda de clientes de la farmacología psiquiátrica.
A nuestro pequeño lo quieren llevar a ese siniestro lugar. Y además sin el concurso de la psicóloga del centro que desaconseja dicho traslado. Y sin la anuencia de algunos educadores que están empeñados en que el pequeño pueda vivir con dignidad. Y además si nuestra colaboración, ya que hemos comprobado como con cariño, acogida y cuidado somos capaces de generar unas relaciones de apoyo y crecimiento espectaculares.
Me sigo preguntando ¿qué intereses bastardos ocupan a quienes tiene tanto empeño en drogar y destruir a los más pequeños de nuestra sociedad? ¿tanto nos cuesta aceptar nuestras limitaciones de adultos y abajarnos al nivel necesario de los niños para mirarnos a los ojos? ¿es imposible articular otro tipo de "protección" que no deje inermes a estos chiquillos ante una institución prepotente y carente de humanidad?
Lo que comenzó como un hecho vergonzante -la primera noche se orinó en la cama- acabó siendo -a los tres días- una petición del propio niño para que, a media noche, lo levantase al servicio y así no volverse a orinar en sus ropas.
Una vez más el sentido común es el menos común de los sentidos cuando hablamos de niños y niñas en protección.