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martes, 23 de abril de 2013

en la luna...

Cuesta entender lo difícil que les resulta a algunas personas escuchar la realidad. Al menos la realidad de los vulnerables, esos ciudadanos que -empobrecidos- buscan un espacio para la esperanza, un hombro para el consuelo y una mano que les ayude a saciar el hambre.
Algunos están en la luna, pensando que la crisis es un problema monetario cuyas consecuencias no se reflejan en los rostros de tantos vecinos. Otros están en la luna pensando que junto a ella, habita el dios en quien dicen profesar fe. 
Cuando desde la oscuridad de este mundo, con sus miserias y pobrezas, somos capaces de andar en busca de la justicia, la solidaridad !!!curioso¡¡  la luna ilumina, alienta, satisface la mirada.
¿En qué luna andas colgado? 

martes, 23 de agosto de 2011

Homenaje a Julio Lois

Me publican este recuerdo en RD:

Gracias Julio…


La tristeza es el sentimiento que nos embarga, en estos momentos iniciales, tras conocer la muerte ya esperada de Julio Lois. Ayer mismo Pedro, hermano mayor de Vallecas, nos decía que la vida tocaba a su fin, que estaba siendo tratado con morfina. Se trataba de poco el tiempo previsto de existencia entre nosotros. Efectivamente a las 21h. de ayer lunes, en su Galicia querida nos dejó.

Los recuerdos que tengo de Julio son muchos. Seguramente la admiración y respeto que por su persona, militante creyente, sentí fue lo que me hizo descubrir las grandes de un hombre que, precisamente, se mostraba tan humilde y sencillo. No sólo en la exposición de sus abultados saberes (que siempre, incluso los legos, entendíamos), cuanto su compromiso con la realidad. Y con la realidad sufriente. Desde aquel frío noviembre de 1996 en el que nos encerramos en la catedral de la Almudena para visibilizar los malos tratos en prisión, cuya avanzadilla negociadora con el cardenal Rouco y sus adláteres encabezó Julio junto a otro puñado de buenos amigos, hasta su inconmovible presencia en la parroquia de San Carlos Borromeo en esas fechas en las que los envites del autoritarismo y la ceguera quisieron acabar con nuestra pequeña comunidad.

Nos animó y se sumó a aquél deseo de conocer más profundamente al hombre “Jesús de Nazaret”. Su presencia quincenal en nuestra comunidad, infalible junto a su fidelidad a la asociación de vecinos en Vallecas, fue todo un aire fresco e iluminador para quienes compartimos aquellas veladas. Comenzamos leyendo “La Fe y la Estafa” de Enrique de Castro que él mismo prologó, donde se iban sucediendo interrogantes y cuestionamientos acerca de la transmisión de la fe y la vivencia que de esta, distintas personas del grupo, habíamos tenido en la Iglesia y fuera de ella. A continuación tuvimos el privilegio de leer y comentar con Julio “Jesús. Aproximación histórica” de Jose Antonio Pagola. Era curioso cómo en dichas reuniones era capaz de hacer entender la propuesta de Jesús a todos: madres, licenciados, chavales, árabes, piadosas… Todos fuimos encontrando, en las sencillas explicaciones de Julio, razones para la esperanza, para la lucha, para seguir volviendo a la realidad y a la realidad de los pobres. Como él mismo se hartó de señalar, los creyentes tenemos que tener “honradez con la realidad”.

Esa realidad que compartimos en las luchas del barrio. Las manifestaciones en contra de la privatización de la sanidad, contra la ley de extranjería y a favor de la acogida del otro. Firmando y movilizándonos porque el indulto solicitado para ese padre del barrio que un día erró fuese pronto y positivo. La realidad a la que continuamente nos llevaba desde su “enamoramiento de Jesús”. Hecho este que fue, según contestó a las incisivas madres de la parroquia, lo que le motivó hacerse cura.

Recuerdo su aspecto frágil y sencillo. Era como la cara de su otra misma realidad: su firmeza y convicción de que “la injusticia actualmente existente, con todas sus manifestaciones de desigualdad, pobreza, marginación y hasta exclusión, es el hecho mayor o el problema ético más decisivo de la humanidad”. Julio nos ha ayudado a entender a aquellos que hablan de Jesús. Como Faus, Pagola y algún otro, su escritura y explicación estuvieron al alcance de los privilegiados de Jesús: los sencillos. Fue capaz de desentrañar los misterios más recónditos del Evangelio desde el compromiso vital a favor de los más pobres.

Por todo esto nos toca a nosotros y nosotras, discípulos de Julio, seguir trabajando al estilo de Jesús, como él mismo nos enseñó, por un mundo más justo y humano.

lunes, 17 de enero de 2011

ApOyO BoLLo

Celebramos en la tarde de ayer, con los amigos y amigas de la Asociación APOYO, la fiesta del año que, este por primera vez, consistió en una rifa de bollos y bizcochos preparados por familiares, chavales y amigos del grupo.
Más allá de las exquisiteces culinarias que se presentaron y las perras recaudadas, quiero traer esta tarde, a esta ventana, el privilegio que supone poder vivir entre gentes tan entregadas a cambiar este mundo en el que vivimos.
Colectivo que tras más de 20 años de andadura sigue manteniendo unos principios fuertes e inamovibles: el encuentro personal y la opción entrañable por las personas que habitan la exclusión. Y esto desde una gran diferencia vital e ideológica que no hace sino animar el descubrimiento de nuevos horizontes y formas de hacer.
Esta gran familia que entre tantos hemos ido pariendo va siendo un oasis donde dejarnos caer cuando el desánimo y las dificultades parecen ser la condición imprescindible para vivir. Ese tejido de entraña humana que acoge, acuna y revitaliza las situaciones más difíciles y truculentas por las que se pueda transitar.
La tarde de ayer fue de esos momentos de familiaridad y camaradería en la que todos los presentes tenían como frente común disfrutar haciendo disfrutar al vecino. Donde no hubo empeño por sobresalir y sí premura por servir. Donde lo trabajado con esfuerzo y delicadeza no sólo se compró habiéndolo ofrecido uno mismo, sino que al final entre charla, saludo y agradecimiento se fue deleitando con un chocolate oscuro y espeso como los abrazos que circulaban alrededor de unos y otros.
En fin un canto a la solidaridad y a la esperanza de que todos somos necesarios e imprescindibles en ese empeño común por soñar que el futuro es mejorable