viernes, 6 de agosto de 2010

encallado

La mañana nublosa que aparecía esta mañana en la playa se ha visto alterada al encallar un pequeño barco de pesca en la playa donde pasamos unos días de asueto.

El acontecimiento, además de alterar la cotidianeidad, me ha hecho pensar diferentes situaciones en las que andamos enfrascados y que, como el barco, parecen encalladas a su suerte.

La cañada sigue abandonada a sus incondicionales. Ningún responsable político se atreve a meter mano o a exigir consecuencias a quienes desde hace tiempo no las cumplen. En el gallinero, expresión vergonzante del maridaje entre el desarrollo capitalino y la exclusión de algunos de sus vecinos, los niños siguen entretenidos este caluroso verano matando ratas.

Las cárceles atestadas de personas sin muchas más expectativas que contemplar cómo pasa el tiempo. Algunos que llevan más de 30 años y de quien la institución no tiene claro cuál será el “proceso de reinserción social”. O bien que, después de pasar más de 7 tras las rejas, a los 80 años de edad, los servicios sociales penitenciarios no acaban de inventar el plan de reinserción ideal para este anciano.

Los inmigrantes, que siguen intentando llegar de cualquier modo y, muchas veces, son sorprendidos en su barquita de juguete a pocos metros de la costa. Cuando no acaban apareciendo sus cadáveres hinchados en alguna playa turística. Los que llegan, como una veintena de morenos esta mañana, asustados en la playa ante tanto guardiacivil como vino a poner orden ante el revuelo creado por el barco encallado.

Los niños y niñas. Que desolación. Las noticias que siguen llegando en esos calores veraniegos siembran desazón, impotencia y dolor. Unas niñas que denuncian haber sido vejadas y amenazadas sexualmente por algún educador de un centro de protección. Otros niños que denuncian sufrir palizas en otro centro de acogida. Todo un desatino de silencio, maledicencia e irresponsabilidad de los adultos que, por otra parte, no paramos de declamar que los niños y niñas son lo más importante de nuestra sociedad.

Bueno, sólo algunas realidades que –a mi parecer- están encalladas como el barco de la playa esta mañana. Pero aún con más desolación. Esta mañana, acompañando las lágrimas de impotencia de un marinero que pareció ser responsable de dicha embarcación, un despliegue enorme de medios y recursos para intentar revertir, lo antes posible, esa situación tan desastrosa. Sin embargo, en estas realidades que nombré no tengo yo la sensación ni la experiencia de que sean objeto de tanta atención, recursos y miramiento.

Me temo que la realidad de los empobrecidos y desvalidos sigue muy encallada.

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