jueves, 28 de julio de 2022

afortunados... verano!!

 

El calor sofocante que estamos padeciendo este último mes (y tenemos acceso a agua, electricidad, ventilador, recursos para consumir en fresquito...) hace que los cansancios parezcan aún mayores. Es como un chaparrón de fatiga que te deja totalmente “pluf”.
Pues en medio de ese panorama “atorrador”, en medio de las sombras del día a día -como el sol por las rendijas de las persianas-, se cuela la alegría, la fiesta, el encuentro, la mesa compartida y la música…. Que afortunados somos…

Estos dos jóvenes han tenido -y no ha finalizado- un proyecto vital aterrador, de esos que queman y cuyo futuro ha quedado dibujado de formas complejas. Sin embargo, en medio de las dificultades -como aquél ave fénix- estos muchachos no pierden la sonrisa, se vuelven a levantar.... Lo poco que tienen son capaces de transformarlo en servicio y simpatía. Entonces todo se multiplica, hasta valores infinitos. 

Acaba el curso, los cansancios hacen mella pero la alegría de que nos dejen compartir nuestras pequeñas vidas con sus vuelos titánicos, hacen que aquellos se difuminen y no acaben con nosotros. 

Muchas gracias a todos y todas.
Muy Feliz Verano.

miércoles, 22 de junio de 2022

lágrimas

 

nunca olvidarás con quien has llorado”… cantaba hace años Luis Pastor.

Esta mañana, ante un grande, migrante, colombiano y lleno de lágrimas me volvió esta frase del poema “Mar de lágrimas” (que por cierto recomiendo).

Hace poco más de 24 horas celebramos el día por los refugiados. Tengo la sensación -como en tantas otras de estas celebraciones- que un día celebramos mientras nos pasamos los restantes 364 persiguiendo, criminalizando, violentando e ignorando a las personas migrantes y refugiadas.

Al ver a Daniel derrumbado sobre la mesa del despacho, llorando desconsoladamente, angustiado porque no tiene dinero y le echan de la habitación alquilada, cargando en sus espaldas la angustia de saber que su hijo y su madre siguen en Calí amenazados por quienes le forzaban a participar del dinero ganado y fueron la razón de su exilio…
Y a este drama se suma la imposibilidad de solicitar asilo. Cansado de esperar al teléfono de citas que no contesta, sabedor de memoria de la dirección electrónica de citas que no existen….

Tenemos un gobierno de una Europa que funciona como los sátrapas mercenarios económicos de su ciudad natal. Todo prefabricado para que no vengan, que no vivan, que no lleguen… eso sí, el día señalado nos vestimos todos de humanitarios y acogedores y celebramos… pero cuánto nos cuesta preguntarnos por las razones del malestar y denunciar sus causas….

Quizás la mejor celebración sea escuchar, empatizar y llorar con quien llora… lo mismo nos humanizamos…

martes, 11 de enero de 2022

Cuidarnos...

 

Dice Antonio Muñoz Molina, en su libro “Volver a dónde”, que “El mundo de después es una mala copia del mundo de antes”. Comienzo este año con situaciones parecidas al año anterior, y al anterior de ese otro…  La incertidumbre, el empobrecimiento y desconcierto ante lo que ocurre vuelve difícil subir la ventana cada mañana.

Se ha puesto de moda nuevamente el termino “cuidado”. Esta mañana mismo insistía a una persona muy querida que cuide el cuidar. Atrás quedan ya los autocuidados. No por innecesarios, cuanto porque muchas veces fueron una llamada al espejo autocomplaciente o a la dispersión en la preocupación por el otro...

Sin embargo, y deseo que pasen pronto esta olas pandémicas, los cuidados no deben ser sólo un incremento de publicaciones al respecto. Tenemos necesidad -y obligación- de cuidarnos.

Por eso esa foto con la que quiero dar por inaugurado este año. En medio de situaciones terribles, dolorosas o excepcionales que no dejemos de cuidarnos. Que dediquemos tiempo y energías a cuidarnos. A sentarnos con otros y tomar ese té de calor y comunión que tanta falta nos hace.
Si personas que llevan más de una año torturadas por quienes nos gobiernan al haberlas cortado la energía eléctrica en cañada Real, son capaces de ofrecer este cuidado, que menos podemos hacer quien no sufrimos esa ignominia, por problemas gordos que nos aquejen …

Con respeto al escritor, espero que esa afirmación de D. Antonio -este año- la
tronemos
en copia mejorada.

jueves, 25 de febrero de 2021

migrando...



 

Miraba al infinito y descubrí el firmamento.

Las migraciones venían ordenadas a la Paz.
El pico de una paloma se dibujó sobre el cielo.

Pensé: que suerte, migran sin fronteras. Sin tener que demostrar sus cualidades, honradez o necesidad. Migran por que es la naturaleza.
Al no encontrar muros, ni políticas fronterizas, ni policías armados… viene ordenadas.

Que privilegio ser ave, poder moverse e paz…


martes, 23 de febrero de 2021

palabra de moda.

 


 

 

¿Qué hacemos con esta violencia?
La que atenta contra la dignidad de este individuo?
La que sostiene el silencio ante lo que ocurre?

La que burocratiza la miseria?

La que se ejerce cuando pensamos en el merecimiento?
La que espiritualiza sin asumir causas y conflictos?

La que provoca contra un sociedad -yo soy parte de ella- que ha banalizado el mal y espectacularizado la crueldad?

miércoles, 30 de diciembre de 2020

nuevo año en libertad...

Acabamos el año visitando a distintas personas en diversas cárceles de Madrid. Cuando contemplas, de cerca, lo que a otros les falta, no queda más remedio -por honestidad y con agradecimiento- valorar más, si cabe, lo que uno tiene. Esa de la que tanto hablamos, a quien traemos acá o allá, de quien nos sentimos tutores, aseguradores, posibilitadores…: la LIBERTAD.

Cuando ves de cerca jóvenes que -por distintas razones- están privados de ella, no puedo menos que pararme y pensar si la libertad que les falta no será consecuencia de la libertad que no tuvieron.

Ese joven sirio, primerizo en su entrada en la cárcel, que no asume estar privado de ella. Que no entiende mucho castellano y mal lo habla y no acaba de saber porqué está ahí. Desde los 11 añitos bregando en este mundo por, precisamente, conseguir la libertad -para él y los suyos- y acaba viendo como ésta le es privada. Huyendo de una guerra que se alarga en el tiempo y enfrentado a otra guerra, farmacológica, que le tiene ausente y colabora también en las causas de su privación. Sólo espero que este año que inauguraremos le sea más propicio. Su impotencia, espero equivocarme, le puede llevar a acabar con esta limitación de manera abrupta y sin solución.

Sin embargo, a quien visitamos esta mañana es otra vida rota, pero con una larga experiencia en estas privaciones de libertad. Qué medida del tiempo tendrá alguien que es capaz de decirte “esto ya es pan comido” cuando aún tiene por delante más de 30 meses de privación de libertad, y no pocos años encerrado en distintas cárceles. La pobreza sumada a su adicción le arruinaron la vida. ¿La pasada solamente? ¿qué futuro soñar con un pasado tan mísero y un presente tan fuera de la realidad?. Qué experiencia de encuentro, de límites, de humanización puede tener quien, durante tantos años, lleva conviviendo con autoridades impositivas que no son capaces de acompañar, de corregir, de animar… más allá de poner “partes” de conducta que provocan, vez sobre vez, la cárcel dentro de la cárcel: el aislamiento.

Llegas con la ilusión de visitar a la persona estimada y sales con tal desolación, que el frío de estas mañanas parecía mecerte frente a la sinrazón de estas instituciones totales y cerradas. Lugares donde la norma, las más de las veces, está atravesada por la arbitrariedad del funcionario que la aplica. El cuaderno de notas que ayer se me prohibió introducir “por razones de seguridad”, hoy me acompañó casi hasta la cocina en otra cárcel.
Acabamos el año lleno de temores, sufrimientos y despedidas. No sólo por el maldito Covid. Este se está convirtiendo muchas veces en la excusa institucional para la desidia o el recorte de Derechos. Los hombres y mujeres que sufren no aparecieron el 15 de marzo de 2020. Espero que este 2021, entre todas, seamos capaces de revertir tanto dolor: acogiendo, acompañando, empatizando… y el mundo que habitamos sea un pelín más habitable.
Feliz Año Nuevo!!

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Me ha tocado la lotería...

Me ha tocado la lotería. Si amigos y amigas, me ha tocado. Tantos años participando, tanta inversión hecha, tantos anhelos proyectados… y por fin ha caído mi número. Y, además, se han debido conjurar los astros porque resulta que llevo montón de papeletas del mismo número.

Si, compañeras y compañeros, os escribo para comunicaros que estoy Feliz, me ha tocado la lotería… 

Ahora veremos si soy capaz de organizar bien el reparto…

La lotería me tocó esta mañana, cuando tomando un café con una madre que lleva más de 70 días con la luz de su casa cortada -en la Cañada Real- me contaba cómo había preparado -en la oscuridad del amanecer y con mucho frío- el traje de tul que su pequeña luciría en la fiesta del cole. Cómo, ante la pregunta de su hija de cuatro años: -mama ¿porqué este año no has encendido el árbol de Navidad? - ella valiente y con una gran dignidad la ha contado un cuento sobre cómo ilumina más aquello que se presiente entre tinieblas. Me tocó la lotería al comprobar la fuerza que esta mujer proyectaba sobre quienes escuchábamos su relato en medio de la desolación y dificultades por tantos días sin energía eléctrica. Y, además, sonreía al contar la cara de sorpresa de su criatura. 

Me volvió a tocar la lotería cuando compartí la mesa con los chicos de casa tras una turbulenta mañana. Tras una discusión -donde acabaron a mamporros- fueron capaces de sentarse en una misma mesa y compartiendo un plato caliente, intentar sopesar en qué se había sobrepasado cada uno. Si los mamporros nunca solucionan nada, menos contra quienes compartes la vida y el futuro, incierto, pero lleno de ilusiones y deseos. Me tocó la lotería al experimentar cómo, en una mesa compartida, los tortazos pueden ser transformados en respeto y ocasión de ponerse en el lugar del otro.

Me tocó la lotería cuando, a media tarde, en la maravillosa soledad del despacho parroquial, atrincherado como estaba con todas las persianas bajadas, una mujer insistió -porque tenía hambre- tocando el timbre y me hizo dejar mis etéreas cavilaciones y abrir la puerta. De la desesperación por no tener que comer acabamos hablando de lo divino y lo humano. De la necesidad que tiene este mundo de “decrecer” y ser más solidario. De cómo ella, me contaba, sufría más por no poder dar de comer al vecino hambriento que por no poder llevarse un mendrugo a su propia boca. Me tocó la lotería al comprobar, una vez más, el ejemplo que siempre da quien menos tiene.

Y así transcurría la tarde, escuchando el alborozo de aquellos a quienes el boleto de lotería había agraciado con dinero y descorchaban botellas de champan. El sorteo continuaba y volvió a sonreírme la suerte.


Me volvió a tocar la lotería, esta vez en una mujer menuda, jubilada, que había atravesado Madrid en transporte público para entregarnos un pequeño dinero de su exigua pensión que este mes, indicaba alborozada, era doble por la paga extra. Una mujer zamorana criada en Galicia que, buscando mejoras para su vida, acabó recalando en el Madrid de la postguerra. Contaba que no entendía cómo algún ser humano -y enfatizaba: menos un español- podía poner problemas a las personas que necesitaban moverse entre ciudades, países y continentes en busca de mejoras para su vida. Que en su vida, desde pequeña, sus mayores la habían hablado de lo bueno que era mezclarse, viajar. Que cuando estos viajes y mezclas son fruto de la imperiosa necesidad de asegurar la vida propia y de los tuyos, entonces migrar no sólo es un derecho sino un canto a lo mejor del genero humano. Vaya lotería escuchar a esta mujer. Sin gran formación universitaria, pero con un sentido común tan lógico y honesto que sentí cómo la sonrisa de la lotería volvió a aparecer en mi rostro. Otro premio, y no de los últimos pequeños, había aparecido en mi vida.

 

El sorteo toca su fin. Los últimos números, como perezosos, iban apareciendo. La tarde oscura y nubosa se atrincheraba en el barrio. Las farolas apenas llegaban a alumbrar el paso de la acera y el rocío empapaba a todo aquel que osaba pasear.

Se barruntaba las últimas posibilidades de ser agraciado. Casi no quedaban números ya por aparecer.

 

Yo había quedado con un grupo de amigos y amigas con quienes, de vez en cuando, nos juntamos a leer colectivamente el Evangelio, compartir la cena y achucharnos. Esto último no lo pudimos hacer, pero si que estuvimos dejando resonar, en la incertidumbre que cada una vivimos y en medio de mil batallas en las que andamos enredados, esa llamada a la confianza y la alegría que el relato pone en boca de María, la de Nazaret. 

 

Menudo premio me llegó al final.

Poder conversar intentando que la Buena Nueva de Dios empape mi vida. Cuando el bombo de los premios parecía ya vacío, volvió a salir mi número, me tocó la lotería y la invitación a la Esperanza se hizo más evidente, más posible, más verdadera.

Como veis, me ha tocado la lotería y quería compartirlo con todas vosotras y vosotros.