martes, 13 de febrero de 2018

esclavos...

Tengo guardadas en mi memoria infantil esas imágenes ficticias que series televisivas, en blanco y negro, ofrecían de espectáculos lacerantes sobre el trato dispensado a personas negras.
Hoy, que pensamos un mundo desarrollado, tecnificado y de movimientos, esta imagen puede resultar mucho más hiriente. Quizás por ese imaginario en el que pensamos que vivimos.
Las cadenas siguen vinculándonos a lo peor entre los seres humanos: privación de libertad, compra venta de personas, explotación laboral, restricción de derechos...
Seguimos viviendo circunstancias, conociendo realidades, haciéndonos prójimos... en las que se vulneran principios que pensábamos habían inoculados en el adn de las generaciones futuras: libertad, dignidad, corresponsabilidad, movilidad...
Vivimos tiempos de incertidumbre y menosprecio a los valores que entre hombres y mujeres pudieran ayudaros a crecer en estimación de unos para con otras. Tiempos donde el voraz consumismo está llegando a prologar que nos devoremos unos a otros. Tiempos donde el silencio se impone como contrario a esos mismos valores que queremos defender. Tiempos donde "mirar hacia otro lado" es la continua invitación del poder y la lucha fiera que contra ella tenemos colectivamente que articular. Tiempos donde se impone tener que volver a nominar la situación con palabras antiguas pero que evocan, como la imagen de las cadenas, gran parte de los demonios que arrancan la vida -aún hoy- a tantas personas a nuestro alrededor y en muchos lugares de este pequeño mundo: capitalismo.
Por eso tenemos que tener cuidado, como advierte Byung-Chul Han, que estos días el sistema capitalista en el que existimos no es represor (aunque también), sino seductor y cautivador.

viernes, 26 de enero de 2018

peligros infantiles...

Unos personajillos pequeños, en construcción, que gusta decir Enrique Martinez...
Una mole de hormigón, abierta en uno de sus lados, grave altura entre la embocadura y el suelo... Si fuera una excepcionalidad en unas criaturas que juegan ocasionalmente en un rincón campestre o perdido del barrio, no tendría más importancia que recordarnos, a mayores y pequeños, las mínimas medidas de seguridad ante el lugar complejo donde están jugando.

Sin embargo no son esas las condiciones. Las pequeñas juegan a escasos metros de su casa. Si el mal fotógrafo -un servidor- hubiera ampliado el foco de la fotografía, se podría observar cómo sus casas (chabolas) están a escasos metros de donde se desarrolla la escena.
Ellas, me cuentan entusiasmadas, que al fondo de la estructura hay alguien. No saben si un animalillo o una persona; "o un fantasma, grita la más pequeña, agarrándose fuertemente a mi pierna...
Que parábola. El desastre adulto, como aquella pintura de Goya, sigue creando monstruos de peligro, inseguridad y miedo. 
En el poblado del Gallinero, con Administración municipal "amiga y social", siguen sin darse alternativas reales a las personas que viven en este rincón perdido del Madrid de los cuidados. Por no recordar ahora la ciudad de los cuidados, o los servicios de acogida para los sin techo o...
Hemos de recordarnos continuamente que los últimos deben ser los primeros en las políticas sociales. A ponernos las pilas...

miércoles, 3 de enero de 2018

Año Nuevo...

Si al comenzar algo -en este caso un año: el 2018- el balance sólo se realiza mirando atrás, en la inmediatez trasera, el resultado, al menos en mi caso, es un tanto desolador. Un mundo más violento, donde la corrupción política parece ser el único camino posible, donde los intereses bastardos del capital arramplan todo y donde la gente sencilla, sin recursos y con muchas causas entre manos tiene que tejer mucho en su vida para poder sobrevivir.
Como dice mi amigo Miguel Perez: "renunciemos a sobrevivir". Se trata de vivir, en Mayúsculas y procurando hacerlo con dignidad. Esta, la dignidad, no está reñida con la pobreza, exclusión o vulnerabilidad. Más bien al contrario. Encuentro personas empobrecidas, excluidas y vulnerables que son, muchas veces, verdaderos vicarios de esos valores.
De ahí la foto que durante todo este año iluminará la entrada en mi blog. Muchas mujeres sonrientes, trabajadoras y testigos de que otro mundo futuro es posible y certero. Si todos y todas nos empeñamos en ello. La hice este verano en un pueblito de Gambia, fronterizo con Senegal. En medio de la pobreza y del supuesto "atraso material" hay que ver la energía, fortaleza y vida que desprenden esas personas, todas. Y entre ellas, las mujeres.
Pues así quiero imaginar este recién inaugurado año: lleno de color, alegría y esfuerzo para transformar la realidad en medio de la que vivimos. Realidad muchas veces, y para muchas personas, oscura, antipática y dolorosa.
Nos acompañamos en este camino? ... Por mi parte puedes contar conmigo...


Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo

si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo

si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo

pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted

es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.
  
                                           Mario Benedetti

domingo, 10 de diciembre de 2017

día de...?

Pensaba yo que este día, marcado en el imaginario universal como el de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, tendría una resonancia en nuestra asamblea dominical. Al coincidir el recuerdo con el domingo... algo hablaremos, Cuál ha sido mi sorpresa que no ha tenido, en nuestra celebración, ninguna resonancia. Esa es la razón de esta breve reflexión.
Hay días que pasan sin pena ni gloria. Ocurre incluso con la celebración de los cumpleaños de cada uno de nosotros. Unos años son "más celebrados" y otros pasan "más desapercibidos". El motivo creo que son multitud de aconteceres.
Quizás, con la celebración de este día de los Derechos Humanos, ocurra que estos -los Derechos Humanos- se han quedado en una simple formulación, más adaptada a los intereses burocráticos de los poderosos del momento que una expresión certera y actualizada de aquellas luchas que ennoblecen lo humano y colaboran en la aspiración de la dignidad para todas las personas.
Como nos recordaba nuestra presbítera en la mañana, estamos viviendo unos momentos donde la misión, más que allanar caminos, nos urge a desbrozar senderos. Momentos en donde trastornados mentales con poder se empeñan en violentar en nombre de la paz. Poderosos sobre la vida ajena deciden quién y cuándo se debe pasar frío, vivir en la calle o alimentarse de las sobras de los cubos de basura. Travestidos de la democracia que no aceptan resultados electorales y retuercen la matemática con tal de seguir imperando sobre la ciudadanía. Avidos del capital que anteponen sus intereses bastardos a la vida, criminalizando y persiguiendo a quien esta defiende... Montones de realidades que nos hacen difícil tener presente un día falsificado con el eufemismo de los Derechos Humanos.
Sin embargo, en el privilegio que habitamos algunos, descubrimos -aquí y allá- personas henchidas de un sentido vital tan humanizador que expresan, con su vida, ación y preocupación... que los Derechos Humanos no son, como nos recordaba Galeano en su definición de la utopía, algo conseguido y finalizado. Al contrario.
Los Derechos Humanos expresan la capacidad -colectiva e individual- que los seres humanos tenemos de hacer el bien, de procrear felicidad y achuchar ilusiones de libertad y solidaridad.
Entonces, como con los cumpleaños, si hoy no celebramos el día señalado, tenemos otro montón de días por delante para vivir, defender y crear Derechos Humanos a nuestro alrededor.

jueves, 24 de agosto de 2017

arrebatarnos la realidad...

El verano, y sobre todo si es tiempo de "descanso", nos ofrece la oportunidad de dedicar tiempo tranquilo a pensar, reflexionar y discutir con uno mismo. Más, después de los terribles asesinatos cometidos por esos fanáticos en Cataluña y la catarata enorme de pensamientos, catequesis y filosofías dogmáticas que se han vertido a través de todos los medios tras semejante barbaridad.
Tampoco el silencio exterior es baladí ante tanto opinador sabelotodo.
Estaba yo en una mañana de playa, dialogando y discutiendo conmigo mismo, cuando me encuentro la escena que recoge la fotografía.

Ante un maravilloso horizonte, musicalizado por las interminables olas marinas, una simpática muchacha dirige -y en realidad fué un rato largo- su mirada sobre la pantalla de un dispositivo móvil.
Me dije entonces que esta imagen puede reflejar lo que en muchas ocasiones vivimos. El error de pensar que hay algo más esperanzador que la realidad misma, con su compleja belleza, repleta de preguntas... Quizás, por claro oscura que sea la misma, siempre será más poderosa que una simple pantalla táctil. Y así, me dejé abrazar por ese mar de vida y muerte... no vaya a ser que, también el pensamiento, acabe siendo liquido, como ya nos advirtió el maestro Bauman.

jueves, 3 de agosto de 2017

Gracias Doctor Abraira...

Acaba de morir, tras una rápida enfermedad, Andrés el médico de familia que hace ya muchos años nos atendía en casa y a quien conocimos por la casualidad de habernos tocado en el ambulatorio del barrio. Es evidente que no tengo saber alguno para verificar su amplitud científica, pero sí puedo afirmar que como señala el primer principio del “juramente hipocrático” este médico de familia ha consagrado su vida al servicio de la humanidad.

En ocasiones esos principios, y lo que señalan, se quedan en el abstracto de las buenas intenciones. O, a lo más, en aquellas actuaciones de personajes heroicos y extraordinarios a quienes el imaginario social reconoce sus grandezas.
Sin embargo este doctor precisamente ha puesto de relieve –a mi entender- esa consagración desde la ocupación y preocupación por lo cotidiano de las personas. Aquellos tormentos médicos que, en muchas ocasiones –como él mismo me decía-, eran la tapadera de verdaderas tragedias personales, sociales y comunitarias que nos estaban tocando vivir. Desde el entretenimiento con la abuela, a quien le dolía más la ausencia de sus nietos que el escozor en el ojo que decía padecer; o el enfermo de corazón que le requería continuamente medicamentos más baratos porque llevando tanto tiempo en paro no podía hacer frente a ellos; o el emigrante “a quien habían expulsado de la seguridad social por ser pobre” que siempre encontraba una rendija burocrática y humanista para poder ser atendido de sus dolencias, muchas veces ausencias…
Estas acciones concretas, reconocibles y habituales son las que hacen reconocer, en esta tarde de pena y despedida en su fallecimiento, a la buena persona y excelente profesional de la medicina pública que hemos tenido el orgullo de conocer y que nos ha tratado en nuestras dolencias de todo tipo: sanitarias, psicológicas y hasta espirituales. Esto es desempeñar mi arte con conciencia y dignidad, como obliga ese juramento al que antes hacía referencia.
Esa lucha por lo público que le hacía mantener la tensión entre el cumplimiento de las ordenes políticas: “consultas rápidas, de poco tiempo” y la delicada dedicación a quien tenía al otro lado de la mesa escuchando atentamente, sin prisas, dedicando todo lo mejor que él pudiera ofrecer en esa atención. Defender lo común no sólo como apuesta ideológica, sino como manera eficaz y eficiente de  tener absoluto respeto por la vida humana”, aunque esta no viniese envuelta en papel couché o avalada por bienes económicos o culturales. Esos, los que mandan y a veces nos joden la vida, pedían no hacer muchas pruebas por su coste económico. Sin embargo, nuestro médico, no dudó un momento en utilizar los recursos existentes para diagnosticar, aminorar o curar los efectos de cualquier enfermedad fuese esta grave o liviana.
Cuantos muchachos de casa, que murieron por sida, cáncer, sobredosis, abandono... encontraron además de un buen profesional una persona amigable que, con su sola atención, era capaz de tranquilizar, animar y fortalecer en momentos delicados y de esos que muchas veces provocan miedo y angustia.
Como todas las muertes, el vacío que notaremos en el pasillo del ambulatorio será grande. Esa trinidad que formaron el doctor Albertini (ya jubilado) y la doctora Ortiz, que flanqueaban a nuestro doctor, quedará siempre en nuestra memoria. Pero esta tarde, frente a este mar Mediterráneo por el que tanto paseó junto a su querida Concha, sé que nos queda su mirada. Esa que provocaba paz, porque era sincera. Sus apretones de mano, porque la fuerza que ponía en cada intento por curar eran  luchas sin cuartel contra todo aquello que no respetase la vida. Su tiempo, la inolvidable atención, que hacía que ese momento fuera sólo e inexcusablemente para quien tenía sentado frente a él.

El honor del doctor, como acaba advirtiendo dicho juramento, es que utilizó sus conocimientos a favor de la humanidad. Y eso, en estos tiempos de mercantilización y precarización, es todo un privilegio y una enseñanza.
Gracias Doctor Abraira.

jueves, 29 de junio de 2017

Me llamo Adou!!!

El título que da nombre a esta entrada podría ser lo normal en el encuentro entre personas: "me llamo...". Pero además es el título de un libro escrito por el periodista -y amigo- Nicolás Castellano donde narra las peripecias de una familia de Costa de Marfil cuyo empeño por estar unida acaba convirtiéndose en la paradoja del "fracaso de Europa", en palabras del poeta Benjamín de Prado, también presente en el acto.  
Ayer tarde se presentó el libro "Me llamo Adou", publicado en la editorial Planeta, en San Carlos Borromeo. Cerca de un centenar de personas nos dimos cita con el fin de conocer la historia que tan bien narra el periodista Nicolás. Pero no sólo esta historia, dicha presentación era la excusa para reflexionar juntos sobre las actuales leyes de extranjería y asilo que, como señaló Nicolás:"actualmente son máquinas de producir sufrimiento".
Aquella imagen que dio la vuelta al mundo del "niño de la maleta", como otros iconos fotográficos: la niña desnuda tras el napalm, el pequeño cadáver de Aylan... han contribuido, como señaló Benjamín de Prado, a "exceder la información que nos llega y a embrutecernos más que a sensibilizarnos". Esta "piedad fugaz" en la que vivimos, como lúcidamente señala Luis García Montero en el prólogo del libro, puede acabar afianzando el neoliberalismo que en este caso, y recordaba Benjamin de Prado, supondrá que "cada uno tendrá los derechos  que se pueda pagar".

Sin embargo también dicha paradoja del "fracaso de Europa" es toda una invitación al quehacer periodístico y al cambio de mirada respecto a la vida en general. La maleta supone estar en salida, en palabras del propio Papa Francisco. Estar dispuesto a acercarse a la realidad. Como periodista -y es una de las claves fundamentales del trabajo profesional de Nicolás- no esperar que los acontecimientos lleguen a la mesa de redacción, al teletipo o a través de un twiter. Solo el acercamiento al otro posibilitará la verdad. No sólo el conocimiento de lo que vemos, sino la verdad de lo que entraña. De ahí que el escáner sería la parábola necesaria del hecho de acercarnos, conocer para desentrañar lo que esa realidad nos presenta y contarla, como hace Nicolás, para que el efecto que produzca en sus lectores sea la indignación que nos lleve a las preguntas. Desvelar cuáles son las leyes y protagonistas que impidieron, y aún hoy, impiden que esta familia esté junta. Ese es uno de los efectos fundamentales, a mi parecer, del buen periodismo actual y de este libro en particular.El acto, como siempre acaban las cosas importantes, finalizó compartiendo la mesa que tan ricamente habían preparado Arturo, Barry y el mismo Aboubakar.

Y como en tantas ocasiones en nuestra vida, ocurrió el milagro. Resulta que unos de los jóvenes con quien comparto ahora la vida en casa, Aboubakar, fué el compañero de habitación del pequeño Adou cuando le llevaron, en Ceuta, al centro de protección de menores. Este joven contó pequeños detalles de la vida de Adou en el centro, su empeño en afirmar que su padre vendría esta tarde a buscarle, su silencio sobre cómo había llegado a Ceuta o su sonrisa continua respecto a todo lo que a su alrededor acontecía. Relato de Aboubakar que no sólo emocionó y enterneció el acto, sino que -espero- provoco que muchos de los presentes se empeñasen no sólo con conocer la realidad sino saber la verdad.