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martes, 14 de octubre de 2014

carritos

Cada día encuentro más gente que lleva o arrastra carros.
calle Velázquez, Madrid
Son personas de diversas edades. De procedencia cultural distinta. Con aspectos muy diferentes. Hombres y Mujeres a pares. No hay distinción para esta estandarizada forma de supervivencia que el capitalismo y la crisis ha creado.
Si robas malo. Si buscas en la basura peor. Si pretendes quitarte de en medio no es posible.
¿qué hacemos con tanto necesitado arrastrando carritos?

lunes, 26 de mayo de 2014

...brutalidad

Esta mañana, después de dar los desayunos a los pequeños y pequeñas que van al colegio, la Alcaldesa de Madrid vicariada por cinco furgonetas antidisturbios municipales, hizo acto de presencia de la manera más brutal e intimidatoria que la fuerza del poder puede ejercer: asustando a los bebes, coaccionando a los adultos y dejando el derecho tan troceado como las tablas que conformaban las casas que han derribado.
Tras los fastos verbeneros del fin de semana, las autoridades municipales celebraron el descalabro democrático derribando tres viviendas ocupadas por distintas familias.


Lo más grotesco de semejante atentado social es que una de las casas derribadas es donde vive una joven muchacha "dejada" por el padre de sus dos pequeñas criaturas. Y si la miseria ya es violencia, y si la actuación municipal no conoce la entraña humana de quien sufre sus desmanes... más burdo aún es este caso en el que dicha jóven madre es discapacitada auditiva. En medio de la exclusión, los condicionantes físicos son un agravante mayor que inflige, aún más, dolor y desesperanza ante el futuro.


Así era la casa de estas tres familias y en esto las convirtió una Administración municipal desalmada y deshumanizada como pocas conozco. Eso sí, después, la máxima autoridad de ella escribirá cuentos para que los niños puedan dormir tranquilamente.  Serán sus nietos, porque yo sé de muchos que, otra noche más, tendrán que convivir sus sueños con los fantasmas que continuamente asolan la placidez del descanso: "mañana será la mía"?

viernes, 27 de enero de 2012

La miseria, es violencia

Acabo de aterrizar de París. Pero bueno, se podría decir que estuve en algún sitio, por ahí. Ya que, de París, sólo vi el cielo oscuro y de lejos, subido a un autobús, la torre Eiffel.
Sesión de apertura Coloquio Internacional
Sin embargo, y no se me fue la cabeza, no vuelvo nada desolado por el nulo turismo que hice. Más bien al contrario. Vengo tan contento de haber participado en el coloquio internacional «La miseria es violencia. Romper el silencio. Buscar la paz » promovido por la Asociación Cuarto Mundo, que ahora hay que dedicar un poco de tiempo a pensar en lo vivido, aprendido y escuchado. Siguiendo la filosofía del padre Joseph Wresinsiki han estado más de tres años trabajando, en muchos lugares del mundo, cómo la gente que vive en extrema pobreza siente que es violentada. Como el promulgó, que sean las propias personas pobres y excluidas quienes enseñen y muestren todo lo que saben de la vida.
Diferentes personas de distintos países nos hemos incorporado, estos tres días pasados, al coloquio con las personas que han venido trabajando en sus lugares de residencia. Además de la organización y los lugares de trabajo -todo un canto a la sencillez, generosidad y servicio...- la familiaridad que se ha vivido entre profesores universitarios, filósofos, sirvientas en casa, labradores del cuzco o jóvenes de Haití, es una muestra evidente e indiscutible de esa intuición del cura francés -cuya obra continúa la asociación laica Cuarto Mundo-: el cruce de saberes es imprescindible para que el mundo deje de vomitar exclusión y miseria.
No sé algún día se publicará dicho trabajo de diálogo y enseñanza que os pueda mostrar pero, hasta que llegue, me parece fundamental recoger parte de lo ahí mostrado. Y es que a las personas de la miseria tenemos no sólo que escucharlas, sino dejarnos enseñar por su propia vida, incluso si queremos ser solidarios con ellas.
Un privilegio más que he tenido ocasión de vivir gracias a tantos amigos y amigas de aquí y de allá.
Recordemos aquellas proféticas palabras de Joseph Wresinsiki:

Allí donde hay hombres condenados a vivir en la miseria, los derechos humanos son violados. 
Unirse para hacerlos respetar es un deber sagrado.